Capítulo 40. Sequía y agriedad.

108 8 1
                                        

Primer trimestre de embarazo: Semana siete

Los días pasaron y yo me sentía cada día más vacía, sentía que nada valía la pena, por más que pensara en el hecho de que podría encariñarme con lo que sea que esté en mis entrañas, nada valía la pena ya para mí. No podía siquiera intentar en pensar, que ese ser podría alguna vez quedarse conmigo.

No cuando recordaba a Nate

Todavía puedo sentirlo tomando mi mano, todavía puedo sentir la calidez de su aliento sobre mi cuello, puedo sentir las marcas húmedas que con sus carnosos y dulces labios dejó sobre mi piel, todavía nos recuerdo a ambos. Corriendo por el bosque, riendo con nuestros juegos, ansiando que el momento nunca se termine.

Desgraciadamente todo fue un sueño

—Ya vine Mia —escucho una voz en la puerta— No traigo noticias demasiado reconfortantes —desvío la mirada en un lento pestañeo con una expresión lívida e ida en dirección a Gian, quien cuelga su abrigo en el perchero antes de suspirar —Sino encuentro algo en los próximos días voy a enloquecer. El dinero que alcancé a sacar de mis padres se viene acabando, sino encuentro trabajo en estos días, tendré que buscar otra salida.

—Si me hubieras dejado abortarlo, esto no sería un problema —mascullo seca e indiferente viendo a Gian adoptar una expresión de aburrimiento.

—Eso no es abortar. Eso es asesinar, Mia —regreso la mirada al suelo en silencio tragando seco— Y ya te dije, no te estoy echando la culpa de esto. Ese bebé no tiene la culpa de nada, a como sea encontraré trabajo y... nos sacaré de esta situación. Mientras tanto... —el timbre suena, Gian regresa a suspirar— Espero que no sea la señora de la renta pidiéndome otra vez el pago.

En cuanto el castaño abre la puerta lo miro abrir los ojos sorprendido. Antes de que llegue a formular palabra alguna, Viviann se arroja en los brazos del castaño que le corresponde de inmediato con una sonrisa.

—Viviann. Se supone que debieras estar en Columbus —la castaña se separa con una sonrisa antes de besar sus labios produciendo una sutil mueca de disgusto en mi rostro antes de apartar la mirada.

—Quise venir a verlos. Como me dijiste lo sucedido con Mia, decidí que ya era hora de regresar —regreso la mirada para encontrarme a la castaña centrando sus ojos azules compasivos en mí— Hola... Mia... voy a estar aquí para ayudarte y a tu hermano.

—Bi, no es necesario que lo hagas —se apresura a pronunciar Gian— Me haré cargo de lo que pueda, pero no quiero que lo hagas.

—Necesitas ayuda, Gian, por más que te hagas el fuerte, sé que no puedes hacer esto solo —de repente esta conversación ha dejado de interesarme.

—No me importa quién lo haga. Sólo quiero abandonar esta pesadilla ya, no quiero esto, no quiero ser madre, no quiero tener que cuidar lo que nunca debió pasar —me encojo sobre la silla pegando mis piernas contra mi pecho mientras me abrazo y descanso mi mentón entre mis rodillas con las lágrimas saliendo.

Viviann se acerca a mí para colocarse a cuclillas y mirarme tierna y sincera como una hermana antes de tomar mis manos y hacerme mirarla a aquellos ojos color cielo que se mantienen sobre los míos.

—Mia, sé que es duro. No va a ser fácil, pero contarás con alguien que te escuche cada vez que te sientas destruida. No estás sola, así que me tienes aquí si quieres compartir algo de hermana a hermana —en silencio la miro directo a los ojos antes de zafar sus manos y sorber mi nariz mientras trago con ímpetu.

—Ni que te abras una incisión en el pecho. Ni que te fractures la columna. Ni que te desgarren desde adentro. Nunca, vas a entender Viviann, cómo me siento, jamás sentirás el dolor de un parto a los dieciséis años, jamás sentirás el dolor de sentirte sucia, de sentirte sin honra. Jamás, vas a saber lo que se siente —sin otra cosa más que añadir subo las escaleras para entrar en mi recámara y cerrar con estruendo la puerta.

BrokenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora