—Adagio... alto... potente y majestuoso... —Vete... no quiero saber nada de ti. —Mia, no estás dando todo lo que debes, deja de soñar despierta y comienza a trabajar. —jadeo sin control alguno sintiendo las lágrimas subir a mis ojos— ¿De qué estás llorando? Voy a darte motivos para llorar con el dolor que sentirás en esas piernas. —Me lastimaste... Mia... no puedo mirarte más. —¿Crees que vas a permanecer en esta casa con esa cosa en tu vientre? Se irán a la calle a morir de hambre porque más deshonra no soportaré.
Abro mis ojos cuando me incorporo de golpe sobre la cama al paso que mi corazón danza sin control alguno y gotas de transpiración humedecen mi frente. Cierro mis ojos antes de llevar una mano a mi rostro en busca de calmar mi respiración antes de poder regresar a dormir un poco más estable.
Han pasado tan sólo dos días desde que toda la verdad se supo y no he podido dejar de pensar en Nate. No responde mis llamadas ni mensajes, tampoco nadie de su familia me atiende al ir a buscarlo, no ha asistido a la escuela o al menos no lo he visto por los pasillos ni en el salón.
Y de Logan... ni siquiera un rastro. De ese desgraciado no he vuelto a saber nada, pero tampoco quiero confrontarlo porque sé que saldré perdiendo. Es que todavía no puedo creer cómo fui tan estúpida de pensar que todo esto saldría bien, ahora estoy aquí, sufriendo sin poder conciliar el sueño.
Deseando despertar y que sólo sea una pesadilla. Quisiera pensar que nada de esto es real y que nada de esto pasó, que por una noche de hormonas no terminé echando por la borda a la única persona que llegó a quererme.
Lo reconozco, fui demasiado estúpida.
Al girar mi vista hacia lo que me rodea, la luz del día ilumina toda la habitación a través de las cortinas delgadas que cuelgan sobre las ventanas. Me levanto de la cama para mirar el reloj en la pared y darme cuenta de que apenas y van a ser la seis, con una toalla en mano entro al baño para tomar una ducha y alistarme lo más rápido que pueda para irme a la escuela y buscar a Nate.
—Señorita Mia ¿Está despie...? —interrumpo a la mucama cuando abro bruscamente la puerta del baño ya duchada.
Me dirijo a mi armario para sacar el uniforme planchado y pretender colocármelo ignorando a la chica que busca convencerme de que ella lo hará por mí mientras forcejea contra mi persona tratando de alejarme.
—Señorita por favor, nosotros lo haremos por usted pero ya cálmese... —unos cuantos forcejeos más, bastan para que mi paciencia se colme.
—¡Basta! ¡He tenido suficiente ya en todos estos malditos años! Quiero que te vayas y me dejes sola ¡Largo! —exclamo ya alterada con algunas lágrimas brotando de mis ojos.
Estoy harta. Es simplemente eso, no voy, a soportar esto más. Ya he vivido mucho tiempo bajo las atenciones de los demás, no permitiré esto más, ya tengo suficiente con no poder ver a Nate, ahora no necesito de mis padres siendo los monstruos de siempre.
La mucama sale de la habitación con paso rápido, nervioso y temeroso. Me mantengo unos cuantos segundos mirándome en el espejo sin poder evitar que las lágrimas salgan de mis ojos, me miro a través del espejo y sólo veo a una estúpida y consentida mocosa que no pensó en sus actos antes de serle infiel a su novio.
Ya no veo a esa niña asustada, en su lugar sólo veo a una niña queriendo que aparezca un hada y conjure una mágica solución a las consecuencias de sus estúpidas decisiones que ya no tienen más retorno.
—Mia, quiero que abras la puerta y me des una buena explicación —escucho desde afuera— Mia, Mia, abre la maldita puerta —la ahora demasiado furiosa voz de mi madre en la puerta resuena por todo el corredor mientras golpea una y otra vez la puerta de madera.
ESTÁS LEYENDO
Broken
Fiction générale[HISTORIA DESTACADA DEL MES DE JULIO EN EL PERFIL OFICIAL DE @FicciónGeneral_ES 1-1-7-19] Tras quedar embarazada y desamparada en una ciudad nueva, Mia afronta los fantasmas de su pasado mientras sale adelante por su hijo de cuatro años, con la ayud...
