Capítulo 59 - Como si el tiempo nunca hubiera pasado

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Salir de casa no resolvía nada, pero quedarse ahí tampoco ayudaba. Caminé sin rumbo fijo por la calle, fingiendo que tenía algún destino en mente, aunque en realidad, solo quería espacio para pensar. El sol comenzaba a esconderse y el cielo se teñía de tonos cálidos, como si incluso el atardecer supiera que esta historia necesitaba algo de belleza para terminar de contarse.

Tomé el camino hacia el árbol del final de la calle. Era una mezcla entre parque y campo abierto, con espacio suficiente para que los vecinos pasearan a sus perros, corrieran o hicieran picnics. Ese árbol... ese árbol era más que un árbol. Era el lugar donde Lando y yo habíamos decidido intentarlo, donde todo comenzó a cambiar.

Apenas llegué, me puse los audífonos, queriendo perderme un poco en la música. No había mucha gente, y eso me tranquilizó. Solo una pareja de ancianos conversando en una banca y algunos niños jugando con sus perritos. Me acerqué al árbol con pasos suaves, y ahí estaba él.

Tendido sobre el césped, con los ojos fijos en el cielo, parecía tan ajeno a todo, tan en paz. No se dio cuenta de mi presencia hasta que hablé.

—¿Puedo sentarme? —pregunté, bajando el volumen de mi música. Lando se incorporó, sorprendido, y una chispa se encendió en su mirada. Palmeó el suelo a su lado, invitándome.

—Creí que irías con los chicos hace rato —dijo mientras me sentaba.

—Estuve haciendo un montón de cosas. Mi padre se muda con nosotros mañana y tenía que hacerme cargo de todo —respondió. Hubo un silencio enorme después de eso... pero no incómodo. Más bien cómodo, necesario. Observamos cómo el sol se escondía lentamente y las luces del fraccionamiento comenzaban a encenderse una por una, como si nos dieran permiso para empezar de nuevo.

—Las cosas no pasaron como crees —rompió el silencio de pronto, sin mirarme.

—Lo sé —contesté en voz baja—. Y lamento tanto que mi decepción te haya alejado. Es solo que... la idea de que hubieras besado a otra chica me destrozó.

—Lo entiendo. Quizá yo también habría reaccionado igual. Pero déjame contarte todo, así sabrás realmente lo que pasó.

Negué despacio, con los ojos puestos en algún punto indefinido del cielo.

—No hace falta. Ese día debí decirte que confiaba en ti, y lo siento por hacerte sentir lo contrario.

—Yo también lo siento. Por no habértelo contado.

Entonces pasó su brazo por encima de mis hombros, y sentí cómo mi cuerpo se acomodaba naturalmente en él. Recargué mi cabeza en su hombro y por un momento, todo volvió a su lugar. Extrañaba esa calma que él sabía darme, como si su existencia tuviera la capacidad de silenciar todo lo demás.

¿Cómo había permitido que termináramos sin siquiera pedirle una explicación?

Nos quedamos en silencio. Viendo el mundo moverse a su ritmo, sin necesidad de decir nada más.

—¿Hablabas en serio cuando dijiste que ya habías decidido seguir adelante sin mí? —volvió a preguntar, con la voz apenas audible.

Levanté mi cabeza para mirarlo a los ojos.

—Eso habría sido muy difícil... siendo sincera.

Una risa baja escapó de sus labios, esa que tanto había extrañado.

—Me alegra tanto escuchar eso —dijo. Otro silencio. Luego, con torpeza hermosa, preguntó—: ¿Quisieras volver a intentar las cosas conmigo? ¿Qué piensas?

Lo miré, con el corazón latiéndome tan fuerte como la primera vez.

—Que tenías razón, Lando Norris. Nuestra historia no había terminado.

Y entonces me besó. Un beso cálido, suave, lleno de memorias y de nuevos comienzos. Uno que me llevó directo a meses atrás, a ese primer intento bajo este mismo árbol.

—Este definitivamente es nuestro lugar —murmuró cuando nos separamos. Sonreí, sin poder evitarlo.

Nos quedamos ahí un rato más, como si el tiempo no existiera, como si nunca hubiéramos sido dos personas rotas intentando encajar. Cuando el cielo se oscureció del todo, nos levantamos. Él me ayudó a ponerme de pie y tomó mi mano con fuerza, sin intención de soltarla.

Al llegar a casa, insistió en pasar. Y ahí estaban: mis padres y su madre sentados en la sala, viendo la televisión. Sus miradas se dirigieron directamente a nuestras manos entrelazadas.

—Tu padre me debe cincuenta billetes —bromeó mi papá, rompiendo el silencio. Lando soltó una carcajada, y yo no pude evitar reír también.

—Estoy tan feliz de tenerte de vuelta —agregó.

Nos sentamos con ellos, como si todo hubiera vuelto a la normalidad. Habían pedido pizza para cenar y llamaron a los chicos para que se nos unieran. Cuando Oscar bajó la mirada hacia nuestras manos entrelazadas, sonrió. Pero no de forma irónica. Fue una sonrisa cómplice. Como si me dijera que todo estaba bien.

—Otra vez la familia completa —dijo Logan mientras se dejaba caer entre nosotros dos y pasaba sus brazos por nuestros hombros, uniendo nuestro abrazo.

Y así fue. Una noche tranquila, llena de risas, sin secretos ni incomodidades. Sin drama.

Justo como debió ser siempre.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora