capítulo 20 - permiso, pastel y promesas

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Michelle

Íbamos de regreso a mi casa cuando sonó mi celular. Al parecer habían llegado notificaciones de la escuela. Le pedí a Alex que revisara qué decía, ya que yo iba manejando. Ella desbloqueó el teléfono, leyó por un momento... y gritó con tanta fuerza que Kimi y yo pegamos un salto.

—¡¡MAÑANA NO HABRÁ CLASES!! ¡¡Tendremos un fin de semana largo!! —gritó feliz.

—¡A DISFRUTAR DE LAS FIESTAS! —añadió Kimi desde el asiento trasero, casi brincando de la emoción—. ¿Por qué no te emociona?

—Porque mis papás son un poco duros con los permisos para fiestas, y lo saben.

—Yo los convenzo. Lloraré si es necesario, pero tenemos que ir —dijo Alex sin pensarlo dos veces.

—Yo te ayudo —agregó Kimi, sonriendo—. Soy muy persuasivo.

Al llegar a casa, mis padres estaban en la sala.

—¡Ya llegué, y traje adoptados! —canté, entrando con los brazos extendidos.

Ambos sonrieron al vernos entrar.

—Hace mucho que no los veíamos juntos. Me alegra verlos así, como cuando iban en la primaria —dijo mi papá con una sonrisa. Kimi nos abrazó por los hombros y todos reímos.

—¿Cómo les fue en la escuela?

—Muy bien —respondimos al mismo tiempo, dejándonos caer en los sillones.

—¿No es muy temprano para que estén en casa? Apenas son las diez —dijo mirando su reloj.

—Habrá una fumigación, así que nos liberaron por hoy —explicó Alex.

—¿Tarde de chicas... y chico? —preguntó mi padre mientras hacía un extraño movimiento con los brazos. Los tres lo miramos con cara de ¿qué fue eso?

—Después de terminar la tarea de matemáticas —dijo Alex aún confundida.

—Pues, ¿qué tal si suben ahora y terminan eso antes del almuerzo? Estoy haciendo pasta... y un pastel de chocolate con fresas. Cuando esté listo, los llamo para que bajen a comer —anunció mi mamá.

Asentimos todos y fuimos directo a la cocina. Alex sacó helado del congelador y un paquete de galletas. Kimi agarró papas y su aderezo favorito. Subimos a mi habitación, Kimi se tiró sobre mi cama y se quitó los tenis, igual que Alex. Yo dejé mis cosas en su sitio y luego me uní a ellos.

—Amo venir a tu casa —dijo Kimi abriendo el paquete de papas—. Tus papás nos consienten demasiado. Voy a pedirles que me adopten.

Antes de empezar con la tarea, decidimos ver algo en Netflix. Total, ya estaba resuelta gracias a Franco, solo teníamos que copiar. Vimos dos películas y... sí, seguíamos sin haber tocado la tarea.

Justo cuando nos decidimos a empezarla, mi mamá gritó desde abajo que la comida estaba lista. Así que movimos la tarea para después.

Bajamos directo a la cocina. Kimi ayudó a mi papá a poner la mesa, mientras Alex y yo servíamos con mamá. Nos sentamos todos juntos y comenzamos a almorzar. Fue una de esas comidas donde todo fluye: mis padres nos contaron historias graciosas de su infancia, y nosotros compartimos nuestras locuras del colegio.

Al terminar, llegó el momento del postre... y de pedir permiso.

—Padres, quería preguntarles algo —dije mientras jugaba con mi tenedor y miraba de reojo a Alex y Kimi.

—¿Qué pasa, cariño? —preguntó papá.

—Mañana hay una fiesta en casa de una compañera, y quería saber si me dan permiso para ir —dije, con tono suave pero decidido.

Papá me miró y luego miró a Kimi.

—¿Tú vas, Kimi?

—Por supuesto. Alguien tiene que cuidarlas.

—Pues si tú vas, no veo por qué sería un problema que Michelle vaya —respondió mi mamá, sonriendo—. Confiamos en ti, Kimi. Sabemos que las cuidarías con tu vida.

—¿Entonces? —pregunté, ya con una pequeña sonrisa formándose en mi rostro.

—Okey, puedes ir —dijo mi papá finalmente.

Todos dimos un pequeño grito de celebración.

—¿Dónde es?

—En el centro —respondí.

—Oh, eso es cerca de tu casa.

—¡Puede quedarse en mi casa el fin de semana! —intervino Alex rápidamente.

—¡Sí! No voy desde un día antes de entrar a clases —dije haciendo un puchero dramático.

—Está bien, pero con cuidado. Sean responsables en la fiesta —dijo papá, y los tres asentimos.

Después de la comida subimos a mi cuarto para terminar la tarea (ahora sí). Una vez lista, empecé a empacar: ropa, cargador, mis cosas personales. Eran como las 6:30 y ya teníamos que salir. Kimi iba a su casa, y Alex y yo a la suya.

Bajamos y me despedí de mis padres, agradeciéndoles por el permiso. Iba a pedir un Uber, pero justo cuando salía, mi papá me detuvo.

—Toma —dijo, extendiéndome las llaves de mi coche.

Me quedé en shock por un segundo.

—¿Es en serio?

—Esperaba dártelo oficialmente para tu cumpleaños 17, pero creo que ya estás lista.

—¡Gracias, gracias, gracias! —le dije abrazándolo muy fuerte.

—Si le pasa algo, tú te harás responsable de pagar los daños —dijo mamá, medio en serio, medio en broma.

—¡Lo cuidaré con mi vida, lo prometo! —respondí emocionada. Tomé mis cosas, jalé a mis amigos y grité desde la puerta—. ¡Nos vemos!

Subimos al coche. Esta vez Kimi iba de copiloto, y Alex atrás.

—OMG, ¡ya tienes tu auto oficialmente! —gritó Alex emocionada.

—Ahora serás mi Uber —añadió Kimi. Los tres estallamos en risas.

—Deberías decirle a Franco que irás a la fiesta —dijo Alex con tono pícaro—. Así pueden llegar juntos...

—Llegaremos juntos —respondí con seguridad—. Y eso no está a discusión.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺDonde viven las historias. Descúbrelo ahora