Capítulo 57 - Las verdades también duelen

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Michelle
No podía dejar de mirarlo.

Había esperado meses para conocer a Rockstar. Idealicé cada palabra, cada línea escrita por él. Y resulta que siempre estuvo frente a mí. Que todos esos días, todas esas conversaciones, todas esas emociones que me hicieron sentir tantas cosas... eran con Lando.

Mi mente intentaba procesarlo todo, pero no sabía cómo sentirme. No sabía si debía llorar, reír, gritar o simplemente dejar que todo pasara como una película que ya no podía controlar. Sentí cómo el mundo comenzaba a dar vueltas, cómo mis piernas flaqueaban, y después... todo se volvió distante.

—Ven aquí —murmuró Lando al sostenerme con firmeza, levantándome en brazos hasta sentarme en una silla cercana—. ¿Estás bien? ¿Quieres agua?

—Estoy bien... solo... algo aturdida —respondí, sintiendo la voz tan frágil que apenas y salió de mí. Todo esto estaba lejos de parecer el momento que imaginé.

—¿Desde cuándo lo sabes? —pregunté. Tenía que saberlo. Tenía que entender cuánto tiempo llevaba con esto encima.

—Ayer —respondió, agachando ligeramente la cabeza—. Escuché a los chicos hablar cuando iba camino a la oficina del director. Quise decírtelo cuando regresábamos de la escuela, pero no sabía cómo ibas a reaccionar... y no quería arruinar tu día. Sé cuánto odias que te oculten cosas.

La sinceridad en su voz me atravesó.

—Entonces siempre fuiste tú —murmuré, levantando la cara para verlo. Sus ojos, esos ojos verdes que tantas veces me sostuvieron en medio del caos, ahora me parecían más humanos, más reales... y aún más dolorosos.

—Cuando llegué a casa después de enterarme, me sentía igual que tú. Aturdido, confundido, pero luego todo hizo clic. Todo tenía sentido. Desde el primer mensaje... desde esa conexión inexplicable sin vernos cara a cara... éramos nosotros. Siempre fuimos nosotros —su voz era suave, honesta, como si no estuviera tratando de convencerme de nada, solo de contarme la verdad.

Sentí una pequeña risa escaparse de mis labios, como si de repente todo fuera una escena cursi de una película.

—Supongo que a eso se refiere la teoría del hilo rojo.

—Eso significaría que nuestra historia no ha terminado —dijo tomando mi mano, y ese simple contacto hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo. Lo había extrañado tanto. Pero al mismo tiempo, no podía olvidar. No podía fingir que nada pasó.

—Lo siento. No puedo —susurré, retirando mi mano y poniéndome de pie. Mis piernas temblaban, pero mi decisión no—. El que Oscar me haya mentido, y que tú hayas querido protegerme... no borra el hecho de que besaste a tu ex mientras estabas conmigo.

Lando se levantó rápido, tomándome del brazo con suavidad, impidiendo que me marchara.

—Déjame explicarte eso. No fue como crees...

—Otro día —lo interrumpí sin siquiera mirarlo—. Te prometo que te escucharé. Pero ya fue suficiente por hoy.

—Está bien... Te llevo —dijo, con una expresión que me rompió un poco por dentro.

—Preferiría que no. Tengo muchas cosas en mi cabeza y tú eres una de ellas. Pero gracias. Te veo después —le sonreí con la poca fuerza que me quedaba—. Por cierto, el cumpleaños de mi papá es el lunes. Le haría muy feliz verte allí. Puedes venir conmigo si quieres.

Asintió. Le devolví una sonrisa antes de salir del balcón. La música me golpeó de nuevo al cruzar la puerta. Todo el mundo bailaba, reía, se abrazaba como si nada más importara. Y yo... yo solo quería desaparecer.

Mientras avanzaba hacia la salida, choqué de frente con Mattia.

—¿Estás bien? —preguntó preocupado, tomándome de los hombros. No supe qué responder—. ¿Quieres que te lleve a casa?

—Pediré un Uber. No quiero arruinarte otra fiesta.

—Michelle, sabes que no te dejaría irte sola, y menos a esta hora. Vamos, te llevo. Y cuando estés en casa, regreso. Veinte minutos no arruinarán la fiesta —dijo con esa tranquilidad que siempre lo acompañaba.

Acepté en silencio.

Diez minutos después ya estaba en casa. Le pedí que cuidara de mi prima y de Sumer, y que condujera con cuidado. Mis padres dormían. El silencio me abrazó de una forma incómoda. Todo estaba en paz... excepto yo.

Cerré la puerta de mi habitación y me senté en el suelo, tratando de ordenar mis pensamientos.

¿Qué iba a hacer con Oscar?
¿Qué significaba todo esto con Lando?
¿Cómo se supone que debía seguir?

Lando tenía razón en algo: Oscar no lo hizo con maldad, aunque la forma no fue la mejor. Pero... ¿y si hubiera sido yo quien actuó mal al dejar que Oscar se acercara tanto sin detenerlo? ¿Y si todo esto fue mi culpa por no haber puesto en orden lo que sentía desde el principio?

Oscar me había roto al mentirme. Lando me había roto al besar a otra. Y yo... yo me había roto a mí misma al dejar que todo esto creciera sin control.

Quería hablar con ambos. Necesitaba hacerlo. Y no podía esperar más. El cumpleaños de mi padre era en pocos días y, por primera vez en años, había accedido a celebrar. No quería arrastrar este caos conmigo ese día.

Estaba decidida.

Mañana hablaría con ellos. Sin evasivas. Sin excusas.

Pero, por dentro, algo me decía que una parte de mí no estaba lista para ninguna de esas conversaciones... porque tenía miedo.

Miedo de que esta historia, que alguna vez sentí como destino, ya no tuviera final feliz.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora