Mia aún permanecía estupefacta con lo que aquellas pruebas revelaron, no conseguía creer, no podía creer qué era eso, se preguntaba qué había pasado, cómo había sido posible, qué había hecho mal. Qué no dedujo, sabía que de nada servía pedir otra prueba porque ésta volvería a salir negativa y estaba entrando en pánico. Sólo le quedaba confrontarlo frente a frente.
—Mia, ¿Estás segura de querer hacerlo? —balbuceó preocupado el pobre castaño que miraba a su hermana enloquecer de la rabia.
—Necesito que me lo diga en mi cara Gian, no necesito que se lo guarde mientras yo aquí me angustio cada día —respondió la muchacha mientras cerraba la maleta y la dejaba a un lado en la cama.
—Pienso que deberías de pensar mejor las cosas antes de llegar a tomar una decisión —finalizó más calmado el castaño que esperaba que su hermana entrara en razón.
—Eso lo haré después de que me haya explicado —respondió agria la muchacha para echarse al hombro su bolso y caminar hacia la puerta.
—¿Adónde vas? —inquirió asustado su inocente hermano.
—A conseguir respuestas —fue lo único que con voz seca su hermana le respondió.
—Espérame, Mia... —ni siquiera le permitió decir algo más gracias a que cerró la puerta en su cara saliendo sin esperarle.
Mia caminó por las calles con su hermano Gian luchando por alcanzarla y detenerla un momento para hacerla entrar en razón. La rabia que ahora Mia sentía no se la podían quitar ni con analgésicos, puesto que era tan fuerte que era capaz de levantar un toro y lanzarlo hasta Puerto Rico. Se detuvo ante la puerta de la casa de Logan y azotó con sus puños la madera, creando un estruendo tan grande que pensabas que en cualquier momento la tumbaría.
Logan corrió alarmado hacia la puerta para abrirla antes de que la muchacha la tirara al suelo. Fueron tres segundos los que pasaron desde que abrió la puerta y Mia le tomó con furia de la camiseta antes de darle una sacudida que le dejó muy en claro que no estaba en sus cabales.
—¿Por qué consideras tú que no puedes ser su padre? —masculló firme la muchacha mirándole directo a los ojos del castaño que ahora se encontraba aterrado ante su persona— ¡Contéstame! —espetó hacia él con voz potente.
—Fuera de mi casa —consiguió formular el chico pero su tono de voz no sonaba lo suficiente firme como para que Mia aún furiosa le obedeciera, en su lugar lucía asustado, idéntico a un gato acorralado contra la pared, y a la muchacha se le agotaba la paciencia cada vez.
No pensaba rendirse
—No me pienso ir hasta que me respondas maldito imbécil —masculló la menor con las lágrimas picando sus ojos. El agarre en su camiseta comenzaba a ser tan fuerte que sus puños se tornaron blancos y sus uñas se clavaron en sus palmas.
—Solamente vete Mia, no pude ser yo —musitó el castaño que ahora luchaba por zafar sus manos, pero éstas se incrustaron tan fuerte en su camiseta que estaba a un paso de rasgarla.
—¡Dime de una buena vez o te haré decírmelo! —volvió a espetar la muchacha esta vez sintiendo cómo su pecho se iba rompiendo con el llanto.
—¡Porque soy estéril! —finalmente confesó con un grito mientras cerraba sus ojos.
Mia palideció con esas palabras y sin darse cuenta, sus manos dejaron ir la camiseta del chico que le miraba asustado y dolido.
—¿Desde cuándo...? —murmuró incrédula mirándole a los ojos en busca de convencerse de que le decía la verdad.
Lo que era así
—Desde que cumplí los once años, lo sé. Desde un principio supe que ese niño no sería mío porque yo no puedo lograrlo —le respondió calmo y apagado.
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Broken
General Fiction[HISTORIA DESTACADA DEL MES DE JULIO EN EL PERFIL OFICIAL DE @FicciónGeneral_ES 1-1-7-19] Tras quedar embarazada y desamparada en una ciudad nueva, Mia afronta los fantasmas de su pasado mientras sale adelante por su hijo de cuatro años, con la ayud...
