Capítulo 7 - Cerraduras y consecuencias

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MICHELLE

Habían pasado solo unos minutos, pero a mí me parecían horas. No podía dejar de mover las manos sobre mis jeans, inquieta, nerviosa, imaginando todos los escenarios posibles. Hasta que finalmente giré hacia atrás... y los vi. Primero a mamá. Luego, justo detrás, la figura seria de mi padre.

—Tomen asiento, señores Lerea. Aún faltan los Norris, pero no deberían tardar —indicó el director. Mi madre se acercó enseguida y me abrazó sin decir nada al principio, como si necesitara confirmar que yo estaba entera.

—Mi niña... Me diste el susto de mi vida. Si no hubiera sido por la lluvia... —dijo mientras sus manos acariciaban mi cabello, intentando suavizar la tensión.

—Lo sé, mamá, pero... no fue intencional. Nos quedamos encerrados en la biblioteca —respondí mientras volvía a sentarme. Su mirada me analizó con detalle. Conocía esa forma de mirar: preocupación envuelta en sobreprotección. Siempre fue así conmigo.

Dos toques en la puerta cortaron el momento. Una mujer de cabello castaño, muy linda y de expresión amable, entró.

—Permiso, espero no llegar tarde —dijo.

—No, no llega tarde, señora Norris —respondió el director.

La mujer se acercó de inmediato a Lando, lo examinó con los ojos, le tocó la cara y el cabello con un gesto lleno de afecto.

—Tranquila, estoy bien —le aseguró él con una pequeña sonrisa. Ella le acarició el hombro en respuesta.

—Bien —comenzó el director— Como ya saben, sus hijos estuvieron en esta institución a altas horas de la noche, incumpliendo una norma clara: nadie debe permanecer aquí sin autorización. Señorita Lerea, ¿puede contarme lo sucedido?

Respiré hondo. Me acomodé mejor en la silla y comencé a hablar.

—Llegamos y le explicamos a la secretaria que veníamos por un libro que habíamos olvidado. Era para un trabajo que hicimos ayer en mi casa...

El director levantó una mano para detenerme.

—Disculpe que la interrumpa, ¿hay alguien que pueda testificar eso?

—Claro, mis compañeros de clase. Estaban en mi casa —respondí.

—Es cierto —agregó mi madre— Cuando llegamos, los chicos seguían ahí. Las chicas me contaron que Michelle había venido por el libro.

El director asintió y giró hacia Lando.

—Continúe, señor Norris.

—La secretaria nos dijo que estaba bien, pero que nos apuráramos. Ya iban a cerrar. Cuando estábamos buscando el libro, no escuchamos que pusieran llave. Después, simplemente... no pudimos salir.

—Y se quedaron ahí hasta que los encontró la profesora Alicia esta mañana —concluyó el director.

—Exacto —asintió Lando.

—Entiendo. Era mejor evitar malentendidos, las noticias en este lugar se esparcen rápido. No los voy a expulsar, pero deberán entregar un trabajo de cincuenta hojas sobre la historia de Estados Unidos. Para evitar que otros alumnos intenten lo mismo.

Después de recibir la noticia del castigo, salimos de la dirección. En casa, mamá me pidió que subiera a cambiarme para desayunar antes de irme. Como estuvimos encerrados, el director nos dio permiso de llegar 30 minutos tarde. Subí corriendo. Media hora después ya estaba lista, con mis cosas en mano. Cerré la puerta y, al bajar, escuché voces desde la cocina. Una discusió.

—No la puedes castigar, ¡es injusto! ¡Se quedaron encerrados! No fue su culpa —decía mamá.

—¿Se puede saber por qué piensas castigarme? —pregunté al entrar, mirando directamente a papá.

—Cariño, por favor...

—Yo no planeé quedarme ahí. Dormí en una mesa, papá. Fue un accidente.

—Está bien —cedió finalmente— Te llevaré a la escuela.

—No, gracias. Prefiero caminar.

Sin esperar una respuesta salí de la casa, caminaba tranquila por la acera hasta que noté un auto azul que avanzaba lentamente unos metros cerca de mí. Vidrios oscuros. No supe si preocuparme, hasta que lo escuché.

—¿Vas al colegio, cierto? —Lando apareció en la ventanilla. Asentí. — Sube, te llevo.

—No, gracias. Caminaré.

—Te quedan cinco minutos y si caminas, no llegas.

Suspiré. Tenía razón, así que aunque no quería, subí. Y ahí estaba ella. Una chica con unos ojos verdes intensos, iguales a los de Lando, y una perforación en la nariz. Me miró con una sonrisa amplia.

—Hola, soy Sophie, su hermana.

—Hola, soy Michelle —dije, algo sorprendida. No sabía que tenía una hermana. Bueno... no sabía casi nada de él, pero aun así me sorprendió.

—¿Y cómo te llevas con mi hermanito? —preguntó mientras lo despeinaba cariñosamente.

—Normal.

—¿Cómo que normal?

—Olvídalo, Sophie —murmuró Lando— No la llenes de preguntas.

Cuando llegamos, ambos se despidieron. Lando salió del auto y yo después de él.

LANDO

Ella era linda. Insoportable... pero linda. Y cuando me llamaba "Lando" se siente distinto. Todos me llaman Norris, menos ella. Solo ella. ¿Qué demonios estoy diciendo? Estoy hablando de Michelle.

—¿Cuándo hacemos el trabajo que nos dejó el director? —le pregunté apenas salimos del auto.

—No lo sé... mi papá hizo todo un drama por lo que pasó anoche.

—¿Se molestó?

—Según él, debimos haber buscado una manera de no quedarnos encerrados. Es ridículo que me quiera castigar por algo así.

—Bueno, es una pena.

Caminamos hasta los casilleros y seguimos hablando mientras esperábamos la campana. Hasta que apareció Alex, visiblemente aliviada.

—¡Ay por Dios! Pensé que estabas muerta —dijo con tono dramático.

—¿Eso no es un poco exagerado?

—¡Es la verdad! Ni siquiera pudimos localizarlos. La tormenta cortó la luz, yo no sabía cómo irme a casa, tu mamá estaba aterrada. Fue un desastre.

—No es para tanto... no es como si te hubieras quedado encerrada con Lando Norris —reí ante su intento de chiste.

—No dijiste eso cuando me abrazabas para dormir.

—Ambos deben contarme TODO —exigió Alex, en shock.

—Ni me di cuenta de cómo pasó... solo recuerdo que recosté mi cabeza en su hombro y me quedé dormida —admitió, aún apoyada en el casillero.

—Mi mamá fue a buscarme como a las 11, cuando la lluvia bajó.

—¿Y los demás? —Preguntó.

—El papá de Rebeca fue por ellos. Terminaron quedándose en casa de Carlos, creo.

El día siguió como si nada. Después de nuestra última clase, volví a casa, subí a mi habitación y me acosté. Me quedé mirando el techo un largo rato. Pensé en ella. En lo que había pasado y cerré los ojos. Necesitaba dormir. La noche anterior no había sido precisamente la más cómoda del mundo.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺDonde viven las historias. Descúbrelo ahora