Todavía no terminaba de procesar lo que Alex acababa de decirme. Sentía como si mi cerebro intentara protegerme, desconectándose lentamente de la realidad.
—¿Es una clase de broma, cierto? —pregunté, aferrándome a una pizca de esperanza de que todo fuera solo una locura momentánea.
—Claro que no. Sabes muy bien que nunca te mentiría con algo así —respondió ella con una seriedad que me terminó de hundir.
Y entonces todo tuvo sentido. La imagen de Maggie con ese otro chico, el espacio vacío al lado de Lando cuando llegué... Claro. Claro que todo encajaba ahora.
—Esta es tu oportunidad —dijo ella de golpe—. Dile que te gusta.
—¿Estás loca? Claro que no —solté casi riéndome, pero más por nervios que por otra cosa.
—¿Por qué no? —insistió.
—Él está feliz con que seamos "mejores amigos" —remarqué con amargura. Esa frase aún me dolía.
—Eso es estúpido, Michelle. Deberías decírselo. Tú lo quieres... y yo estoy segura de que él también a ti.
Antes de poder negarme, me tomó del brazo como si tuviera un plan y abrió la puerta del baño para salir.
—¡Espera! Esto es una locura. Ni siquiera sé qué decirle.
—Practica conmigo —propuso. Suspiré y asentí, resignada. Cerré los ojos, intenté imaginarlo frente a mí y murmuré:
—Hola, Lando... ¿podemos hablar? Es complicado, pero creo que me gustas.
El rostro de Alex se puso completamente pálido.
—¿Qué? —le pregunté alarmada, hasta que me giré en dirección a su mirada.
Y ahí estaba él. Lando. Parado en el marco de la puerta, con esa sonrisa suya tan insoportablemente arrogante. Una sonrisa que en otro contexto habría amado.
—¿Así que te gusto, eh? —se acercó con calma, como si esa frase lo hubiera esperado toda la vida. Puso una mano en mi mejilla, sus ojos fijos en los míos—. Casualmente... tú también me gustas.
Y antes de que pudiera reaccionar, me besó.
Sus labios sobre los míos. Su respiración mezclándose con la mía. Todo mi cuerpo temblaba, y no solo por el impacto: era como si algo que había estado esperando por tanto tiempo por fin se hubiera permitido ser real.
Nos separamos apenas para tomar aire, y entonces apoyó su frente contra la mía. Mi corazón estaba desbocado.
—Chicos... —escuchamos una voz incómoda detrás de nosotros—. Odio interrumpir, pero están obstruyendo la entrada al baño.
Nos reímos bajito, asintiendo, y comenzamos a alejarnos... pero Lando no soltó mi mano. La entrelazó con la suya como si fuera lo más natural del mundo. Como si estuviéramos juntos de verdad. Pero algo dentro de mí empezó a hacer ruido. A incomodarme. Lo jalé suavemente para ponerlo frente a mí.
—No puedo... Lo siento.
Él frunció el ceño.
—¿De qué hablas?
Tragué saliva. El corazón me latía tan fuerte que dolía.
—Me gustas, Lando. Y me alegra saber que tú también sientes algo por mí. Pero... lo dices ahora. Justo ahora que no estás con Maggie. Y yo... merezco a alguien que me vea como una prioridad, no como una opción.
Mis ojos estaban llenos de lágrimas, pero no dejé que se derramaran. Solté su mano. Di un paso atrás. Y me fui caminando en medio de la gente, sintiendo cómo el pecho se me partía en mil pedazos.
ESTÁS LEYENDO
𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓. ᴸᴬᴺᴰᴼ ᴺ
Ficção AdolescenteMichelle nunca imaginó que un simple chat en una app anónima haría que se encariñara de rockstar sin siquiera conocer su rostro. Mientras su corazón latía por el chico detrás de la pantalla, Lando Norris aparecía en su vida, un chico que al principi...
