Capítulo 9. Chantajear.

191 17 0
                                        

—Allegro, uno, dos, tres, alto—nos detiene la instructora Cambridge—Es todo por el momento, Mia, Penélope, las quiero a ambas en el centro, practicaremos el dueto

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

—Allegro, uno, dos, tres, alto—nos detiene la instructora Cambridge—Es todo por el momento, Mia, Penélope, las quiero a ambas en el centro, practicaremos el dueto.

La morena y yo nos acercamos al centro.

—Música por favor—para esta presentación, estaremos utilizando la coreografía «Cuerdas» en la que Penélope es un ventrílocuo con un muñeco poseído culpable de masacres y tragedias en las calles de California, muñeco que estaré interpretando yo.

La coreografía comienza con un allegro bastante rítmico mientras que sonrío fingiendo las facciones de un muñeco que es manejado por su amo, Penélope por su parte, ejecuta su parte de la pieza con un arabesque o ya sea, alguno que otro grand jeté. Pronto pasamos a un fouetté de cinco pasos para culminar la coreografía con un dramático final en el que el muñeco «interpretado por mi persona» acaba con asesinar a su propio amo y creador, con una dramática apuñalada en la espalda.

Los aplausos se hacen presentes —de mis compañeros, instructora y coreógrafa— los cuales van directo hacia Penélope y a mí, por, imagino yo, haber seguido a la perfección la coreografía.

—Ustedes dos estarán brillando en esa competencia, de seguir así estoy segura de que ganaremos con total seguridad—la instructora se acerca a nosotras hasta darnos un enorgullecido abrazo a ambas.

Que ni siquiera sé qué me hace sentir

▬▬▬▬▬▬▬

Me encuentro aquí, a las afueras de la academia de baile, inquieta, moviéndome en mi lugar de impaciencia, mientras miro a mi alrededor en espera de Carter. Con la corbata sin anudar y mi blazer sin abotonar, tengo todo el cansancio del planeta para no querer moverme en lo absoluto.

Por ende más le vale llegar temprano

Un claxon me hace sonreír para mis adentros, cuando sale el muchacho a abrirme la puerta trasera del auto, le entrego mi mochila para proceder a sentarme. Una vez más arranca y me quedo mirando por la ventanilla.

—Para este miércoles necesitaré que me pases trayendo a casa de un chico que estará ofreciendo una fiesta. Hoy le informaré a mis padres, así que no tienes nada más qué hacer, más que conducir ese auto hasta donde yo lo pida—el castaño guarda silencio, mas no se queda así por mucho tiempo.

—Dudo mucho que sus padres accedan a dejarla ir sin la requerida supervisión, señorita Mia—esbozo una maliciosa sonrisa poniendo los ojos en blanco con diversión.

Qué tierno

—Dudo mucho que tu opinión sea de importancia. Si sabes lo que te conviene, te recomiendo no opinar nada al respecto ¿Entendido?—sólo lo miro guardar silencio—Mis padres no me conocen aún, nada va a impedirme diversión por una vez.

Con esto llegamos a casa

▬▬▬▬▬▬▬

—Aquí tiene señorita—me estremezco en mi lugar con la voz del vendedor que me entrega el hot dog que me pidió Tedd, le comprara—Son tres dólares.

BrokenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora