Michelle
El sábado por la mañana me sentía destruida.
Había dormido apenas una hora. El leve dolor de cabeza era mezcla de la falta de sueño y las pocas copas que había tomado. La noche anterior había sido un caos emocional, una montaña rusa que no sabía cómo terminaría. No quería levantarme de la cama, no quería hablar con nadie. Solo quería... pausa.
Mi teléfono comenzó a sonar. Lo busqué entre las sábanas con la poca energía que tenía. El nombre de Mattia apareció en la pantalla. Por un segundo dudé en contestarle. Temía que cualquier cosa pudiera alterarme, pero recordé que Madi y Sumer se habían quedado a dormir en su casa. Necesitaba asegurarme de que todo estuviera bien.
—Qué bueno que estás despierta —dijo antes de que pudiera siquiera decir "hola".
—¿Todo bien? —pregunté, arrastrando las palabras.
—Pasaremos por ti en media hora. Las chicas me pidieron que les llevaras ropa y trajes de baño, ¿puedes?
—¿Pasar por mí para qué? No entiendo nada.
—Vamos al club. Cerré el lugar solo para nosotros. Es mi fiesta de despedida... me voy esta noche, y quería despedirme con ustedes —respondió, emocionado.
No tenía ganas de nada, pero Mattia siempre había sido bueno conmigo. Se merecía ese último recuerdo, y yo necesitaba salir de mi cabeza aunque fuera por unas horas.
—Voy a arreglarme entonces —contesté con un hilo de voz, y él celebró como si le hubiera dado la mejor noticia del día.
Al colgar, escuché voces por el pasillo. Eran los chicos. Pensar en enfrentar a Oscar me ponía nerviosa. Era un buen chico. Me caía bien. Y más allá de todo lo que había pasado, no quería perder su amistad. Todo dependería de cómo se diera la conversación.
Me metí a la ducha. El agua tibia me ayudó a sacudirme un poco la pesadez de la noche anterior. Escogí ropa cómoda, metí los trajes de baño y ropa de las chicas en una bolsa de tela, y esperé.
Justo media hora después, sonó el timbre.
Abrí la puerta y me encontré con Oscar. Su cara lucía tensa, triste. Me miró como si quisiera decir algo, pero yo hablé primero.
—No estoy molesta. Y te voy a dejar explicarme todo. A pesar de lo que pasó, eres un buen amigo para mí, y quiero darte una oportunidad por eso.
Sus ojos se iluminaron. Me regaló una pequeña sonrisa y asintió. Salimos juntos y al llegar al coche, vi a todos con una sonrisa en la cara. Pero Lando no estaba allí. Tal vez llegaría más tarde con Mattia.
El camino al club fue como un pequeño escape: música a todo volumen, risas, gritos, juegos tontos. Me permití disfrutar. Por una vez en días, me dejé ir. Ya había arruinado dos fiestas por los dramas del corazón; no podía permitirme una tercera.
Una hora después, Lando seguía sin aparecer. No pregunté por él. No quería volver a ese lugar emocional. Me refugié en mis amigas, en las canciones, en el sol. Hasta que sentí una mano tomar mi brazo con suavidad. Por un segundo pensé que era él. Pero al voltear, vi a Oscar, sonriéndome.
—¿Podemos hablar? —asentí.
Caminamos juntos hacia una banca del otro lado de la piscina. El sol se reflejaba en el agua, creando destellos brillantes que nos envolvían como si estuviéramos en otro lugar.
—Gracias por dejarme hablar —comenzó—. Pensé que jamás querrías volver a verme.
—Lando tenía razón. Lo que hiciste no estuvo bien, pero sé que no lo hiciste por maldad. Te conozco... no mucho, pero lo suficiente —dije con honestidad.
Me contó todo. Detalles que no conocía. Y entonces todo tuvo más sentido. Confirmé lo que Lando había dicho. Oscar solo era un chico intentando conocer a una chica que le gustaba. No podía culparlo por eso.
—Creo que Lando también merece la oportunidad que me diste a mí —añadió después, con una expresión sincera—. Al principio quise golpearlo. Pero ahora lo veo... él está enamorado de ti. Desde el primer día en el colegio lo noté. Y le creo cuando dice que las cosas no fueron como Nailea las contó. No creo que sea tan tonto como para perder lo mejor que ha tenido por un simple beso con su ex.
Una sonrisa se dibujó en mi rostro sin que pudiera evitarlo.
Oscar se puso de pie, dio unos pasos, y antes de alejarse, giró hacia mí.
—Voy a invitar a salir a Amelie. Tú no dejes ir a tu amor.
Saqué mi teléfono de inmediato. Le escribí a Lando preguntándole si vendría. Pero los mensajes no le llegaban. Un pequeño nudo se formó en mi pecho. Sentía que necesitaba hablar con él. Ya no era por una explicación. Era porque sabía que lo amaba, y no quería perderlo por confiar en su ex y no en él.
El resto de la tarde fue increíble. Me divertí tanto con los chicos que, por un rato, olvidé todo. Pero al volver a casa, la preocupación volvió. En el trayecto, miraba por la ventana como si pudiera encontrar respuestas en el camino. Al entrar al fraccionamiento, mis ojos buscaron la casa de Lando. Estaba todo apagado. Sin señales de vida. Y eso no me gustó nada.
En casa, nos duchamos y bajamos a cenar con mis padres. Se sentía bien, como si la normalidad estuviera tocando la puerta. Mi papá nos hacía reír con sus historias hasta que el timbre sonó.
Mi mamá se levantó a abrir. Era Cisca. Su presencia me hizo alzar la mirada de inmediato, buscando detrás de ella. Nada. Venía sola.
Se unió a la mesa y saludó a todos.
—¿Dónde está Lando? —preguntó mi padre, justo lo que yo quería saber.
—Estaba saliendo de la ducha cuando me vine para acá —respondió ella mientras mi mamá le servía helado con fruta—. Su papá llega mañana por la mañana, Sophie aterriza hasta pasada la medianoche, así que él tuvo que encargarse de todo.
—Justo para tu cumpleaños, cariño. Al fin vas a conocer al papá de Lando en persona —dijo mi mamá con una sonrisa, tomando su mano sobre la mesa.
—Sí, iba a llegar hasta el martes, pero le comenté de la fiesta y decidió venir mañana. Así dejarán de ser solo amigos en línea, porque Adam al fin se muda con nosotros a Miami —añadió con emoción.
Me alegró. Sabía lo mucho que Lando lo había extrañado. Y que al fin todo estuviera tomando forma para ellos me hizo sonreír por dentro, a pesar de mis pensamientos inquietos.
Después del postre, los chicos y yo subimos a nuestras habitaciones. Me tiré en la cama, pero no quería estar ahí. Me sentía inquieta, como si algo me faltara.
Fui a buscar a los chicos, pero al acercarme a su cuarto, escuché risas y gritos. Estaban jugando videojuegos. Bajé las escaleras. Mis padres y Cisca organizaban cosas para la fiesta de papá. Todo era normal. Todo era paz.
Excepto yo.
Me acerqué y les avisé que saldría a caminar un rato. Necesitaba despejar la mente. Respirar. Sentirme... libre, aunque fuera solo por unos minutos.
Porque aunque todo parecía en calma, dentro de mí, algo seguía temblando.
ESTÁS LEYENDO
𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓. ᴸᴬᴺᴰᴼ ᴺ
Teen FictionMichelle nunca imaginó que un simple chat en una app anónima haría que se encariñara de rockstar sin siquiera conocer su rostro. Mientras su corazón latía por el chico detrás de la pantalla, Lando Norris aparecía en su vida, un chico que al principi...
