Capítulo 53 - Como si todo volviera a empezar

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Martes. Todos estábamos alrededor de mi casillero, entre risas y comentarios sobre lo que esperaban del viernes. El ambiente vibraba con emoción: todos tenían un plan, y ese plan incluía emborracharse hasta olvidar sus nombres. Oscar estaba a mi lado, como si su lugar siempre hubiera estado ahí, cuando ocurrió lo inevitable: él apareció.

Lando Norris había llegado a la escuela.

Y como si el tiempo hubiera dado marcha atrás, regresó con esa actitud que me desquiciaba desde el primer día del regreso de vacaciones. Saludó a todos —incluyéndome—, pero con esa vibra arrogante, esa especie de escudo que gritaba "que se jodan todos". Solo que esta vez... había una historia detrás. Una demasiado personal.

Volvieron a hablar de la fiesta. Todos estaban emocionados. Y él, como si nada hubiera pasado, dijo que no pensaba faltar. Que había limado asperezas con Mattia y estaba ayudándolo a organizarla. Que sería la fiesta más épica que había dado. Su despedida, aunque no planeaba decirlo así. Solo quería que fuera su legado. Un último gran recuerdo antes de irse de Miami "por un tiempo".

Y aunque me negara... eso me emocionó. Mucho.

No sabía qué esperar de nosotros. Si las cosas entre Lando y yo volverían a ser incómodas o si, por el contrario, terminaríamos siendo enemigos declarados. Solo quería que no doliera.

Durante las clases, Oscar permaneció a mi lado. No hablábamos mucho, ni hacíamos grandes cosas... pero su compañía era constante. Como cuando me escribió por última vez para decirme que estaría ausente por un tiempo. No sabía nada de él, pero sabía que estaba. A veces eso bastaba. Algunas cosas no cambian, solo... evolucionan.

En la cafetería, los chicos hablaban de todo menos de las clases. La temporada de fútbol estaba por comenzar y los demás le daban a Oscar y Logan toda la información sobre los rivales, los jugadores clave, las tácticas... mezclado con cumplidos, amenazas y bromas para motivarlos. Era divertido ver cómo se encendían entre todos.

—¿Listos para la fiesta? —preguntó Amelie apareciendo como si nada, pero luciendo completamente distinta. Su cabello castaño ahora era rubio, y se veía preciosa. Todos la rodeamos con halagos, pero ella tenía una sola mirada. La dirigió directo a Oscar—. ¿No quieres llevarme a la fiesta?

Hubo risas y gritos alrededor. Todos esperaban su respuesta.

—Iré con Michelle —respondió él, sin titubear.

Y vi la reacción de Lando. Ya no era como antes, cuando lo ocultaba detrás de burlas. No era molestia. Era decepción. Y no sé por qué... eso dolió más.

—En realidad, iremos todos juntos —dije antes de pensarlo demasiado—. Eso es solo formalidad.

Oscar y Lando me miraron al mismo tiempo, como si intentaran entender qué estaba haciendo.

—Entonces al menos prométeme que vas a bailar conmigo —insistió Amelie, aún mirando a Oscar.

—Claro, estaría encantado —dijo él, con una sonrisa suave.

Todo fluyó de forma normal después de eso. Las clases terminaron y era hora de volver a casa. Subimos al auto y nos fuimos. Mientras salíamos del estacionamiento, vi a Lando caminando solo bajo el sol. Dudé si decirle que lo llevaríamos, pero Oscar se me adelantó.

—Hey, Norris, ¿vas a tu casa?

Lando asintió, cubriéndose del sol con una mano.

—Vamos, te llevamos —ofreció Oscar. Y Lando caminó hacia mi auto. No entendía qué estaba pasando... pero cuando sonrió hacia mí, algo dentro se encendió. Le devolví la sonrisa.

Llegamos a casa de Alex. Apenas los chicos se bajaron, Kimi y Alex los interceptaron.

—¿Qué esperan para bajarse? —dijo Alex con ese tono que no admitía excusas. Vi cómo Oscar la miraba confundido—. Hello, Oscar, Logan, tenemos que hacer el trabajo de tutoría. Si no, no tendremos los puntos extra.

La cara de Oscar fue un poema.

—Es cierto. Lo había olvidado... y por lo que veo, Logan también —dijo mirando a su amigo, que solo sonrió con culpa mientras bajaba del auto—. Te veo más tarde —me dijo, dejando un beso en mi mejilla.

Moví el espejo retrovisor. Lando seguía en el asiento trasero.

—¿Quieres cambiarte de lugar? —pregunté, señalando el asiento del copiloto, ahora vacío.

Él asintió, cambió de lugar sin decir nada, y seguimos el camino. Antes de llegar a su casa, noté que quiso decir algo. Lo vi en sus gestos, en cómo respiraba, pero se contuvo. Solo bajó del auto y, con una sonrisa que todavía tenía algo de él, me agradeció.

Sonreí también. Sin pensarlo.

Al llegar a casa, solo estábamos mi mamá y yo. Ella decidió que la comida que había preparado sería para los chicos cuando regresaran, y que nosotras pediríamos sushi para ver nuestro programa favorito. No lo decía, pero yo sabía... que verme sonreír le devolvía la paz.

Pasamos la tarde las dos en el sillón. Ella, yo y la televisión. Me sentía... tranquila.

Cuando papá y los chicos regresaron, mamá les indicó dónde estaba la comida y los dejó comer en paz. Me levanté a buscar mi celular, que estaba completamente muerto. Le dije a mamá que volvería enseguida y subí a mi habitación.

Busqué el cable del cargador y lo encontré cerca de la ventana. Al inclinarme para tomarlo, algo me hizo alzar la vista. Al otro lado, justo frente a mí... estaba él.

Lando Norris.

Parado frente a su ventana, igual que yo. Se sentía como si el tiempo se detuviera. Como si esos segundos duraran horas. Y como si estuviéramos conectados por algo invisible... ambos sonreímos.

Sonreímos al mismo tiempo.

Y ahí lo supe. Lo mucho que lo extrañaba. Cuánto me dolía no tenerlo cerca. Pero justo cuando lo reconocí, algo me trajo de vuelta. Como si el universo me recordara por qué habíamos terminado. Por qué esa distancia era necesaria. La sonrisa se desvaneció poco a poco. Me volví hacia el cable, lo conecté al teléfono y me alejé de la ventana.

Volví a bajar y me senté junto a mamá. Como si pudiera fingir que nada había pasado. Como si mi corazón no acabara de dar un salto.

Como si todavía no lo quisiera.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora