Capítulo 6

1.6K 90 16
                                        

Es verdad lo que dicen: el tiempo pasa volando cuando te divertís y la pasas muy bien con tus seres queridos. Me di cuenta de esto cuando ya estaba en mi departamento en Mónaco organizando todo para empezar el año laboral. No podía creer que ya estábamos en febrero. En pocos días tenía que viajar con el equipo a Barcelona para las pruebas de esta nueva temporada 2020. 

Luego de intercambiar mensajes con Charles, acepté la invitación a una fiesta en su departamento. Sabía a lo que me iba a enfrentar, pero tarde o temprano tenía que conocer a su novia. Si todo iba bien en su relación, tendría que aguantarla seguidamente los findes de carrera y aprender a convivir con eso.

Llegué a la casa del monegasco, respiré hondo y toqué timbre. Minutos después la puerta se abrió y el dueño apareció con una sonrisa sincera.

- ¡Viniste! - fue lo primero que dijo y me abrazó fuerte.

- Claro que sí. No me podía perder una fiesta tuya, Leclerc - le contesté mientras también lo abrazaba.

- Te extrañé mucho - me susurró al oído y se me aflojaron las piernas al sentir su perfume.

- También yo - lo miré a los ojos.

Él sonrió y me invitó a pasar. Saludé a un par de conocidos que había en el lugar y me quedé charlando con Arthur, el hermano menor de Charles. Al cabo de un rato, apareció de la mano con una chica.

- Lía, quiero presentarte a Charlotte. Mi novia - dijo hacia mí y luego giró para verla - Lía es la encargada de prensa de Ferrari que está a mi lado. Y también es mi amiga.

- Hola, un gusto - le sonreí, intentando ser cortés - Te lo resumo mejor, básicamente tenes que imaginar que soy su niñera en el paddock.

- El gusto es mío. Escuché mucho sobre vos - me respondió ella devolviéndome el gesto.

Realmente se notaba que era una señorita muy dulce y sencilla. Se notaba que se querían. Aunque mi corazón estaba un poquito roto, me sentía muy feliz por Charles.

De verdad.

Luego de un rato, decidí ir a buscar algo para comer aprovechando el momento para chequear mi celular. Pero antes de  que pudiera abrir la aplicación de mensajería, escuché una voz conocida.

- ¿Y? ¿Qué te parece? - Charles se sentó a mi lado.

- Aunque todavía no la conozco bien, aparenta ser una buena chica - giré para verlo.

- Gracias por haber venido - contestó mirándome a los ojos - Tuve mis dudas si ibas a asistir. Pero me tranquilicé cuando abrí la puerta y te vi.

- Lo medité mucho. No sabia si venir o no - me encogí de hombros - Pero preferí conocerla ahora y no más adelante. Tarde o temprano tenía que hacerlo, ¿no?

- Lo supuse - asintió - ¿Estás bien?

- Si. Me alegro mucho por vos - le sonreí - Se te ve feliz. De verdad lo digo.

- Gracias Lía. Realmente lo aprecio mucho - tomó mi mano y la apretó.

Estuvimos conversando sobre lo que habíamos hecho en estos meses sin vernos hasta que uno de sus amigos lo vino a buscar para realizar un juego de bebidas. Me despedí de él y me quedé un rato más compartiendo con la gente que conocía.

Al chequear la hora en el celular, me di cuenta que tenía un WhatsApp del entrenador australiano.

"¡Hola! ¿Estás por aquí?" 

"Ey, claro que sí. Disculpa que tardé en contestar, estoy en una fiesta y no escuché el teléfono. Lamento no haberlo visto antes."

Respondí con un suspiro.

"No hay problema. Espero no interrumpir algo importante"

"No, para nada. Sabés que me gusta recibir tus mensajes" 

Tecleé rápidamente sin sacar la vista de la pantalla.

"Lástima que ésta fiesta no fue días atrás cuando estaba en Mónaco. Y ahora no puedo dejar de pensar en que podría estar haciéndote compañía en estos momentos"

Leí su whatsapp con una sonrisa.

"Me hubiera gustado tenerte a mi lado. Es una pena que no coincidimos, pero ya van a haber más oportunidades" 

"Dalo por hecho. Vamos a tener una y mil oportunidades más. ¿Querés?"

"Acepto ¿Dónde firmo?" 

Suspiré embobada sin darme cuenta.

"Falta poco para vernos y ahí te voy a decir donde podes firmar" 

Se apuró a decir y mordí mi labio inferior.

"Ansío saber eso" 

Sentí calor en mis mejillas al escribir esas palabras.

Tal vez el alcohol estaba haciendo efecto y lograba que mis respuestas fueran así de sueltas. O tal vez hacía tiempo que quería decirlas pero aún no me animaba. De alguna forma u otra, ya estaba hecho. Y no me arrepentía de lo que le había dicho.

Mi mente sólo pensaba en una cosa: que Barcelona llegara pronto.

No me sueltesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora