Mientras caminaba de un lado a otro por la casa de Maggie al día siguiente, sentía que mi cabeza estaba a punto de explotar. La noche anterior había tomado varios tragos—no lo suficiente para emborracharme por completo—pero aparentemente sí lo suficiente como para amanecer con un dolor de cabeza insoportable.
Estaba buscando a Alex o a Kimi, pero esa casa era tan grande que ya había perdido la cuenta de cuántas puertas había abierto. Intentaba hacerlo con cuidado, no quería encontrarme con alguna escena incómoda.
Después de varios intentos, me rendí y fui hacia la cocina en busca de un vaso de agua. Apenas abrí el grifo, sentí que alguien más había entrado. Y con solo verla, supe que la tranquilidad se había terminado: Maggie.
Estaba por darme la vuelta para irme, pero su voz—tan irritante como siempre—me detuvo, como si supiera exactamente cómo intensificar mi migraña.
—No sé si te interese—dijo, y ni siquiera me molesté en prestarle mucha atención—, aunque yo digo que sí y te lo voy a decir para que te quede muy, pero muy claro, ¿entiendes?
No respondí, solo me giré lentamente con el vaso en la mano.
—Aléjate de Lando —continuó, como si eso fuera una amenaza real.
Solté una risa. No sabía ni por qué. Tal vez el alcohol aún seguía en mi sistema, pero me pareció tan absurdo que no pude evitarlo.
Ella me miró con cara de pocos amigos, lo que solo hizo que mi risa aumentara.
—¿De qué diablos te ríes? —preguntó con frustración.
—Oh, Dios... no sé si alguien te lo ha dicho, Maggie, pero eres realmente graciosa —dije mientras bebía un trago de agua—. No sé quién crees que eres para venir a decirme que me aleje de Lando, cuando ni siquiera son nada.
Ella sonrió de forma maliciosa.
—Mientras tú estás aquí esforzándote por decir todo eso, Lando sigue durmiendo en mi cama —dijo antes de girarse e irse, dejándome sola con esas palabras resonando en mi cabeza.
¿Me sorprendió? No. De hecho, era algo que él haría perfectamente. Suspiré con fuerza, pasé mis manos por el cabello y me hice una coleta improvisada. Mi celular comenzó a sonar, y cuando vi quién era, el rostro de Alex apareció en la pantalla.
Respiré hondo antes de contestar.
—¿Dónde estás? —preguntó con urgencia.
—En la cocina.
—Voy para allá —dijo rápidamente antes de colgar.
—¡Buenos días! —exclamó Kimi al entrar poco después. Yo le sonreí, aunque no con muchas ganas.
—Hey... ¿qué tienes?
—¿A qué hora nos vamos? Me siento fatal.
—Pues tú conduces, te estábamos esperando a ti.
Nos levantamos de las sillas y nos despedimos de George y Franco, que estaban en la entrada. Ya en casa, me fui directo a dormir. Me desperté como a las tres de la tarde con una resaca menor, pero con cero ánimos de hacer algo más.
Más tarde me encontraba sentada en la sala, con una porción de pizza sobre las piernas y el celular en la mano. Kimi llevaba un buen rato insistiéndome para que fuéramos a la otra fiesta que habría esa noche. Yo ya le había dicho que no quería ir, pero él seguía insistiendo como si nada.
Justo en medio de un bocado, la puerta se abrió con fuerza y mi mejor amiga entró, brillando de emoción.
—¡Arréglense, porque hoy todos nos vamos de fiesta! —exclamó con una sonrisa.
—Excepto yo —dije sin levantar la mirada, llevándome otro pedazo de pizza a la boca.
—¿Eso por qué?
—Simplemente no quiero ir.
—Llevo como diez minutos tratando de convencerla —intervino Kimi, ya con voz derrotada—. Definitivamente no podemos dejar que se pierda esta fiesta.
ESTÁS LEYENDO
𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓. ᴸᴬᴺᴰᴼ ᴺ
Teen FictionMichelle nunca imaginó que un simple chat en una app anónima haría que se encariñara de rockstar sin siquiera conocer su rostro. Mientras su corazón latía por el chico detrás de la pantalla, Lando Norris aparecía en su vida, un chico que al principi...
