MICHELLE
Sentí que alguien jugaba con mi cabello. Apenas abrí los ojos, volví a cerrarlos para seguir soñando, aferrándome al calor que tenía al lado. Pero un trueno me hizo reaccionar. Abracé con fuerza lo que creía era mi almohada... hasta que una voz masculina me sacó de golpe de mi siesta. Me incorporé de golpe y mi frente chocó con la de él.
—Maldición... —murmuré, adolorida.
—¿Cómo amaneciste, princesa?
Reconocí esa voz irritante de inmediato. Giré el rostro hacia él.
—¿Norris?
—El mismo.
—¿Qué haces aquí? —pregunté mientras me incorporaba y me acomodaba sobre las mesas. Al mirar alrededor, mi estómago se encogió— Demonios, pensé que esto solo había sido una pesadilla...
—Oh, yo pensé que se te había borrado la memoria —dijo con burla.
—¿Qué hora es?
—Seis treinta. —Dijo revisando la pantalla de su teléfono y mi cuerpo se tensó. —¿Qué pasa?
—A estas horas abren la escuela. De seguro ya abren la biblioteca en cualquier momento. Tenemos que estar cerca de la puerta.
—Mala idea —murmuró él, y yo arqueé una ceja— No nos pueden ver aquí, Michelle. Eso sería un gran problema.
Lo miré sorprendida. Tenía razón. Quedarse en la escuela por la noche estaba completamente prohibido.
—¿Entonces qué hacemos?
—Lo mejor será que, cuando escuchemos pasos, nos escondamos. Y eso es exactamente justo... ahora.
Unos pasos se escucharon en el pasillo. La voz de la bibliotecaria se acercaba. Lando maldijo por lo bajo.
—Si ella nos descubre, el problema será más grande —susurró, mientras ambos nos escondíamos como podíamos entre las estanterías. La vimos pasar, sin percatarse de nosotros. Se dirigió hacia la salida.
Ambos soltamos el aire al mismo tiempo. Luego, nos movimos con cuidado.
—Bien, ahora hay que tratar de llegar a la salida lo más rápido posible —dijo él. Asentí. Se asomó por la puerta, vigilando ambos lados del pasillo. Luego me hizo una seña con la mano para que saliera.
Avanzamos rápido y en silencio... hasta que una voz nos detuvo en seco.
—Señorita Larea. Señor Norris.
Nos giramos al instante. La bibliotecaria nos miraba, con los brazos cruzados y una expresión que decía claramente: están en problemas.
—Buenos días —murmuramos al unísono, con sonrisas torpes.
—Me sorprende verlos a esta hora de la mañana —dijo, frunciendo el ceño.
—A nosotros también... —susurré. Ella me lanzó una mirada severa y se quedó observándome en silencio, como si intentara descifrar algo.
—¿Y qué hacen aquí tan temprano? La entrada es hasta las 8:30.
Antes de que pudiéramos responder, una voz se sumó a la escena.
—Buenos días, profesora Alicia. —El director apareció detrás de nosotros. Justo lo que faltaba. —¿Se puede saber qué significa esto?
—Nosotros podemos explicarlo, señor Silvester —dijo Lando con seguridad. Yo asentí, nerviosa.
—Aquí no hay nada que explicar —interrumpió la bibliotecaria— Estos dos chicos pasaron la noche aquí sin permiso.
—¿Cómo es posible eso? —preguntó el director.
—Como lo oye. Esta mañana entré como de costumbre a la biblioteca, y ellos dos estaban... —comenzó a decir, pero negué con la cabeza.
—¿Y tiene alguna prueba de eso? —preguntó Lando con un tono que rozaba lo desafiante.
—No hagas eso —le susurré.
La bibliotecaria esbozó una sonrisa maliciosa, y sacó las manos de detrás de la espalda. Sostenía un teléfono.
—¿No es este móvil de alguno de ustedes? —preguntó. Agaché la cabeza. —Ve, señor director, yo diría que esta es una prueba suficiente.
—No puedo creer que una de las mejores estudiantes de esta institución haya hecho algo así —dijo el director, decepcionado.
Sentí un nudo en la garganta. Ni siquiera habíamos hecho nada malo.
—Vayan a la dirección. Es una pena tener que llamar a sus padres a esta hora.
Lando me miró.
—¿Estás bien?
—No —dije sin rodeos, y caminé directo a la dirección, dejándolo atrás.
Al llegar, me senté en una de las sillas del pasillo. El puesto de la secretaria estaba vacío. Ella nos vio entrar ayer, tal vez podía ayudarnos. Crucé los dedos. Unos segundos después, Lando llegó y se sentó frente a mí.
—No te sientas mal —dije, intentando no sonar tan fría. Me miró y sonrió con suavidad.
—¿Y por qué crees que yo me siento mal? Michelle, lo que pasó no fue solo culpa mía —se encogió de hombros.
La puerta de la dirección se abrió. El director nos hizo pasar. Nos sentamos frente a él. Su expresión era dura.
—Como saben, esta institución es una de las mejores de Miami. Nunca habíamos tenido un incidente como este, hasta ahora.
—Señor director, disculpe que lo interrumpa, pero no hicimos nada malo. Ni siquiera nos han dejado explicar lo que realmente ocurrió. —Exclamé.
—Tiene razón, señorita Michelle. Y quiero escucharlos... pero frente a sus padres. Sé que con ellos presentes no me mentirán.
En ese momento, alguien tocó la puerta.
Sentí cómo mis manos comenzaban a sudar. Estoy muerta.
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𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓. ᴸᴬᴺᴰᴼ ᴺ
Fiksi RemajaMichelle nunca imaginó que un simple chat en una app anónima haría que se encariñara de rockstar sin siquiera conocer su rostro. Mientras su corazón latía por el chico detrás de la pantalla, Lando Norris aparecía en su vida, un chico que al principi...
