Capítulo 33 - Visitas inesperadas

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No podía creer lo que estaba viendo en ese mismo instante. Frente a mí se encontraban la mamá de Lando, él y su hermana Sophie. Estaba totalmente perpleja. ¿Qué hacían ellos aquí?

—Oh, ¿Michelle? —preguntó la señora Norris.

—S-sí —tartamudeé, y pude notar que en sus manos tenía un gran plato envuelto en papel aluminio.

—¿Tú vives aquí? Somos tus nuevos vecinos —dijo ella.

Volví a quedarme perpleja. Dios, tenía que asimilar todo esto. Primero: en mi puerta estaban Lando, su mamá y su hermana. Segundo: ella me acababa de decir que eran mis vecinos. Creo que Lando sí me persigue.

Respiré profundo para responderle a su madre y le ofrecí una sonrisa.

—¿Se mudaron?

—No, querida, tú te mudaste al frente de nosotros —dijo, señalando la misma casa a la que fui a hacer el trabajo con Lando.

Mi mirada se posaba en cada uno de ellos; Lando tenía esa sonrisa egocéntrica que tanto odiaba.

—Oh, eso es grandioso y una gran coincidencia —dije con una sonrisa, y ella asintió.

Escuché pasos; era mi madre.

—Hola, ¿son nuestros vecinos? —preguntó.

La señora Norris asintió.

—Sí, vivimos al frente. Soy Cisca Norris.

Mi mamá le extendió la mano y se sonrieron.

—Creo que ya la conozco.

—Sí, yo soy la madre del chico con el que su hija se quedó encerrada en la biblioteca.

—Señora Lerea —dijo él y también le sonrió.

—Pero, cariño, ¿por qué no le dijiste que pasaran?

—Lo siento, estaba asombrada por enterarme que eran nuestros vecinos.

—Tranquila, no pasa nada —dijo la madre de Lando.

—Pasen adelante —me hice a un lado permitiéndoles entrar, aún en shock.

Mi mamá los condujo al comedor y almorzaron con nosotros. ¡Excelente!

Lo que Cisca traía en ese gran plato era una tarta de chocolate, según ella su especialidad, y es verdad, estaba deliciosa. Nos contó que llevar un postre a los nuevos vecinos era una tradición que ella tenía; era muy buena persona.

Estábamos sentados en la mesa del comedor, probando la tarta. Yo estaba junto a Madi y mi tía Hannah; enfrente de nosotras estaban Lando y su familia, y justamente él estaba sentado frente a mí. ¡Genial! No había hablado con él y tampoco pretendía hacerlo.

Noté que mi papá lo miraba a él y luego a mí; seguro iba a comenzar una charla conmigo cuando todos se fueran.

Terminé de comer y planeaba levantarme, pero Madi me jaló del brazo. Enarqué una ceja y apareció una sonrisa pícara en su rostro. Mis padres y mi tía se levantaron y caminaron hacia la cocina, dejándonos a Madi y a mí con los Norris.

—Y cuéntame, Sophie, ¿te caen bien las novias de tu hermano? —preguntó Madi, haciendo que yo comenzara a toser por su pregunta. Me levanté para ir a la cocina a tomar un vaso y, al voltearme para regresar a la mesa, Lando me estaba viendo.

—¡Ahg! ¡Déjame en paz! —exclamé y dejé caer mis brazos a los costados—. ¡Eres como un acosador!

—Mich, explícame por qué no quieres hablar conmigo.

—Porque no tengo ganas.

—No, quiero una explicación mejor que esa.

—No, ya te dije que no quiero hablar contigo, así que por favor, no insistas.

—Pero, ¿ya no seremos amigos o qué?

—Eso sería difícil, tenemos los mismos amigos.

—Entonces, ¿nuestra amistad seguirá?

—Chicos, disculpen la interrupción, pero Lando, tu mamá dijo que se van —mi tía apareció interrumpiendo nuestra conversación y agradecí mentalmente por eso.

—Bien, eh, gracias —le respondió él.

Se acercó a mí y me dio un abrazo que, aunque duró segundos, se sintió como horas.

—Ten una buena noche —dijo.

No respondí; por el contrario, caminé hacia las escaleras y las subí para ir a mi habitación. Mi madre me había dicho que era la tercera puerta, así que caminé por el largo pasillo y la encontré.

Cuando abrí la puerta, me quedé viendo la maravilla de habitación; era más grande que la de la antigua casa. Las paredes eran todas de color beige, tenía un ventanal con un mueble. Me acerqué más y me asomé por la ventana, que daba a la calle principal.

Vi que había dos puertas; abrí una y encontré el baño, y la otra era mi armario.

—Wow —dije para mí misma.

Mi cama estaba armada y se encontraba en el centro de la habitación. También había un tocador y unas mesitas. Había varias cajas y maletas donde estaban mis cosas.

Me puse a arreglar todo mientras escuchaba música.

Más tarde, cuando terminé, me di una ducha y me acosté en mi cama. Estaba muy cansada, así que mis párpados no tardaron en cerrarse, cuando de repente llegó un mensaje.

Rockstar

—Hola, ¿cómo estás? Necesito un consejo.

—Hola, claro, dime.

—Tengo una amiga, pero ella no me quiere hablar y no sé por qué. ¿Qué puedo hacer?

—¿Tienes a alguien que a ella no le caiga bien?

—Eso creo.

—Quizá no se sienta muy cómoda por dicha persona, sus razones tendrá.

Con eso último cerré los ojos y caí en un sueño profundo.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺDonde viven las historias. Descúbrelo ahora