XXVIII

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El vehículo plateado se aleja por la vereda y no puedo evitar que le nudo en mi garganta se estruje en peligrosa ansiedad. Mi puño se cierra a muerte en el marco de la ventana y trato de respirar con calma. Pensar las cosas detenidamente y destapar los detalles que quizás pasé por alto.

Pero yo sabía que no lo había hecho. Yo sabía perfectamente que solo estaba tratando de alargar los resultados.

Yo sabía, que aquella última mirada solo significaba una cosa:

Lucia había vuelto.

No había nadie en la Tierra que pudiera hacerme creer lo contrario. Ni el mismo diablo podría hacerme creer de nuevo que aquella joven había desaparecido por completo. Habían demasiadas cosas que encajaban, demasiados puntos unidos en un solo recuadro. Todos ellos se juntaban para dejar una imágen clara de ella.

Una gastada y vieja, con trazos de tristeza. Líneas de sangre que  creaban una imagen capaz de quebrantar al soldado más fuerte. Un lienzo que expresaba un mensaje efímero de una vida miserable que dejó como huella un hoyo de resentimientos. Y aún así, cuando lo mirabas desde otra perspectiva, hacía temblar cada hebra de cabello con el nuevo aspecto. Ese que infinitas manchas negras dejadas atrás por la lluvia pesimista habían transformado. Lo que fue una vez un tono cálido y reconfortante, hoy era un color imponente y frío tal y como la estrella más lejana al sol. Aquel hermoso brillo que murió por la insolación y la negligencia que todos tuvimos.

— Maldita sea— golpeo la pared a mi lado y me giro hacia la cama. Con la sola intención de acostarme un rato y dejar que todo cayera en su lugar.

Sin embargo, el odio ahogador en aquellos ojos azules tan conocidos me atormentó con mas intensidad. Mi pecho se oprimió bajo la tela suave de mi camisa roja. Mi corazón se estrujó entre hilos de culpa y las gotas negras del pesar que allí dentro se ocultaban empezaron a filtrarse por las heridas creadas.

Por una parte estaba feliz porque que ella seguía allí. La oportunidad de estirar mi mano y alcanzar su figura era tan real que hacía brincar mi corazón. Pero por otro, aún por más pequeño que fuera, mi cuerpo temblaba en densa desazón. La oportunidad de estirar mi mano y tocar su corazón quizás ya no era posible. Quizás el tiempo de mirarla a los ojos y decirle 'Te amo' ya no existía.

Tal vez, el hermoso libro lleno de historias ya estaba lleno. Todas sus páginas estaban inundadas de letras que formaban memorias, comas que detonaban explosivos sentimientos y puntos que daban la bienvenida a nuevas experiencias. Habían miles de ellos y quizás no estuviera precisamente lleno. Tal vez ese no era el asunto. Cabía la posibilidad de que quedaran cientos de páginas en blanco esperando por ser llenadas. Pero para mí personaje, en aquel libro ya no quedaba espacio. Puede que la historia que compartíamos con tanto fulgor había llegado a su fin.

Y lo había hecho trágicamente,

Por mi culpa.

— Joder, joder, joder ¡Maldición!— mi pie impacta contra la cama, haciendo que la misma de un paso atrás acobardada. La fulmino, a ella y todo lo que me rodea.

Mi manos rabiosas se mueven sin control, destruyendolo todo. Dandole fin a decoraciones, muebles y paredes. Transformando lo que una vez fue una habitación ordenada en una jaula de leones salvajes. Mis sentimientos se escapan por mi boca como veneno de víbora. Saliendo por mi garganta como espinas y vaciando mi ser con lentitud, sin prisa, como si no quisieran irse.

Estaba furioso, muriendo por dentro, siendo asesinado repetidas veces por la ideas de un punto final. Una última página con agradecimientos dulcemente amargos. Un adiós definitivo que hacía arder mi cuerpo en esa llama que llamaban despecho. Este cuerpo enfermo de amor que tengo, este cuerpo maldito por la luna, por el aullido de una bestia. Por las lágrimas de una doncella, los besos de un amor y la sangre de mi corazón. Mis manos estaban manchadas tanto como mi alma.

La muñeca del pasadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora