—Mich, ¿ya te decidiste? —preguntó Franco, tomando mi mano sobre la mesa para llamar mi atención. Los chicos habían decidido sentarse con nosotros y juntar las mesas para que entráramos todos.
—Eh... sí, creo —balbuceé, nerviosa, y él llamó a la mesera. Era la misma chica que nos atendió a Lando y a mí la primera vez que vinimos aquí.
—¿Qué desean? —preguntó, sonriéndome y levantando la mano en un saludo—. Hola.
—Hola —le devolví la sonrisa, pero me pareció raro que me reconociera. Tomé un poco de agua, sintiendo cómo se me atoraba en la garganta cuando la chica preguntó refiriéndose a Lando:
—¿Veniste con tu novio?
Me ahogué y empecé a toser. Él me miró preocupado.
—¿Pasa algo? —preguntó con voz suave. Respiré profundo y me aclaré la garganta.
—No, él no es mi novio —respondí con una risita nerviosa, lanzándole una mirada de reojo a Lando. Su cara estaba un poco roja. ¿Estaba molesto? Charli me lanzó una mirada curiosa y después miró a la chica.
—Oh, lo siento, no sabía —dijo la mesera con una gran sonrisa—. Es que se veían muy lindos juntos la última vez que vinieron —nos observó incómoda y luego se aclaró la garganta—. Perdón, ¿qué van a pedir?
Todos comenzaron a decir sus órdenes mientras ella anotaba todo en su libreta y se retiraba. Un rato después volvió con dos bandejas, una en cada mano. La mayoría comía y hablaba animadamente, pero yo sólo podía mirar el ventanal, con cada bocado de la tarta.
—Oye, Mich, quería preguntarte algo —susurró Franco a mi lado.
—Claro, dime.
—¿Qué vas a hacer mañana? Es que quería saber si quieres ir conmigo al cine.
—Me encantaría.
—¿En serio?
—Sí, ¿por qué? ¿Era una broma?
—No, claro que no. Es solo que me sorprende que hayas aceptado la invitación —dijo, sonriendo. Recargué mi cabeza en su hombro y él sonrió también.
—Puedo acostumbrarme a esto —dijo, girando el rostro hacia mí.
—Yo también —respondí sinceramente, y sentí la mirada de Lando sobre nosotros, con el ceño fruncido y la mandíbula tensa. Celoso, claro que sí.
Después de pagar la cuenta entre todos, cada quien se dirigió a su casa. Franco se ofreció a llevarme, pero me negué. Quería caminar sola, necesitaba pensar y ordenar mis pensamientos. El camino de la cafetería a mi casa era un poco largo, pero no me importaba.
Mientras caminaba, pasé por una calle solitaria y aceleré el paso. De repente, sentí que alguien me jaló del brazo y pegué un grito.
—Shh, silencio, pequeña —susurró una voz en mi oído mientras me tapaba la boca con una mano y con la otra sujetaba mis muñecas. Traté de gritar, pero era inútil; apretaba más fuerte y comenzaba a hacerme daño—. Cállate o te irá muy mal —dijo. Sentí lágrimas resbalar por mis mejillas, mientras el miedo crecía y crecía en mi pecho. Dios, por favor, ayúdame, era lo único que pasaba por mi mente.
—Dame el celular y todo el dinero que tengas.
—A... ayuda —mi voz salió ahogada por su mano.
—Silencio, pequeña, no quieres salir lastimada, ¿verdad? —preguntó, y yo negué con la cabeza—. Bien, entonces dame tu celular y el dinero, y te juro que te dejaré en paz —dijo. Las lágrimas seguían rodando por mis mejillas y sentía que me desmayaría—. Te voy a soltar, pero si llegas a gritar te mataré, te lo juro —añadió mientras sentí algo puntiagudo acercarse a mi espalda. Un cuchillo, supuse.
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𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓. ᴸᴬᴺᴰᴼ ᴺ
Teen FictionMichelle nunca imaginó que un simple chat en una app anónima haría que se encariñara de rockstar sin siquiera conocer su rostro. Mientras su corazón latía por el chico detrás de la pantalla, Lando Norris aparecía en su vida, un chico que al principi...
