Capítulo 60. El fin del camino.

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Los días anaranjados y cálidos han culminado al fin. Ya los primeros copos de nieve van declinando por las copas de los árboles y se pierden entre los caudales. El aire se siente cada vez más abrasador al punto de calarte los huesos y de poder ver tu propia respiración. He aquí, con una maleta y unos boletos.

Para mi primera competencia

En Plymouth, por primera vez en mucho tiempo, lejos de los tiempos grisáceos de esta ciudad. Tedd estará al cuidado de Gian y Viviann. Tengo todo listo para este viaje y sólo me queda esperar a que mi tren pase. Mientras tanto, me detengo a pensar en muchas cosas, no tanto en el aspecto de mi vida con el embarazo y las cosas que pude hacer.

Hace mucho que superé esa etapa

Pienso en todo lo que este año me trajo. Y por supuesto pienso en las cosas que vendrán, sean para bien o para mal, estoy preparada ante cualquier cosa. Ayer por la mañana, en mi salón de baile, admiraba pacíficamente por el ventanal la neblina y la bruma blanca con gris que empañaba mis ventanas.

La luz plateada se colaba por toda la habitación palideciendo todo al grado de hacerlo lucir como un salón viejo y fantasma, los espejos con subtonos azules contrastaban a la perfección con las sábanas de resplandor que la habitación iluminaban. El candelabro yaciente en el techo reflejaba como un espejo de oro las luces doradas que chocaban contra la neblina y la bruma disparando luces de estrella y sol.

Y ahí, en el centro de esa habitación, me encontraba yo ensayando y calentando. Agitando y chocando mis pies contra la madera trabajada escuchando nada más que los latidos de mi corazón y el repiquetear de mis zapatillas al saltar y girar. Hasta la música parecía ceder ante los encantos de la luz pálida que en ese entonces envolvía todo a mi alrededor.

Mi piel similar a la nieve y mis ojos luciendo aún más pálidos y fríos, eran lo único que se podía decir, no tenían tanto color. La nitidez del color carmín en mis labios llegaba a tanto que parecían haber sido teñidos con sangre fresca y pura. Los rayos neblinosos del apenas y relevante sol plateado reflejaban sobre mi piel como si hubiera estado bañada en diamantina al momento de girar y acercarme a la luz.

Podía ver incluso a través de esa bruma, a las personas pasar y preguntarse el por qué de tanta niebla. La densidad del ambiente llegó a tanto, que incluso reviví aquel día de mi embarazo en que rompí en mil pedazos, en donde sólo deseaba acabar con todo, que un día simplemente ya no tuviera que soportar esto, y que ni siquiera tuviera que dar a luz a quien yo no quería.

No lo negaré, de haber podido habría abortado.

No estoy segura de si me habría arrepentido o no, de lo que sí estoy segura ahora, es que estoy satisfecha y agradecida con la vida que tengo. Tal vez no sea tan lujosa como en California, pero no me falta absolutamente nada, por ende no tengo nada más que decir, que estoy más que agradecida. Los humos blancos del invierno acechan las calles húmedas y congeladas a las primeras entradas de la estación.

Los humos de las chimeneas y la venta de leña para fogatas comienza a tomar partido entre los lugareños que con sus grandes abrigos se refugian del congelador frío que abarca toda la ciudad. Ahora mismo deslizo las manos dentro de mi abrigo dejando salir una espiración mientras miro a los niños ir y venir jugando y corriendo mientras ríen.

Entonces pienso en Tedd, pienso en lo afortunado que sería al vivir lo que yo no, tener una infancia natural y sin muchas ataduras. Con una educación favorecedora pero con la libertad de decidir si crecer bajo mi enseñanza o crecer como cualquier niño que ríe y juega en la calle con otros niños. Quiero que él tenta la libertad de escoger su propia vida aunque siempre lo lleve por el buen camino.

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