Capítulo 14. Las primeras sensaciones.

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Mis piernas se vuelven jalea impidiéndome usarlas para mantenerme de pie o caminar, cuando siento los brazos de alguien y escucho una voz muy familiar a lo lejos, a causa de que estoy perdiendo la conciencia con el alcohol.

—Mia...—es lo único que consigo oír antes de caer en los brazos de mi hermano—¡Mia Dios santo! ¡Estas muy mal!

—Estoy bien...—formulo muy apenas arrastrando mis propias palabras.

—Si a bien le llamas parecer un dodo, seguro que estás excelente—responde en burla caminando conmigo en brazos hasta la salida.

Al salir del edificio distingo a Carter parado al lado del auto con la puerta trasera del mismo abierta, cuando me mira en estas condiciones se dedica a tragar con fuerza imagino que de pensar que mis padres lo terminarán despidiendo.

Pero a mí me terminarán matando

—Llévala a su casa y vigila que no le pase nada. Cualquier cosa Mia, márcame, iré a verte—cuando Gian está por irse le tomo de la muñeca para que no se vaya.

—Por favor...—le suplico sufriendo del mismo efecto de no poder hablar con claridad—Mis padres van a matarme si me ven así, por lo menos permíteme ir contigo.

—Mia, lo siento, pero si mis padres se enteran de que yo te traje en lugar de él—da un rápido ademán hacia Carter, quien se aclara la garganta incómodo—Va a ser peor, por favor entiende.

Cuando Gian pretende acercarse a mí me aparto entrando al auto en silencio, viene a sacarme de este lugar ¿Y ni siquiera acepta a llevarme? Qué buen hermano que tengo. Carter conduce en silencio dándome cortas miradas por el espejo retrovisor sin formular palabra alguna, estanco mi mirada en la autopista por la ventanilla sintiendo mi estómago hacerse un chorizo.

Mierda

—Espero que haya disfrutado su noche señorita Mia—escucho al castaño comentar antes de que detenga el auto cuando el semáforo se pone en rojo.

—Y yo espero salir viva para mañana con todo el olor a alcohol que traigo encima. Aparte de que me harán lavar este auto—el muchacho permanece en silencio centrando su mirada en la autopista—Mañana quiero que después de ballet me lleves al supermercado. Necesito comprar unas cosas para mí.

—¿Confía en que sus padres la dejarán salir?—se burla con cierta ironía. Mas la que está jugando con aces bajo la mano, soy yo.

—Nunca dije que lo haría bajo su consentimiento—replico con seriedad mirándolo por el espejo retrovisor—¿Alguna duda?

—¿Cuánto piensa tardar ahí?—le miro tragar con fuerza cargado de nervios.

—Eso no debe ser de tu incumbencia. Pero para que te des una idea, no más de media hora—el castaño asiente en silencio—Y ni una palabra de esto a mis padres o tendrás que firmar la carta de renuncia.

—Ya veo por qué sus padres decidieron hacerla igual que a ellos—al regresar mi mirada hacia el espejo, me encuentro a Carter mirándome con cierta frialdad.

De la que le comparto un poco

—Un miserable trabajo de chofer no merece la pena ¿No? Llevar a una niña malcriada, berrinchuda, egoísta y manipuladora a escondidas de sus padres. Creo que como persona con dignidad mereces algo mejor... ¡Oh cierto! Nadie contrataría a un chico cuyos antecedentes penales caen en asaltos y un intento de homicidio...—cuando Carter desvía la mirada en silencio y tensando la mandíbula, me declaro ganadora de este debate—Ahora cállate y termina de conducir hasta mi casa.

—En algún momento se darán cuenta y usted saldrá más afectada que yo—escupe amargo en un vano intento de intimidarme bajo esas palabras.

Pero lo cierto es que ya he perdido la razón

BrokenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora