La fiesta de inicio de clases sería mañana, y todos hablaban de eso como si fuera el evento del año. Sería en casa de Mattia, y aunque él y yo no habíamos vuelto a hablar mucho después de lo que pasó, las cosas entre nosotros habían quedado en buenos términos. Pero del lado de Lando... era otro tema. Él seguía molesto con Mattia, y solo imaginarlo en una fiesta en su casa no era precisamente su plan ideal.
El almuerzo nos encontró en las gradas del campo. Hacía un día hermoso, así que decidimos aprovecharlo al aire libre. Los chicos hablaban entusiasmados, organizando todo para el fin de semana, mientras yo... yo apenas podía concentrarme. Mis ojos se escapaban hacia Lando de vez en cuando. Ya habían pasado más de cuatro horas desde que nos vimos esta mañana, y no habíamos cruzado palabra desde entonces. Todo había estado tan bien al principio... pero las palabras de Charles se repetían una y otra vez en mi cabeza.
Él me mintió.
Había ido a buscar a su exnovia.
¿Por qué?
¿Por qué no me lo dijo?
Lando tenía esa mirada triste, perdida, como si estuviera a la deriva. Tal vez fue inmaduro de su parte no decirme nada... pero también lo fue de la mía el actuar como si no me importara.
Cuando terminaron las clases, solo volvería a casa con Oscar. Logan tenía planes con Mont, una chica muy linda con la que había empezado a hablar, y Alex se reuniría con Charles y sus padres. Eso dejaba a Oscar y a mí... sin un plan definido, como dos piezas sueltas que de repente encajaban sin querer.
Al llegar a casa, la puerta se abrió antes de que pudiera sacar la llave.
Era Cisca.
Con su sonrisa enorme, como si el mundo no se le cayera nunca encima. Nos hizo pasar con esa calidez suya, y Oscar y yo nos miramos, un poco confundidos. Nos dirigimos a la cocina, donde mi madre preparaba la comida. Al vernos, nos saludó sin perder el ritmo con los cuchillos.
—Llegaron temprano. Almorzaremos con los Norris —dijo como si fuera cualquier familia más.
Vi cómo la mandíbula de Oscar se tensaba. Le tomé la mano, instintivamente, y lo guié hacia la sala.
Y entonces los vi.
Lando y Nailea estaban entrando por la puerta. Sus ojos fueron directo a nuestras manos entrelazadas, y yo las solté de inmediato, como si quemaran.
La cara de Lando se llenó de tristeza.
Y sin decir nada... salió de la casa.
A pesar del enojo que aún sentía, mis pasos lo siguieron sin pensarlo. Lo llamé varias veces, pero él seguía caminando, en silencio, como si no pudiera enfrentarme. Cuando por fin llegó a su casa y quiso cerrar la puerta, puse la mano justo a tiempo.
—Tenemos que hablar —mi voz se quebraría en cualquier momento, lo sabía.
—No tengo ganas, iré a dormir.
—No tardaré —insistí—. Solo necesito preguntarte algo.
Me dejó pasar. Fuimos al sillón. El silencio era tenso, pesado. Y entonces, sin que lo esperara, él habló:
—¿Tienes algo con él?
Su voz... era un susurro triste que me atravesó.
—No. Lo que viste no es lo que crees.
—Pasaste el día entero con él. No me hablaste en ningún momento. Solo estuviste con él.
Su tono me estranguló la garganta.
—¿Cuándo ibas a decirme que Nailea es tu exnovia? ¿Y que la razón por la que no supe de ti un día y medio... es porque fuiste hasta Atlanta a buscarla?
Él se quedó mudo. La tristeza dio paso al asombro.
—Michelle, yo...
Nada. No dijo nada.
—Avísame cuando quieras hablar de verdad —me levanté, dispuesta a irme, pero su mano me detuvo y me jaló hacia él, hundiéndome en un abrazo.
—Sus padres se van a divorciar —susurró—. Y mientras resuelven la custodia, mi madre, que es su tutora secundaria, estará a cargo de ella. No podía decirte nada. No era mi lugar.
—Así que decidiste mentirme. Nunca lo habías hecho. ¿Ahora será así?
—No sabía cómo decírtelo. Mi madre me pidió que no hablara sobre lo de sus padres... ¿Qué iba a decirte?
—Que ibas a salir de la ciudad. Que ibas a buscar a alguien que se quedaría en tu casa. Que ese alguien era tu exnovia. No simplemente llegar con ella del brazo después de desaparecer todo el día —me separé de él con el corazón temblando.
—Perdón...
Pero antes de que pudiera decir algo más, Nailea entró.
—Nailea, estamos hablando —la voz de Lando se volvió dura, seca.
—Todo lo que tiene que ver contigo me importa —espetó ella, mirándome con molestia.
—Es algo privado. Sobre nosotros —le respondí sin suavidad.
—¿Ya le dijiste sobre nuestro beso? —fue como si me arrojara un cuchillo al pecho. Me giré hacia él. Su cara, llena de enojo, no estaba dirigida a mí, sino a ella.
—¿La besaste? —pregunté. Y agradecí que mi voz no se quebrara.
Él intentó tomar mis manos.
—Respóndeme.
—Cuando te vi, supe por qué se enamoró de ti —dijo ella, venenosa—. Eres un clon mío. Con menos estilo, claro. Pero él te buscó porque te parecías a mí. ¿O me equivoco, Lando?
Él me miró desesperado.
—No la escuches, eso no es cierto. Me enamoré de ti por quien eres. Eres todo lo que necesito.
—Pero la besaste.
No sé cómo seguía en pie.
—Eso no debió pasar. Ella...
—Me besaste esta mañana diciéndome que me amabas, mientras ocultabas que la habías besado antes —mis labios comenzaron a temblar.
—Iba a decírtelo. No quería herirte...
—Ya lo hiciste —la primera lágrima cayó silenciosa por mi mejilla izquierda—. Espero que haya valido la pena. Porque esto se terminó.
Me giré para irme. Nailea me sonrió desde el sillón como si hubiera ganado.
—Espera. No dejes que esto se arruine por ella. Eso es lo que estaba buscando —suplicó Lando desde el marco de la puerta.
—No se arruinó por ella. Se arruinó en el momento en que la besaste. Sabías que eso me dolería, que podía terminar con todo... y aun así lo hiciste. No me busques. No tengo intención de regresar contigo.
Di un paso.
—Ahora irás corriendo a los brazos de Oscar, ¿no? Él estará feliz de consolarte —su voz se quebró en rabia.
Me detuve.
—Eso ya no es de tu incumbencia. Ya no eres mi novio. Y quien me consuele... es mi asunto.
Seguí caminando. No dijo nada más. Oscar y Logan aparecieron en la puerta. Logan fue el primero en abrazarme sin preguntar nada.
Al entrar, Cisca y mi madre estaban paradas junto a la puerta. Habían escuchado. Lo supe por sus rostros. Cisca murmuró que se verían luego y salió. Mi madre intentó acercarse.
—Cariño...
—Necesito que me dejen sola —dije, sintiendo que apenas podía sostenerme—. Necesito procesar todo lo que pasó.
Subí las escaleras sin mirar atrás.
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𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓. ᴸᴬᴺᴰᴼ ᴺ
Teen FictionMichelle nunca imaginó que un simple chat en una app anónima haría que se encariñara de rockstar sin siquiera conocer su rostro. Mientras su corazón latía por el chico detrás de la pantalla, Lando Norris aparecía en su vida, un chico que al principi...
