Se encontraba con la espalda recostada sobre el suelo, sus piernas apoyadas en la cama y su mirada fija en el techo.
Aburrida, cansada, exhausta. Realmente no sabía cómo se sentía, pero seguramente sería una mezcla de esas tres.
Su familia se encontraba reunida en la cocina, mas ella no soportó más el bullicio. El lugar no tenía nada de malo, a decir verdad, pero las conversaciones, los debates que se formaban y las acciones que cada uno realizaba simplemente la agotaron.
Había estado entreteniendo a un bebé por más de seis horas, soportando sus gritos y sus constantes intervenciones en sus únicos momentos de paz. Luego estaba otro niño, presa de la forma de niñez actual, que había estado minutos molestando para conseguir su celular y jugar algún juego electrónico.
La conversación de los adultos era un tema aparte; se acercaba su ansiado cumpleaños, el cumpleaños más importante para las adolescentes hispanohablantes. Había mucho por planificar, y muy pocas opiniones que acertaran con sus gustos.
Ya quisiera ella ser una persona amante de las fiestas, de los grandes festejos repletos de personas, del gastadero de plata que significaba. Tan sólo quisiera ser una persona sociable, eso sería suficiente para llenar las mesas de un gran lugar y eso ya significaría bastante.
Se encontraba tan cansada, física como mentalmente, que ni una buena serie de televisión logró subir su ánimo.
La luz cálida de los focos distribuidos por toda la casa le parecían innecesarios; la silla de madera o el sillón acolchonado resultaban incómodos; el sonido extra del ambiente era demasiado ruidoso, aunque solo fuese una televisión ubicada a unos cuartos de distancia.
No quedaba aplicación en su celular por revisar: no habían mensajes, notificaciones ni actualizaciones sin ser vistos. Hasta los chistes que tanto ama de una serie parecían haber sido vistos anteriormente.
Había sonado tentadora la idea de darse un baño relajante, aunque fue el pensamiento de tener que desvestirse, luego volver a ponerse la ropa y tener que ocuparse de su desastroso cabello lo que la desmotivaron.
Y es que hasta lo que llevaba puesto la desanimaba, por lo que resultó un poco reconfortante el frío del suelo en su cuerpo.
Sus ojos picaban por lágrimas que amenazaban con salir. No quería admitirlo, pero su nariz no se encontraba en ese estado por un resfrío, era consecuencia del llanto que se asomaba.
Afortunadamente, ese momento nunca llegó.
Los familiares se marcharon, la casa volvió al silencio y ella encontró paz en una canción. Esa canción con una tranquila melodía, la dulce voz del cantante y su hermosa letra cambiaron poco a poco su cansancio.
Recién comenzaba la semana, pero ella sabía que de alguna manera lo superaría, debía hacerlo. Así es la vida, ¿no? Por más agotada de todo que se sintiera en ese momento, todavía tenía mucho más tiempo por delante.
Y ella iba a superar cada cosa que la intentara hundir y dejar llorando en el suelo.
Y con ese pensamiento, dejó de escribir para guardarlo y mirar la pantalla con una sonrisa, una con ojos llorosos que permitieron soltar una única, pero ya alegre, lágrima.
☂
Escribí esto hace más de un año y medio, pero nunca me atreví a publicarlo. Me daba tanta vergüenza hablar sobre mí misma que hasta no pude escribirlo en primera vez.
Ahora que lo leo, veo que tiene algunas cosas que me encantaron, y muchas veces volví a sentirme así. Creí que tenía subirlo acá.
Espero que les haya gustado :).
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Mariposas doradas
Short StoryPensamientos, escritos, microrrelatos y todo aquello que no tenga lugar propio. [Ilustración de Peter Xiao, peterxiaoji en Instagram]
