Capítulo 40 - Mi ahora novio

927 48 27
                                        

El camino hacia casa de Amelie se sintió eterno. Lando no me habló en todo el trayecto, ni siquiera me dirigió una mirada cuando llegamos. Solo el silencio, ese que pesa más que cualquier grito. No entendía qué le pasaba, pero tampoco iba a suplicarle por atención. Ya no.

Apenas nos bajamos del coche, lo primero que nos recibió fue el estruendo de la música. La casa estaba abarrotada de gente, luces tornasol parpadeaban por todas partes y, por un momento, sentí que habíamos entrado a una especie de trance psicodélico. Todo era ruido, color, movimiento.

Kimi me tomó del brazo en cuanto cruzamos la puerta, arrastrándome hasta la pista de baile improvisada. Sin darme cuenta, ya estábamos en medio de la multitud, bailando como si el mundo fuera a acabarse esa noche. Y quizá, de alguna forma, sí se estaba acabando una versión de mí.

Pasaron algunos minutos, o quizá horas, ya no lo sé, y comencé a notar ausencias. Lando. Alex. ¿Dónde estaban? Se me hizo extraño, pero decidí no sobrepensarlo. No iba a dudar de mi mejor amiga... o al menos eso me repetí para no caer en el pozo de pensamientos que evitaba.

Entonces, el zumbido del celular me sacó de mi ensoñación.

Ven al balcón del final del pasillo.

Era un mensaje de Lando. Fruncí el ceño. No me había hablado en toda la noche, y ahora quería que lo buscara... ¿de verdad creía que iba a hacerlo?

Obviamente lo hice.

Subí las escaleras y caminé por el pasillo principal, con el corazón dándome brincos sin sentido. Al llegar al final, abrí las puertas del balcón. Estaba vacío.

Genial. ¿A qué estaba jugando?

—Quería hacerlo como se debe —su voz me llegó por la espalda, suave y temblorosa, y al girarme lo vi ahí, parado con un ramo de tulipanes entre las manos. Mis favoritos.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro, de esas que no se planean, que solo salen porque sí, porque el momento lo exige.

—¿De qué hablas ahora, Lando Norris? —intenté sonar despreocupada, pero por dentro... por dentro me temblaban hasta los huesos.

—Te conocí el primer día en el colegio y me sorprendió lo hermosa que eras —comenzó, pasándose la mano por la nuca como si buscara algo de valor para continuar—. Luego te observé más, y entendí que eras hermosa en todos los sentidos. Intenté acercarme... pero no salió como quería.

—Sí, te comportaste como un idiota y me caíste mal desde ese momento —sonreí, con esa nostalgia que aparece cuando uno recuerda algo que en su momento dolió.

—Déjame terminar —dijo, interrumpiéndome con una mirada que me paralizó por segundos—. Después de esa primera conversación, descubrí que molestarte era lo que más me gustaba hacer. Luego nos quedamos encerrados en la biblioteca... y cada vez llamabas más mi atención. Me di cuenta de lo idiota que había sido y supe que no querrías estar con alguien así. Así que... empecé a salir con otras chicas, intentando superarte. Pero claramente no funcionó.

Hizo una pausa, y por un instante su voz pareció romperse.

—Verte con Franco, tan cerca de él... me hervía la sangre. Fue ahí donde supe que estaba perdido. Hemos pasado por mucho, pero siempre terminamos volviendo. Por eso... quiero que seas mi novia.

Mi corazón explotó. No hay otra forma de describirlo. Fue como si todo dentro de mí hubiera estado esperando este momento y, de pronto, todo tuviera sentido.

—Tendría que pensarlo... ¿puedo mandarte mi respuesta por correo? —respondí con una sonrisa traviesa.

—Solo si esa respuesta será un sí —dijo él, dando un paso hacia mí.

—¿Qué más podría responder? —susurré, y antes de que pudiera pensarlo demasiado, sus labios encontraron los míos.

Fue un beso cálido, familiar. De esos que ya conocía, pero que esta vez sí eran nuestros. Como si el universo, por fin, nos hubiese dado permiso de sentir.

—¡Al fiiiin! —el grito de Alex me hizo saltar como si me hubieran sorprendido haciendo algo indebido.

La miré incrédula mientras daba pequeños saltitos.

—Norris se estaba tardando, menos mal que recurrió a mí.

—Con razón no los vi abajo —murmuré entre risas, y Lando solo negó con la cabeza.

—¡Tengo que decirle a todos! —gritó entusiasmada, lista para correr como mensajera oficial del drama.

—No —la detuve en seco. Vi cómo Lando me miraba confundido y Alex frenaba bruscamente.

—Quiero que lo descubran solos —dije al fin, y Lando se relajó a mi lado mientras Alex soltaba un suspiro.

—Me habías asustado —dijo ella, llevándose la mano al pecho.

—Pues somos dos —bromeó Lando, tomando mi mano.

Y así bajamos juntos de nuevo a la fiesta. Nos integramos al grupo como si nada hubiera cambiado, aunque para nosotros todo lo había hecho. Nadie pareció notarlo, ni siquiera cuando bailábamos muy pegados o cuando él me robaba besos cada vez que podía. Supongo que estaban demasiado ebrios para darse cuenta... o quizás el amor sabe esconderse cuando todavía quiere protegerse.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺDonde viven las historias. Descúbrelo ahora