Capítulo 54 - Y entonces todo hizo sentido

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Los días pasaron tan rápido que me costaba entender cómo ya era jueves. El día antes de la fiesta del año. Salíamos de clases cuando Oscar dijo que se quedaría con Logan para arreglar unos papeles del intercambio y luego pasarían por unas cosas. No pregunté más. Últimamente todo parecía tener una segunda capa. Una que no podía ver.

Mientras caminaba por el pasillo principal, con la mochila colgando de un hombro y la cabeza en otro lugar, choqué de frente con alguien. Un golpe seco, más por el susto que por la fuerza. Y entonces lo vi.

Lando.

Su expresión cambió apenas se dio cuenta de que era yo. Como si la preocupación le hubiera llegado al cuerpo más rápido que el aliento.

—¿Estás bien? ¿No te lastimé? —preguntó al instante, mirando mi brazo como si pudiera arreglar el golpe con los ojos.

—Estoy bien... solo fue el golpe con tu brazo —respondí, frotándome con suavidad. Nos miramos unos segundos, como si ese breve contacto físico nos hubiera recordado que aún sabíamos estar cerca. Sin pensarlo, hablé—. Voy a mi casa. ¿Quieres que te lleve?

Sonrió. Esa maldita sonrisa que me desarma incluso cuando ya me prometí no hacerlo más.

—Eso es muy amable... pero tengo que quedarme a ver al director —dijo, todavía con esa media sonrisa.

Y entonces lo recordé. El día que me mudé, también iba a la dirección. Como si ese lugar marcara nuestros reencuentros.

—¿Todo en orden? —pregunté, ladeando un poco la cabeza—. Es la segunda vez en el mes que vienes a verlo.

—Todo en orden. Solo unos asuntos personales —respondió rápido—. Nos vemos. Maneja con cuidado.

Asentí, y él comenzó a caminar sin volver a mirar atrás.

Lando Norris
Hablar con Michelle de esa forma... sin muros, sin rencor... solo como dos personas que alguna vez se quisieron y que aún guardan algo bonito en silencio... era más de lo que me había atrevido a esperar. Me encantaría que pudiéramos estar bien. Estar juntos. Pero tener algo con ella, así fuera esta paz tímida, ya era mejor que el abismo que solía haber entre nosotros.

Seguí caminando hacia la dirección, aunque en realidad ya no estaba pensando en eso. Escuché las voces de Logan y Oscar un poco más adelante. Y no sé por qué, pero algo me hizo quedarme quieto. Escuchar.

—¿Usaste de nuevo esa excusa para acercarte más a ella? —preguntó Logan, con una mezcla entre reproche y cansancio.

—Fue la razón por la que la conocí —dijo Oscar—. Sé que está mal, y que le estoy mintiendo sobre eso, pero si eso sirve para ganarme su corazón, lo seguiré usando. Ya buscaré la manera de explicarle cómo pasó todo... sé que odia las mentiras.

Mis cejas se fruncieron al instante. ¿Mentiras? ¿Qué estaba diciendo?

—Si de verdad la quieres —respondió Logan, esta vez más serio—, y quieres que funcione contigo, dile la verdad ya. Así sabrás que está contigo por elección y no porque aparentas ser alguien más.

Algo en mi pecho se apretó.

—¿Pero qué le voy a decir?

Y Logan, sin filtro, con la voz que imitaba la suya, dijo:

—Que tal algo como: "Hola Michelle, te mentí sobre una parte de quién soy. Sí, soy Oscar Piastri, pero no soy el chico de la app. Me encontré un teléfono en los karts y vi tus mensajes. Me enamoré de ti por eso, fingí ser Rockstar".

Mi respiración se detuvo. Un nudo me cerró el estómago. Todo. Todo tenía sentido. Él encontró mi teléfono. Leyó los mensajes. Fingió ser yo.

Y Michelle... ¿Michelle era SweetM?

Dios.

Cerré los ojos unos segundos, buscando algo de oxígeno entre tanto vértigo mental. Me mareaba solo de pensar en todas las piezas encajando al mismo tiempo.

—Cierra la boca. Alguien te puede escuchar —susurró Oscar, tenso.

—Las clases terminaron hace media hora, no hay nadie más aquí. Relájate —respondió Logan.

No podía quedarme más tiempo ahí. Ya había escuchado suficiente. Pedí un Uber. Tenía que salir. Respirar. Pensar.

Al llegar a casa, mi mirada se fue directo a la suya. Estaba en el jardín, ayudando a su madre a regar las plantas. Levantó la vista y me vio. Y sonrió.

Y yo, como idiota, le sonreí de vuelta.

—¿Regresaron? —la voz de mi mamá me hizo girar.

—Hicimos las paces. Es una victoria para mí —respondí, con la tristeza filtrándose por los poros.

—Todo se va a acomodar si tiene que ser así —dijo ella, pasando su mano por mi espalda. Me sonrió con ternura y fue a saludar a Martha. Era la primera vez desde la ruptura que se acercaba a ella. Verlas juntas me dio un poco de paz.

Entré en casa y ahí estaba Nailea, en el sofá, con los audífonos puestos. Me miró, lista para hablar, pero pasé de largo. No habíamos cruzado palabra desde aquel día. Y ahora, sinceramente, no me importaba.

Me encerré en mi cuarto. La cabeza me daba vueltas.

Oscar había encontrado mi teléfono. ¿Michelle le habría escrito algo que revelara la app? ¿El día que fue a conocer a su "amigo"? Era él. Siempre fue él.

Kimi y Alex lo sabían. Lo sabían y no me dijeron nada.

Y Michelle... ella era SweetM. Era la chica detrás de los mensajes que me hicieron sentir menos solo durante meses. Me enamoré de ella sin saber que era ella. Y luego, al conocerla, volví a enamorarme. Como si el destino se hubiera asegurado de hacerlo inevitable.

Claro que estábamos destinados. Mi mamá tenía razón.

No iba a dejar que ese idiota le siguiera mintiendo.

Y si le contaba la verdad, también podría explicarle lo de Nailea. Quizá... solo quizá, podríamos volver a intentarlo. Sin secretos.

Bajé las escaleras y crucé la calle. Martha y mi mamá estaban riendo en el sofá del porche, como si los años no hubieran pasado. Cuando me vieron, ambas sonrieron, pero la suya se desdibujó un poco.

—Hola, cariño. Es agradable verte de nuevo aquí —dijo ella.

—Y es un placer verlas juntas otra vez. ¿Está Michelle?

—Salió con Oscar. Abrieron una librería nueva en el centro. Fueron a verla.

Oscar. Claro. Siempre él.

—Ese chico ha sido un muy buen amigo para ella, ¿cierto? —preguntó mi madre.

—Sí... ha sido un gran amigo —dijo su madre creándome un nudo en la garganta.

—Vendré a verla más tarde.

—Claro, le preguntaré cuando vuelva.

—Oh no, Martha. Ya hicieron las paces. No son novios otra vez, pero al menos son amigos. ¿No viste las sonrisas que compartieron mientras regaban las plantas?

—No sabes cuánto me alegra escuchar eso. Te avisaré cuando vuelva —respondió su mamá.

Salí de ahí con el corazón tambaleándose entre esperanza y frustración. Al cruzar la calle, la camioneta de Mattia se estacionó justo frente a mí.

—¿Fuiste a rogar una vez más? —preguntó con esa maldita sonrisa de burla.

—Fui de visita. Eso hacen los amigos.

—Debió arder decir todo eso, ¿no? —soltó una risita—. Voy a recoger algunas cosas para la fiesta. ¿Vienes... o necesitas ir a visitar a tu amiga otra vez?

Rodé los ojos, pero terminé riéndome también. Había sido bueno arreglar las cosas con él. Pero lo verdaderamente importante todavía estaba pendiente.

Michelle tenía que saber la verdad. Y esta vez, no dejaría que nadie se interpusiera entre nosotros.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺDonde viven las historias. Descúbrelo ahora