Habían pasado dos semanas desde aquella conversación en la plaza. Catorce días que se me hicieron eternos, como si el tiempo se hubiera vuelto más lento solo para recordarme lo que no podía dejar de pensar: las palabras de Lando.
Desde entonces, todo cambió. Los chicos se habían vuelto distantes. Apenas cruzaban palabra conmigo, excepto Alex, Kimi, Charles y Franco... ellos no se despegaban, como si intuyeran que estaba sosteniéndome con lo justo.
Y Mattia... Mattia simplemente desapareció de mi panorama. No porque yo quisiera ignorarlo, sino porque no podía sacar a Lando de mi cabeza. Sus palabras, su forma de mirarme, la manera en la que pareció dolerle más de lo que quiso admitir.
"¿Realmente lo rompí?"
Esa pregunta me perseguía cada noche.
No había salido de casa más que para ir a la escuela. Me sentía encerrada no solo en mi cuarto, sino en mí misma. Pero ese sábado algo en el aire se sentía diferente, como si necesitara tomar un respiro fuera de mi rutina gris. Estaba nublado. El tipo de cielo que parece estar a punto de llorar por ti.
Me puse un pants gris holgado, un hoodie que me cubría hasta las manos, y caminé sin rumbo fijo hasta llegar a ese árbol gigante al final del fraccionamiento. Me senté bajo su sombra. El viento era suave y me acariciaba el rostro como si supiera que lo necesitaba. Cerré los ojos, recargué mi cabeza contra el tronco y cubrí mi cara con las manos, intentando calmar todo lo que sentía.
—Lo siento, creí que no habría nadie... —esa voz. Esa voz la reconocería incluso dormida. Quité las manos de mi cara lentamente.
—Lando... —mi voz salió temblorosa, como si se quebrara por dentro.
Él se veía diferente. Triste. Tenía ojeras profundas bajo sus ojos, y para mi sorpresa, iba vestido casi igual que yo.
Me miró directo a los ojos, y por un instante, ninguno dijo nada. El silencio habló por los dos.
—Lo siento —dijo al fin, con una sinceridad que me apretó el pecho. Luego se sentó a mi lado, sin pedirme permiso, como si aún supiera que tenía un lugar junto a mí.
—Me gustas —soltó de pronto, sin rodeos—. No fue la mejor forma de reaccionar en la plaza.
Sonreí con tristeza.
—Recuerdo que antes no te soportaba. Eras... la persona más insoportable del mundo.
—¿Y piensas lo mismo ahora? —preguntó con una ligera risa.
—Me gustas, Norris —confesé. Una sonrisa quiso asomarse, pero no le di del todo permiso—. Pero no puedo ser la segunda opción de nadie.
—Es que siempre fuiste la primera —me miró con una intensidad que me dejó quieta—. Pero no quería arruinar lo que apenas estábamos construyendo. Pensé que no me soportabas, y eso me recordaba que probablemente nunca podría gustarte. Así que preferí tenerte al menos como amiga...
—Suspiró—. Estuve seguro de que me gustabas la noche en la biblioteca.
—Fuiste muy lindo conmigo esa noche.
—¿Aún estás saliendo con Franco?
—Siempre fuimos solo amigos.
—Él no te veía como una amiga...
—¿Celoso, Lando Norris?
—Hasta los huesos —confesó, y los dos reímos como si el mundo se deshiciera alrededor y solo quedáramos nosotros.
El silencio volvió a llenarlo todo. Pero era un silencio diferente. Cómodo. Sincero.
—¿Quisieras intentar algo conmigo? —su voz era suave—. Hablo de ser más que... amigos que no se soportan.
—No lo sé, Norris... creo que debería pensarlo —bromeé.
—Pero creo que sí —añadí viéndolo directamente, sin miedo.
Entonces tomó mi cara entre sus manos, y justo antes de que sus labios tocaran los míos, sonreímos al mismo tiempo. Fue un beso cálido, suave, lleno de esa paz que no sabía que estaba buscando hasta que la encontré en él.
La lluvia comenzó a caer, inesperada y torpe, separándonos por un instante mientras reíamos empapados. Pero entonces volvió a besarme, bajo la lluvia, como si el mundo nos estuviera bendiciendo en secreto.
Corrimos de regreso a casa, entre charcos y risas. Justo antes de entrar a nuestras respectivas puertas, volteamos a vernos una última vez. Sonreímos. Como si todo hubiera valido la pena.
—¡VOLVÍ! —grité al entrar empapada a casa.
Mis papás estaban en la sala, viendo televisión.
—Cariño, estás hecha un desastre. ¿Dónde estabas? —preguntó mi mamá, levantando una ceja.
—Salí a caminar... la lluvia me sorprendió.
—Supongo que te hizo bien. Tienes una sonrisa hermosa, no te veías así desde hace semanas —dijo mi papá, con ternura.
—Debes tener fiebre, tienes las mejillas rojas —añadió mi mamá. Me toqué el rostro... ardía. Aunque esta vez no era por el beso. Literalmente ardía.
—Tranquilos, estoy bien.
—Ve a darte un baño. Te tomaré la temperatura luego.
—¿Y Madi?
—Salió con Summer. Te estuvo buscando, pero le dije que saliste temprano —dijo papá.
Subí a mi habitación, me duché y me puse ropa limpia. Unas horas después, mi madre me tomó la temperatura. Alta. Muy alta.
La tormenta seguía, y Madi se quedaría en casa de Summer. No podía llamar a Alex o Kimi. No sabía a quién acudir... hasta que pensé en él.
Rockstar
Hey
Con razón la tormenta... te dignas a hablarme después de casi un mes.
Lo siento, mi vida está siendo muy estresante
Te entiendo, la mía se siente igual...
Necesitaba un amigo
Recuerdo que antes no dejábamos de hablar ni un día. Y ahora hablamos cada mes. Eso me entristece.
Lo sé. He arruinado nuestro lazo
No lo hiciste. Siempre estaré si me necesitas.
Tenemos que vernos
¿Quieres salir a tomar algo el viernes? Esta semana es de exámenes.
También para mí. Nos vemos el viernes.
Te mando la ubicación después.
Esa noche me dormí con el celular en la mano, con el corazón menos apretado. Hablé con Rockstar como antes. Como cuando nada dolía.
A la mañana siguiente, el sol me despertó de golpe. Me sentía fatal. La fiebre no había bajado. Fui al baño, lavé mi cara, me cepillé los dientes y me volví a meter a la cama. Estaba a punto de dormir de nuevo cuando escuché la puerta abrirse.
—Pasen —grité desde la cama, sin imaginar lo que vendría.
—Buenos días —dijo Lando al entrar... con una bandeja de desayuno en las manos. Me quedé en shock.
—¿Buenos días...? —balbuceé, como si no entendiera qué estaba pasando.
—También me dio temperatura, pero ya se me quitó —dijo dejándola sobre mi mesa de noche. Luego se sentó junto a mí, me tocó la frente y sonrió de lado—. Te ves linda así, tan roja.
Justo cuando mi corazón se aceleraba, una voz familiar retumbó desde la puerta:
—¿Interrumpo algo...?
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𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓. ᴸᴬᴺᴰᴼ ᴺ
Novela JuvenilMichelle nunca imaginó que un simple chat en una app anónima haría que se encariñara de rockstar sin siquiera conocer su rostro. Mientras su corazón latía por el chico detrás de la pantalla, Lando Norris aparecía en su vida, un chico que al principi...
