Capítulo 8: Después de la tormenta

1.6K 89 13
                                        

MICHELLE

Eran como las seis de la tarde cuando abrí los ojos, aún adormitada por la siesta. Mi cuerpo se sentía pesado, y la luz suave que entraba por la ventana me envolvía en una especie de burbuja cálida de quietud. Alargué la mano hacia la mesita de noche y tomé el teléfono. Una notificación llamó mi atención.

Hola, hace mucho que no hablamos ¿cierto?

Sí, no he tenido buenos días.

¿Quieres hablar de eso?

No... mejor cuéntame qué tal tú.

Nada interesante, mi vida es algo aburrida.

Apagué la pantalla. Mi vida tampoco era tan emocionante últimamente, pero al menos sus palabras me habían sacado un suspiro más leve que los anteriores.

Bajé a cenar, y fue una de esas cenas en las que nadie dice lo que en realidad piensa. Seguía molesta con mi padre. No por lo de la escuela en sí, sino por lo mucho que dolía sentir que no confiaba en mí. Mi madre intentaba, una y otra vez, romper el silencio con algún tema trivial, pero mi padre sólo la seguía sin demasiada energía. Yo... simplemente no podía. Me limité a ayudar con la mesa y los platos en silencio, y al terminar subí a mi habitación.

Me cepillé los dientes y escuché que tocaban la puerta.

—Pase —dije desde el baño.

Cuando salí, lo vi. Estaba sentado en la silla de mi escritorio. Me quedé quieta unos segundos, sin decir nada, y luego fui directo a mi cama. Tomé el celular, sin mirarlo.

—Lo siento —dijo de pronto, con esa voz que sólo usa cuando está realmente quebrado por dentro.

—¿Por qué? ¿Por no confiar en tu hija, la que nunca te ha dado motivos para desconfiar?

—Por confiar en la palabra de alguien más y no en la de mi niña —respondió con los ojos bajos— Lo siento. Eres mi única hija y siempre voy a cuidarte. Me preocupé mucho al ver las horas pasar y no saber de ti... Luego, enterarme que habías pasado la noche con un chico que no conocemos... fue demasiado. No reaccioné bien. Lo sé. Pero vengo a pedirte disculpas, porque odio la idea de que no me hables. Porque tú y tu madre son mi vida.

Sentí que el nudo en mi pecho empezaba a deshacerse.

—Lo siento también. No fueron las mejores maneras las que usé... pero realmente me dolió que no creyeras en mí.

—¿Estamos bien?

—Más que bien —dije, y me acerqué a abrazarlo. Fue uno de esos abrazos que curan, que borran resentimientos sin tener que seguir hablando.

—No quiero volver a pelear con mi bebé, ¿de acuerdo?

Asentí. Y esa noche, dormí como hacía tiempo no lo hacía.

Me desperté con la luz colándose por la ventana. Era uno de esos días grises, en los que incluso el cielo parece estar cansado. No tenía ganas de levantarme, pero al menos no llevaba ese peso en el pecho como antes. Lo primero que vi fue un mensaje de Rockstar.

Buenos días, preciosa.

Su mensaje me hizo sonreír un poco. Estaba comenzando a querer esa rutina secreta entre nosotros. Ese alguien que sabía justo cuándo aparecer.

—Buenos días, cariño —dijo mi madre cuando entré a la cocina.

—Buenos días. ¿Qué es eso?

—Panqueques con huevos revueltos —respondió, mientras el aroma llenaba todo el lugar.

—Huele delicioso.

Desayunamos en silencio, pero uno mucho más cómodo que el de anoche. Afuera ya llovía, y si antes no tenía ganas de ir a la escuela, en ese momento menos. Pasamos por Alex como siempre, para ir juntas.

Desde lejos vi a Rebeca, George... y Lando. No sabía qué me pasaba con él últimamente. Desde aquella noche en la biblioteca, algo había cambiado. No solo en su actitud. También en mí y eso me descolocaba.

Caminamos hacia donde estaban. Recibimos sonrisas de todos, y respondimos con las nuestras, aunque la mía se sintió un poco forzada. La campana sonó y cada quien fue a su aula. Alex y yo nos sentamos en la última fila, y George y Lando se acomodaron junto a nosotras.

Todo transcurría con normalidad. El sonido de la lluvia afuera era casi hipnótico, y yo ya me estaba dejando llevar por el ritmo de la clase, cuando Alex deslizó una hoja doblada sobre mi mesa

La miré de reojo, confundida. Ella seguía mirando al frente, fingiendo total inocencia. Abrí la nota, y al verla, sentí cómo mi corazón daba un pequeño salto.

Hoy en mi casa a las 3:00 :)
–LN

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺDonde viven las historias. Descúbrelo ahora