Una vez, tuve que confesarme (...)

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Una vez, tuve que confesarme, no sabía qué decir y le hablé de "mentiras blancas". Él se rió de mí.

Una pensaría que, con tantas cosas que ocultar constantemente, tendría numerosas mentiras a mano para cualquier situación.

La experiencia demuestra lo contrario.

Cómo puedo inventar pretextos tan pobres en algunas ocasiones escapa por completo mi comprensión.

Si la incapacidad de mentir habla bien de mi persona o sólo me deja en ridículo, no lo sé.

Mariposas doradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora