Capítulo 55

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Si algún día me casaba, siempre pensé que lo iba a hacer en el mes de Abril.

Y así fue.

Acomodé la pollera suelta de mi vestido blanco de encaje para poder mover mis piernas con facilidad y evitar que se enredaran en la tela. Segundos después se abrieron las puertas de la iglesia en las afueras de Londres para ver la mejor imágen que este día me podía regalar: Michael Italiano vestido con un hermoso traje color azul oscuro, parado a los pies del altar sonriéndome con sus ojos llenos de lágrimas. 

Caminé lentamente por el pasillo hacia él con el ramo de fresias en mis manos y del brazo de mi papá. Al llegar al entrenador, ambos nos miramos emocionados.

- Cuidala - le susurró mi progenitor.

- Con mi vida entera, señor - le contestó.

Me enfrenté a él y tomó mis manos entre las suyas.

- Estás muy hermosa - Michael me miró dulce.

- Vos también, amor - le sonreí.

La ceremonia empezó y no podía desviar los ojos de la persona que tenía enfrente. Hasta que llegó el momento más importante de la ceremonia: el sacerdote nos acercó las alianzas y cada uno tomamos una.

- Lía, luego de que termines de decir los votos, colocas el anillo en el dedo anular izquierdo de Michael.

Asentí y miré a la persona que más amaba en mi vida.

- Durante estos años juntos, has sido el mejor novio del mundo y estoy segura de que vas a ser el mejor marido. En el fondo sabemos que es lo mismo, solamente que cambia la etiqueta. Te prometo que nunca dejaré de admirarte, porque nunca dejaré de aprender de ti. Sos mi compañero de vida, mi otra mitad, mi refugio. Prometo aguantar tus extraños gustos musicales cuando viajemos en el auto. Prometo ayudarte a amar la vida, a tratarte siempre con ternura y a tener la paciencia que el amor requiere. Hablar cuando sea necesario y también a compartir el silencio. A estar de acuerdo o no sobre la comida y a vivir en la calidez de tu corazón que siempre será mi hogar. Mi vida se ha convertido en el centro de la tuya, porque nuestras vidas no lo son si no están juntas. Por eso te pido hoy que te quedes a mi lado y que seas mi amigo, amante y confidente eterno. Te amo y prometo hacerlo siempre.

Agarré su mano y le coloqué la alianza. Luego fue el turno de los votos de mi australiano favorito.

- No sé de qué están hechas las almas, pero estoy seguro que la mía y la tuya son una sola. Prometo que en esta vida que nos espera juntos, siempre estaré a tu lado. Siempre. Porque sé que no necesitamos grandes cosas, sólo necesito que tú estés a mi lado para ser feliz. Que la sinceridad, el respeto, la pasión y el amor sean siempre los valores que sustenten lo nuestro. Prometo saltarme la dieta una vez a la semana para ir a tu restaurante favorito. Prometo hacer lo que sea para que te den esos ataques de risa que no puedas parar y escuchar la dulce melodía de tu carcajada. Con estas palabras y todas las demás que guardo en mi corazón me ofrezco a ti como compañero de aventuras y para hacerte feliz el resto de nuestras vidas. Quiero caminar la vida de tu mano y prometo no soltarte. Te amo y prometo hacerlo siempre.

El anillo de oro blanco se posó en mi dedo junto al de compromiso.

- Y ahora los declaro, marido y mujer - habló el sacerdote - Puede besar a su esposa.

Michael apoyó sus manos en mis mejillas y se acercó para darme un beso tierno.

- Ahora sos mía - susurró sobre mis labios.

- Hace tres años que me tenes, Italiano. ¡Te amo!

- Te amo mucho más, señora de Italiano.

Michael agarró mi mano, entrelazó nuestros dedos y caminamos juntos por el pasillo hacia la salida de la iglesia. Ambos sonreímos embobados y miramos a nuestras familias e invitados quienes nos felicitaban y nos bañaban con una lluvia de pétalos de flores. Increíblemente pudimos lograr que todos estuvieran acá, acompañándonos en uno de nuestros días más importantes de nuestra historia.

No me sueltesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora