Capítulo 48 - Mascarillas y verdades a medias

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El desayuno fue de esos momentos que guardarías como una foto en la cabeza. Logan y yo moríamos de risa contando anécdotas de la infancia, reviviendo cosas que incluso ya habíamos olvidado. Me sorprendía lo bien que conectábamos, considerando que hasta hace poco apenas y hablábamos. No había rastro de Lando por ningún lado, y aunque traté de ignorarlo, era extraño. Muy, muy inusual.

Después de mucho tiempo, usé mi auto para ir a la escuela. Alex iba de copiloto, mientras Oscar y Logan iban atrás. El camino estuvo lleno de risas, de canciones gritadas sin pena, y de esas pequeñas miradas cómplices que uno solo lanza cuando se siente en paz. Con Oscar ya no se sentía incómodo. Después de nuestro "nuevo comienzo", las cosas habían vuelto a su ritmo, aunque yo seguía teniendo una conversación pendiente con Lando. Una que debía, tarde o temprano, tener.

Aparqué frente a la escuela. Los cuatro caminamos hacia adentro y, como siempre, nos encontramos con nuestros amigos cerca de mi casillero, entre charlas, risas y el bullicio típico del pasillo. Automáticamente busqué con la mirada a Lando, esperando encontrar sus ojos, su sonrisa, algo. Pero no estaba ahí.

—Chicos, estamos buscando un lugar de vacaciones, ¿alguna idea? —La voz de Kimi me sacó de mis pensamientos.

—¿Dónde está Norris? —Amelie dijo en voz alta lo que todos estábamos pensando.

—En realidad no lo sé, no lo veo desde ayer por la tarde —mi voz se apagó un poco cuando mis ojos se encontraron con los de Charles. Su expresión era... rara. Demasiado tensa para ser normal. Él era su amigo. Algo debía saber.

La campana interrumpió cualquier intento de seguir la conversación, y cada uno se fue a su clase. Me tocaban un par con Charles y pensé en aprovechar para preguntarle directamente sobre Lando, pero se sentó lo más lejos de mí posible. Lo sentí como un acto de evasión, de culpa, y no me gustó cómo se sentía.

Las clases pasaron lentas. Cada vez que intentaba cruzar miradas con Charles, él la desviaba. Al final del día, todos fuimos a la cafetería del centro, la de siempre. Yo todavía trataba de descifrar qué estaba ocurriendo, pero entonces, entre todo ese revoltijo de pensamientos, lo vi.

Lando estaba entrando a la cafetería. Sonreía.

Y por un segundo... solo uno, sentí alivio. Un nudo se deshizo dentro de mí.

Hasta que la vi a ella.

Cabello oscuro, una sonrisa demasiado confiada, su brazo entrelazado con el de él como si fuera lo más natural del mundo. Mi corazón se encogió, mis manos sudaron, y toda mi expresión cambió sin poder evitarlo.

—Hola, chicos. Ella es Nailea, una amiga de la infancia —dijo Lando con voz tranquila.

Una amiga. Claro.

—Y su primer amor —agregó ella, con una risita que me perforó el estómago.

Lando no dijo nada. No desmintió. No aclaró. No hizo absolutamente nada. Solo se quedó ahí, como si no hubiera notado que me acababa de romper un poquito. Se sentaron al otro lado de la mesa. Oscar lo notó. Por supuesto que lo notó. Y en cuestión de segundos, sin decir nada, todo entre nosotros se entendió con una sola mirada.

—Tenemos que irnos —dijo Oscar, su voz sonó más seca de lo normal.

—La señora Larea nos quiere en casa antes de las 5 —Logan habló, siguiéndole la corriente sin dudar.

Yo me levanté. Sentí las miradas de todos encima, pero no podía seguir ahí. Me despedí con una sonrisa que no me creí ni yo, asegurando que nos veríamos mañana. Lando ni siquiera se levantó. Ni una palabra. Ni una mirada.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora