Terrores nocturnos pt. 2

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Me había quedado hasta tarde leyendo, y no había decidido parar sin antes empezar a sentir pesados mis párpados.

Fue en el momento que me dispuse a dormir cuando comenzó.

Por lo que podía recordar, estaba en un cuarto. No había detalles que observar, sólo la unión entre las dos paredes a mi izquierda. Delante mío, una persona (familiar internamente, mas no sabía quién era) me llamaba a que mirara a su derecha.

Fue ahí cuando descubrí que la esquina de la habitación frente a mí no estaba tan vacía como había sospechado al comienzo. Un vasto velo de oscuridad vestía a una figura sospechosamente similar a un humano.

Sí se trataba de una persona. ¿Quién? Era la pregunta que debía formular. Sin embargo, sólo podía pensar ¿Qué era aquella cosa?

Me infringía un pavor tremendo, tan fuerte que no podía siquiera mirarlo bien. No quería mirarlo. No quería que me mirara. Quería que se fuera.

El verdadero temor comenzó cuando, con manos frágiles, la figura hizo un ademán a alejar de sí aquella oscuridad, como si realmente fuera el velo de una novia a punto de revelar su hermoso rostro.

Algo me decía que su expresión no tendría nada de hermoso.

Comencé a evadir el sueño, o al menos intentarlo. No se iba, estaba en todos lados. Un grito nació en mi garganta, mas no lo dejé crecer.

¿Qué pasó?

No tengo idea.

Lo único que sé es que no quiero volver a encontrarme a aquella figura, ni tampoco que ella me encuentre a mí.

Mariposas doradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora