Capítulo 50. [Final parte 1]

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Parte narrada por Nickolas Hansen.

Regresando de Los Ángeles, llegamos a la empresa con el tatuaje ya hecho en nuestras muñecas. Debo admitir que no dolió tanto como imaginé que lo haría, pero de igualmanera siento que me arde un poco.

En el aparcamiento hay nuevamente reporteros que nos esperan para hacernos preguntas y tomarnos fotografías, esta vez no llamo a Vladimir, pues no me importa qué nos pregunten, ni las fotografías que nos tomen.

—Espera a que te abra —digo desabrochando mi cinturón de seguridad y abriendo mi puerta.

Enseguida los reporteros vienen a mí y me rodean, sacándome fotos y haciendo miles de preguntas y comentarios.

—¡Señor Nickolas! ¡Felicidades por su compromiso! —escucho que dicen.

—Gracias, con permiso —me escabullo entre ellos y rodeo el auto para abrirle la puerta a Roxanne.

—Señorita Bennet, ¿cómo se siente respecto a su compromiso? —le preguntan y vuelven a rodearnos.

—Muy feliz —responde mi novia bajando del auto. Cierro la puerta y entrelazo nuestros dedos para caminar hacia el elevador.

—¿Nos invitarán a la boda?

—Por supuesto —responde ella. Funzo el ceño.

—...Que no —complemento su frase y me río.

—Nick... —me riñe Roxanne entre dientes, alzo mis hombros y seguimos caminando.

—¿Cuándo será su boda? —pregunta una mujer—. ¿Están emocionados?

—Estamos muy emocionados —asiente Roxanne con media sonrisa—. Pero aún no tenemos la fecha exacta.

—Señorita Bennet, usted es muy linda —escucho decir a un hombre que va con su micrófono puesto cerca de nosotros. Miro en su dirección y alzo una ceja—. No se enoje señor Hansen, sólo la estoy alagando... Pero lo digo no sólo por su belleza física, ella es muy amable.

—Gracias —Roxanne sonríe.

—Soy afortunado, ¿no es así? —sonrío de lado y el hombre asiente varias veces.

Llegamos a las puertas del elevador y oprimo el botón para que sus puertas se abran.

—Nos veremos luego —se despide Roxanne de ellos.

Entramos al elevador y vuelvo a oprimir un botón para que nos lleve a la planta alta.

—Tengan un buen día señor y señorita Hansen —una reportera se despide de nosotros.

—Gracias, igualmente —contesta mi novia y hago una seña de despedida.

—¿Por qué les respondes? —le pregunto cuando ya estamos a solas en el elevador—. Sólo ignóralos, son reporteros.

—Exacto, son reporteros —me señala—, por lo tanto tienen que hacer su trabajo y dar información al público. ¿Por qué no los ayudamos un poco con su trabajo? Bueno, no nos cuesta nada y no perdemos nada.

—El punto aquí es que ellos quieren entrometerse más en la vida de las personas.

—Sí, pero no lo harán a menos de que tú se los permitas.

—Si les respondo, les estoy dando oportunidad de entrometerse en mi vida privada —me excuso.

—Eso sólo depende de tu respuesta —me desafía. Terca, terca, es muy terca—. Sólo te digo que hay que tratarlos con amabilidad, responder lo más que podamos, además, ya todos saben que nos vamos a casar, no es como si fuera un secreto.

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