Ella hizo la promesa de que después de su viaje a San Francisco traería la felicidad con ella. Que superaría ese pasado que tanto la atormenta.
Él se ofreció a ayudarla, pero nunca prometió que la ayudaría a afrontar su pasado, aunque sin darse cuen...
Giro sobre mi misma y miro el reloj por cuarta vez, estoy en mi habitación sola en la oscuridad esperando a que amanezca. Marca las cuatro y media de la madrugada. Pasaron cuatro días desde que llegamos a San Francisco, los peores cuatro días de mi vida después de la muerte de mamá.
No he hablado con Joey, ni con Payton, realmente no había hablado con nadie sobre ello. Christopher está en su habitación, le había pedido que me diera mi espacio y Joey aún sigue en San Francisco. Creo que no volverá a Florida hasta hablar conmigo, pero no puedo solo verle a la cara sabiendo que me estuvo mintiendo todo este tiempo.
Suspiro mientras me pongo de pie calzando mis pantuflas, abro la puerta despacio y camino por el pasillo hasta la habitación de Chris. Me detengo a su lado y subo a la cama, en vuelvo mis brazos a su alrededor y me estrecho contra su cuerpo calentito.
—¿No puedes dormir? —dice con voz soñolienta.
—Ya te lo había dicho, pero mi madre decía que cuando no se podía dormir no había mejor remedio que la compañía —repito sus palabras—. Payton solía venir a abrazarme o viceversa.
Nos quedamos en silencio por un rato.
—¿Sabes que es lo que más me duele de todo esto? —no dejo que responda—. Que estaba feliz. Esa sonrisa en su rostro con la niña en brazos, parecía como si todo fuese perfecto. Y yo no tuve eso, siempre me sentí culpable por perderla, había llegado a desear ser yo la que estuviese en su lugar porque la amaba. Ahora me cuestiono si realmente ella me quería.
—Es tu hermana Lauren, lo hizo. Es nuestro deber como hermanos querernos, puedo enojarme y dejar de hablar con Ava por meses y no implica que no la quiera, es más creo que con su ausencia he llegado a amarla más. Es mi hermana y aunque cometa errores siempre la amaré.
—¿Pero hasta qué punto la conocí? Al parecer no la conocía lo suficiente como para saber que abandonaría en el primer escalón. ¿Acaso no nos tenía fe?
Christopher me da el frente y con una de sus manos acaricia mi mejilla.
—Si no hablas con ella no sabrás nada, ni tendrás respuestas. Sé que es duro, incluso yo no puedo creer que Joey llevara ese secreto consigo.
Cierro los ojos y me enfoco en sentir sus caricias en mi mejilla. No puedo evitar que mis ojos se llenen de lágrimas, es lo que he estado haciendo todos estos días, llorar y por más que desee no hacerlo no puedo tan solo detenerme. Me he estado preguntando cuando pasará, cuando las lágrimas dejaran de llegar y cuando me sentiré bien con respecto a ello, si es que se puede alguien sentir bien con eso.
Debería de llamar a Amanda y decirle. Aunque ella no va a solucionar mis problemas, pero tal vez diría algo directo a mi corazón, siempre lo ha hecho. Decir las cosas que tengo que oír, tanto las malas como las buenas. Y en lo más profundo siento que no debería contarle, sería como traicionarla aunque ella ya lo haya hecho.
—Tengo miedo de verla frente a mí —susurro con los ojos abiertos—. Ni siquiera sé cómo voy a reaccionar.
—Solo no pienses en ello. Si quieres puedo hablar con ella yo para citarla. Si no te sientes segura de hacerlo.
Muevo mis manos por su mejilla hasta llegar a su cabello, es suave y fácilmente se desliza por mis manos. Mis dedos se quedan ahí jugando con las hebras de pelo.
—Sí, creo que es una buena idea. —Termino por responder después de un momento de silencio—. ¿Dónde está Joey?
Es la primera vez que menciono su nombre desde hace cuatro días, es como si tuviese miedo de saber de él, realmente duele no saber cómo está, pero duele más saber que me ha mentido de esa forma.
—Con Ava —responde—. Ha llamado todos los días para saber de ti.
Me pregunto si llama por compromiso, por costumbre o porque de verdad me quería. Su amistad me deja en duda, ¿en qué parte de ser buenos amigos queda establecido engañarse? Y recuerdo nuestra estadía en la casa de los familiares de Chris cuando estábamos sentados frente a la piscina, él ya sabía que había alguna posibilidad de que la viera. Estoy casi segura que esa era la razón por la que se sentía tan mal en ese instante, aunque no estoy del todo segura en poder cumplir con mi promesa de no dejarle.
—Quiero que él esté también, quiero hablar con ambos. —él asiente.
Christopher se acerca y me envuelve en sus brazos. Mi nariz roza su cuello y lo escucho reír suavemente, al parecer le hace cosquillas.
—¿Has tenido alguna pesadilla? —cambia de tema.
Esa es la razón principal por la que no puedo dormir, siempre que tengo un mal sueño me cuesta dormir otra vez y aunque ya sea de día me gustaría descansar.
—Sí —respondo.
—Quiero que descanses Lauren, vas a cerrar tus ojos y dormirás. Estaré aquí contigo.
—¿Espantaras a mis demonios? —digo sonriendo.
—No solo te ayudaré a espantarlos, te daré una razón para soñar.
Acerco mis labios a su mejilla que está lo suficiente cerca como para no tener que inclinarme y dejo un beso allí.
—¿Sabes que te amo, verdad?
—Sí. —Cierro mis ojos tras sus palabras acurrucada a su cuerpo, mis manos aún se mueven entre su pelo y puedo sentir su respiración constante—. ¿También sabes que te amo, cierto?
Río haciendo que el ría también.
—No, no lo sabía —contesto.
—Te amo Lauren.
Vuelvo a sonreír porque mi corazón se acelera cada vez que lo dice. Se siente tan bien escuchar salir de su boca que me ama que podría seguir insistiendo para que lo repita. Estar a su lado abrazada a su cuerpo mientras me dice te amo podría catalogarlo como una de las mejores de sensaciones.
Me quedo así, abrazada contra él e intento dormir procurando dejar mis demonios fuera y soñar.
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Siento tardar tanto en subir, pero la universidad me está torturando...
Capítulo dedicado a Rosialbania por tu apoyo incondicional, tus votos y comentarios. Bae, gracias por leerme.