Capítulo 42 - Karts y telefonos perdidos

918 48 6
                                        

Llamé a los chicos para que vinieran a mi casa lo más rápido posible. No podía resolver esto sola. Ni quería. Necesitaba su ayuda, su presencia... su validación. Pasaron apenas unos minutos antes de verlos aparecer en el marco de mi puerta, como si supieran que los necesitaba incluso antes de decirlo.

—Qué bueno que están aquí —dije, soltando un suspiro que había estado conteniendo desde hacía horas.

—¿Qué es tan urgente que no pudiste decirnos por llamada? —preguntó Alex, alzando una ceja con sospecha.

—Rockstar quiere que nos veamos.

Kimi se dejó caer en mi cama como si le hubiera dicho que necesitaba ayuda para cambiar un foco.

—¿Y? Ve y ya.

—¡No es así de sencillo! —exclamé, empezando a caminar de un lado a otro—. ¿Recuerdan que acabo de hacerme novia de Lando?

Kimi se levantó de la cama, me tomó de los hombros con ambas manos y me miró con firmeza.

—A ver, tranquilízate. Solo irás a conocer a un amigo que hiciste por internet, no irás a casarte con él. No es para tanto.

Me quedé en silencio.

—Además —agregó—, vamos a ir contigo. No podemos dejar que conozcas a un chico anónimo sola. No sabemos si es un secuestrador.

Y tenía razón. No iba a ir sola. Solo iba a ver a un amigo. ¿Qué podía salir mal?

Nos quedamos toda la tarde en casa. Terminamos juntos la tarea de investigación y luego vimos películas, como en los viejos tiempos. Lando había salido de la ciudad con su mamá y su hermana, así que lo vería hasta mañana en la escuela. Le contaría entonces que iba a ver a mi amigo anónimo... si me atrevía.

Al día siguiente, íbamos en el auto de mi papá rumbo a la escuela. Kimi y Alex habían pasado la noche en casa, así que los tres compartíamos el mismo asiento trasero, medio dormidos y con la música baja.

Pero al llegar, notamos algo raro: todos los chicos estaban afuera, en las bancas frente a la entrada principal.

—¿Qué hacen aquí afuera? —preguntó Alex al acercarse al grupo.

—La escuela está siendo fumigada de nuevo, así que suspendieron las clases hoy —respondió Charles, abrazándola con una sonrisa.

—¿Vamos a otro lugar? —sugirió Amelie, animada.

—¿Qué tal si vamos al nuevo lugar de karts en la subplaza? —propuso Lando justo antes de besarme suavemente y abrazarme por la cintura.

—Yo voy. Escuché que ese lugar está genial —dijo Alex, mirando a Charles con ojos de cachorro—. ¿Vamos?

—Claro, vamos —aceptó él sin pensarlo, mientras la rodeaba con los brazos.

Nos repartimos entre los autos de Kimi, Charles y George para ir al lugar. Era mejor de lo que imaginábamos: dos pisos, luces de neón, música por todas partes, pantallas gigantes, y una vista preciosa a la playa desde el restaurante del segundo piso. Abajo, la pista de karting nos llamaba como una promesa de adrenalina.

Las chicas comimos algo ligero y luego decidimos dejar a los chicos solos un rato. Teníamos una misión: buscar vestidos. La hermana de Amelie se casaba en dos meses y todas seríamos damas. Era el pretexto perfecto para escapar y hablar de todo sin filtros.


POV Lando

Las chicas se habían ido. Y los demás chicos comenzaron a llegar: Raylan, Noah, el resto de la banda. Hacía mucho que no nos reuníamos así, solo nosotros. Sin parejas. Sin drama. Solo karting, bromas y planes para el inicio de temporada.

Llevábamos un buen rato hablando cuando sonó mi teléfono. O eso pensé. Kimi me lanzó una mirada burlona.

—¿Ya te quieren en casa?

Rodé los ojos mientras revisaba mi mochila. Era un mensaje de Michelle.

—Solo me avisó que llegó bien. No soy el único simp aquí, ¿verdad Leclerc?

Hice una voz chillona imitando a Charles:

—"Eres la niña de mis ojos, mi Alex".

—Jódete, Norris —respondió Charles, y todos estallamos en carcajadas.

Después de comer, bajamos a la pista y empezamos una competencia amistosa. Aunque lo de "amistosa" se volvió dudoso cuando comenzamos a apostar tiempos de vuelta. Nadie quería perder. Terminó siendo una guerra de revanchas, gritos, celebraciones y alguna que otra trampa disfrazada de estrategia. Como en los viejos tiempos.

—Yo ya me voy, tengo que pasar por unas cosas —dijo George, revisando la hora en su reloj—. ¿Nos vemos el fin de semana?

—¿O ya les pateé el trasero lo suficiente? ¿El otro fin, entonces? —bromeó Kimi.

—Está bien para mí —respondió Charles, y todos empezamos a levantarnos.

George me dejó en casa. Subí a mi cuarto, me puse algo más cómodo y me preparé para ir a casa de Michelle. Busqué mi teléfono para escribirle... pero no estaba. Ni en mi mochila, ni en los bolsillos del pantalón. Revisé dos veces. Nada.

Bajé corriendo y tomé el teléfono de casa para llamar a George.

—¿Puedes revisar si no lo dejé en tu auto?

Esperé mientras lo buscaba.

—No, aquí no está —me dijo.

Sin pensarlo, le pedí que me llevara de vuelta al lugar. Tal vez se había caído. Tal vez aún estaba en la mesa.

Pero cuando entramos, el restaurante ya estaba limpio. Nuestra mesa vacía. El mesero que nos había atendido negó con la cabeza cuando le preguntamos. Dijo que no había ningún teléfono cuando recogió las cosas.

Me rendí. Volvimos a casa. Le conté a mi madre lo del teléfono y me prometió que mañana me compraría otro.

Suspiré y me puse los tenis. Aún tenía una cita pendiente.

Con Michelle.

Y no iba a dejar que un maldito teléfono la arruinara.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺDonde viven las historias. Descúbrelo ahora