El viaje de regreso a casa fue una locura. Los chicos no paraban de hablar, todos sorprendidos porque Oscar resultó ser Rockstar. Yo, en cambio, estaba en otra parte. No podía dejar de pensar en todo lo que había pasado.
Apenas llegamos a mi casa, todos se despidieron entre risas y se fueron. Yo me quedé afuera unos minutos más. Sentía la cabeza hecha un nudo. Cuando finalmente entré, saludé a mis padres de forma automática, subí a mi habitación, me cambié y me dejé caer en la cama. Había algo que no estaba bien. Ese chico... el que me había gustado mucho antes de Lando... había logrado desordenarme por completo. Me sentía culpable. ¿Y si ya no me gustaba Lando como antes?
El sonido de una notificación rompió el silencio.
Un número sin registrar.
Oscar.
No me sorprendió que me escribiera. Y tampoco me sorprendió lo fácil que fue responderle. Con él había hablado más de lo que debería, más de lo que era correcto. Pero apenas le contesté, la pantalla cambió. Una llamada entrante.
Lando.
Mi pecho se tensó. Respiré hondo y deslicé para responder.
—Hola —su voz sonaba cálida... aunque algo cansada. Y por alguna razón, eso hizo que me sintiera aún peor.
—Hola... ¿cómo estás? —intenté sonar normal, pero ni yo me creí el tono.
—Cansado... solo quería saber cómo te fue hoy. —Esa no era la pregunta que quería escuchar. ¿Cómo se suponía que le dijera que estuve con un chico que casi beso hace unos días?
—Fue... interesante —respondí, tragando saliva.
—¿Todo bien? Tu voz suena rara.
—Solo estoy cansada, estaba por dormir.
—Ah... hablamos mañana entonces. Que sueñes lindo. Te quiero mucho.
—Yo también te quiero...
La llamada terminó. Y por un momento me sentí un poco mejor. A veces solo necesitaba escuchar su voz para recordar por qué estaba con él. Pero el sentimiento de culpa seguía ahí. Persistente. Incómodo. Tal vez era hora de decirle la verdad.
Me tapé la cara con una almohada y grité. Un grito de esos que no suenan, pero que se sienten en todo el cuerpo. Necesitaba soltarlo. Dormir parecía una buena opción, aunque sabía que el sueño no iba a ayudarme a escapar de todo esto. Una bomba estaba por estallar. Y lo sabía.
El día siguiente me recibió con el sol dándome directo en la cara. Otra vez. Ya era costumbre. Suspiré, me levanté con calma y revisé el celular. Mensajes de los chicos... y de Oscar. Decidí dejarlo para más tarde.
—¡Buen día! —saludé bajando las escaleras con una energía que no sentía del todo real.
—Buen día, cariño. Despertaste de buen humor, ¿pasa algo? —preguntó mi madre, curiosa.
—Son las últimas semanas de clases antes de vacaciones —respondí, tratando de sonar emocionada.
Durante el desayuno hablamos de cosas normales: la escuela, los amigos, planes de verano. Hasta que una voz familiar rompió la rutina.
—¡Buen día, familia!
—¡Estamos en el comedor, cariño! —gritó mamá.
Lando apareció, sonriendo como siempre. Saludó a mi madre con un beso en la mejilla y luego a mí, con otro en la frente.
—¿Nos vamos?
Asentí. Salimos juntos. Sophie nos esperaba fuera. Ella ya se había convertido en nuestra conductora designada... y nuestra bromista oficial. Pero ese día estaba extrañamente callada. El camino fue silencioso, con Lando abrazándome por los hombros, mirando por la ventana.
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𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓. ᴸᴬᴺᴰᴼ ᴺ
Teen FictionMichelle nunca imaginó que un simple chat en una app anónima haría que se encariñara de rockstar sin siquiera conocer su rostro. Mientras su corazón latía por el chico detrás de la pantalla, Lando Norris aparecía en su vida, un chico que al principi...
