Capítulo 39 - Lo olvidé por completo

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Desperté maldiciendo mentalmente por no haber cerrado las cortinas. Toda la luz del sol entraba directa a mi cara, implacable, como si el universo estuviera decidido a sacarme de la cama. Parpadeé varias veces intentando que mis ojos se adaptaran al resplandor, y estiré la mano hasta alcanzar el celular sobre la mesita de noche. Otro motivo para quejarme: la pantalla seguía completamente negra. Claro... anoche lo conecté con prisa y no se cargó.

Resoplé frustrada, lo conecté bien esta vez y lo dejé allí mientras me levantaba. Hoy era viernes, no había clases y eso, por lo menos, era un consuelo.

Apenas me faltaban dos escalones para llegar a la sala cuando me congelé en seco.
Ahí, como si nada, estaba Lando. Sentado en el sillón junto a mi padre, viendo un partido de americano como si fuera lo más normal del mundo.

—Am... ¿buenos días? —solté, completamente desconcertada. ¿Qué demonios hacía Lando Norris en mi casa a las nueve de la mañana?

—Hola —respondió él con esa sonrisa calmada que siempre parecía tener cuando estaba con mi familia. Se acercó y dejó un beso suave en mi mejilla, como si ese tipo de gestos ya fueran parte de nuestra rutina.

—¿Puedo saber qué haces aquí tan temprano? —le susurré al oído, tratando de no llamar la atención de mi papá.

Pero no sirvió de mucho.

—Él y su familia están aquí para desayunar, cariño —dijo mi padre sin apartar la vista del televisor, como si hubiese leído mis pensamientos.

—¡Increíble! —respondí con una sonrisa tan forzada que me dolieron hasta las mejillas. No es que me molestara que estuvieran aquí, pero... ¿una cena familiar anoche y ahora un desayuno? ¿Qué seguía? ¿Mudarse a nuestra casa? ¿Anunciar un compromiso?

La voz de mi madre desde la cocina interrumpió mis delirios.

—¡El desayuno está listo!

—¿Vamos? —preguntó Lando, tendiéndome la mano.

La tomé con suavidad y fuimos juntos al comedor.

El desayuno fue... lindo. Nadie mencionó la supuesta "relación" entre nosotros, y eso ayudó a que todo fuera más llevadero, casi divertido. Mamá y Cisca parecían llevarse de maravilla últimamente. Pasaban las tardes juntas, cocinando, hablando, organizando cosas. Supuse que tendría que acostumbrarme a ver a los Norris por aquí más seguido.

Después del desayuno, nos quedamos en la sala viendo películas y jugando juegos de mesa. Era todo muy familiar. Muy tranquilo.

Hasta que sonó el teléfono de casa, interrumpiendo la película.

Me levanté para contestar.

—¿Diga?

—¿¡Se puede saber por qué no respondes tu teléfono!? —la voz de Alex sonaba molesta al otro lado de la línea. Le expliqué mi error con el cargador y la visita inesperada de los Norris.

—La fiesta de Amelie es en dos horas y estoy a tres cuadras de tu casa con Kimi para prepararnos —me recordó.

Golpeé mi frente con la palma de la mano. La fiesta de Amelie. ¿Cómo pude olvidarla? Miré de reojo a Lando. Él tampoco parecía recordarla, o al menos no había mencionado nada.

—Los veo aquí, ¿okey? —le dije a Alex antes de colgar.

Volví al sillón y me acerqué a Lando para decirle lo de la fiesta, pero justo cuando iba a hablar, el timbre sonó.

—Yo iré —dijo mi padre, levantándose para abrir la puerta.

Mis mejores amigos aparecieron en el marco, sonriendo como si supieran algo que yo no.

—¿Tienen una tarde familiar sin nosotros? —bromeó Kimi llevándose una mano al pecho en gesto de falsa indignación.

—Pasen chicos, estamos viendo una película —dijo mamá, haciéndoles espacio.

—De hecho, tenemos que subir a mi habitación —intervine—. La fiesta de cumpleaños de Amelie es en unas horas y necesitamos arreglarnos.

—Yo también debo prepararme, así que iré a casa y volveré en un rato —dijo Lando, levantándose.

—¿Así que una reunión familiar con la familia de tu no novio? —se burló Kimi apenas cerramos la puerta de mi cuarto.

Me dejé caer sobre la cama.

—¡Yo no sabía nada! Bajé por el desayuno y ellos ya estaban aquí.

—O sea que... ¿desayunaron juntos? —preguntó Alex alzando una ceja.

—¿Podemos empezar a arreglarnos, por favor? —corté antes de que comenzaran con más preguntas—. No estoy segura de qué ponerme.

—Se ve increíble, vas a lucir preciosa —dijo Alex mientras empezaba a sacar maquillaje y planchas de su bolso.

Pasaron las horas entre risas, planchas y sombras de ojos. Tessa ya había llegado, lo mismo Charles. Alex y yo estábamos terminando de alisarnos el cabello cuando dieron las ocho. Ya era hora de irnos. Solo faltaba Lando.

Pero no llegaba.

Encendí mi celular. Apenas lo hice, una tormenta de notificaciones invadió la pantalla. Un montón de mensajes, pero ninguno era de Lando. Me tensé al ver de quién eran realmente: Rockstar.

"Ya estoy aquí, ¿ya vienes?"
"Estoy esperando en el café."
"¿Vienes?"
"No me dejarás plantado... ¿o sí?"
"¿Debo seguir esperando?"
"¿Sí vendrás?"

Tragué saliva. Me sentí la peor persona del mundo.

Lo había olvidado completamente.

Habíamos quedado de vernos hoy, en persona, por primera vez. En la cafetería del centro comercial. Era nuestra cita y yo... simplemente lo olvidé. Lo dejé plantado. Rápidamente le escribí:

Cuánto lo siento, tuve un imprevisto y no pude llegar.

Vaya. Plantado en nuestra primera cita.

¿Podemos quedar otro día? Realmente no pude llegar.

Claro, no te preocupes. Otro día será.

Me quedé mirando la pantalla con el estómago hecho un nudo. No solo lo había olvidado. Le mentí. Y eso se sentía incluso peor. Pero si le decía que me estaba arreglando para ir a una fiesta, probablemente me mandaría al diablo.

Justo cuando me debatía entre la culpa y la ansiedad, la puerta se abrió y apareció Lando.

—Lo siento, tuve un imprevisto... algo con mi madre, y se me fue el tiempo —dijo mientras saludaba a todos.

—Ya estás aquí, es lo que importa. ¡Ya vámonos! —dijo Charles, aliviado.

Y con eso, todos salimos rumbo a la fiesta de Amelie. Con maquillaje perfecto, sonrisas preparadas... y una mentira que aún me quemaba por dentro.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺDonde viven las historias. Descúbrelo ahora