Michelle
Ahí estaba yo.
Parada en la entrada del salón, bloqueando sin querer el paso, y de frente... él.
El chico nuevo. Lando Norris.
—Creo que deberías fijarte por dónde vas —soltó sin más, con ese tono cortante que me descolocó por completo.
Mi expresión cambió en automático, de neutra a confundida. ¿Perdón?
—Y yo creo que deberías pasar y quitarte de la entrada —le respondí, a su mismo nivel.
Él solo se movió hacia un lado para dejarme pasar. Sin inmutarse.
¿Pero quién se creía ese tipo para llegar el primer día a una nueva escuela y comportarse así? Qué manera de hacer una entrada... Lo observé de reojo mientras caminaba hacia el lugar que Alex y Rebeca me habían guardado. Aún tenía esa mezcla de molestia y sorpresa estampada en la cara, y al parecer, se me notaba más de lo que quería.
—¿Todo bien? —susurró Alex, bajando la voz al ver mi expresión.
—El chico nuevo es un idiota —dije sin filtro.
Ambas miraron en su dirección.
Él, mientras tanto, estaba completamente sumido en lo suyo, con la mirada fija al frente.
—Yo creo que es lindo —soltó Rebeca, sonriendo.
Alex y yo solo la volteamos a ver con cara de ¿estás hablando en serio?
La voz del profesor nos interrumpió el momento.
—Muy buenos días, estudiantes. Para comenzar el año con productividad, voy a organizar los equipos para el trabajo que deben entregar pasado mañana. Denme un momento...
—¿¡Qué!? ¡Es nuestro primer día! —exclamó Cynthia desde la fila de atrás. La más dramática de la escuela, obviamente.
—¡SILENCIO! —exclamó el profesor— Soy el maestro, y yo decido cuándo se deja tarea. Me da igual si les parece bien o no.
Y así, sin más, empezó a leer nombres en voz alta, formando los equipos del trabajo. Mientras tanto, Rebeca se giró discretamente hacia mí, como si el caos de la clase no existiera.
—No me has dicho nada de tú sabes quién —murmuró con una sonrisita cómplice.
—Te cuento todo a la hora del almuerzo —le prometí.
—Bien. Esos son todos los grupos —anunció el profesor después de un rato.
Solo que... nosotras no habíamos sido mencionadas.
—¿Él nos nombró? —preguntó Alex, frunciendo el ceño.
Negué con la cabeza. Ella levantó la mano de inmediato.
—Maestro, aún habemos personas que no están en ningún grupo —dijo, señalándonos.
—A nosotros tampoco —intervino Carlos, apuntando a su grupito, Charles, George, Kimi... y Lando.
Apreté los labios al escuchar eso.
Ya sabía lo que iba a pasar.
Miré an mis amigas, y ellas ya me estaban viendo con una sonrisa enorme.
No. No. No...
—Cierto —asintió el profesor— Bueno, ustedes serán el último grupo. Todos los que faltaban.
Y ahí quedó sellado.
Mismo grupo. Con ellos. Con él.
Lando giró la cabeza ligeramente hacia mí y me sostuvo la mirada por un segundo antes de volver al frente sin decir nada. Ese gesto... no sé si fue desafío, curiosidad o simple arrogancia.
—¿Qué fue eso? —murmuró Alex.
—Repito... es un idiota —contesté, intentando sonar tranquila, aunque por dentro sentía el fastidio quemarme el pecho.
Después de un rato más de instrucciones, el profesor nos dejó salir antes de que sonara la campana. Guardé mis cosas y me fui directo al casillero. Las chicas habían ido al baño, así que estaba sola.
Mientras cerraba la puerta del locker, sentí de pronto una presencia muy cerca.
Demasiado cerca.
Una voz junto a mi oído me hizo brincar de susto.
—¿Te asusté?
Giré de golpe.
Ahí estaba él. Lando. Con esa cara suya tan... irritantemente tranquila.
—¿Se te ofrece algo?
—Tranquila —dijo, como si no notara lo molesta que me ponía su actitud— Solo vine a preguntarte cuándo nos vamos a reunir para hacer el trabajo. Soy un chico ocupado, tienes que decirme cuándo vamos a trabajar para no hacer otros planes... ¿sí me entiendes?
Lo miré, enarcando una ceja.
¿Era real? ¿Ese tono pretencioso era suyo o lo estaba actuando?
—¿Puedes hoy? ¿O necesitas revisar tu agenda primero?
—Hoy está bien. Te veo más tarde —respondió con una sonrisita que no supe si era genuina o de esas que provocan ganas de golpear a alguien.
Y así, sin más, se alejó como si nada.
Me quedé ahí, respirando hondo.
Intentando no dejar que me sacara de mis casillas tan fácilmente.
Pero si eso era una muestra del resto del año...
Definitivamente iba a ser un año muy largo.
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𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓. ᴸᴬᴺᴰᴼ ᴺ
Teen FictionMichelle nunca imaginó que un simple chat en una app anónima haría que se encariñara de rockstar sin siquiera conocer su rostro. Mientras su corazón latía por el chico detrás de la pantalla, Lando Norris aparecía en su vida, un chico que al principi...
