Michelle
Mientras buscaba algo que no fuera demasiado formal para salir, cantaba a todo pulmón canciones antiguas de Justin Bieber. La tarde estaba un poco fresca, así que decidí llevar un suéter ligero. Seguía cantando como si estuviera en un concierto cuando escuché la puerta de mi habitación abrirse.
—¿A dónde vas tan guapa, cariño? —preguntó mi papá, asomándose con curiosidad.
—Voy a salir... con Lando —respondí, intentando sonar natural.
—¿El chico de la biblioteca?
—Sí. Pero solo como amigos. Porque eso es lo que somos. Solo amigos.
—Ok, ok, entiendo.
—¡MICHELLE, LANDO ESTÁ AQUÍ! —gritó mi mamá desde abajo, y noté cómo los ojos de mi papá se abrían con sorpresa.
—Yo voy —dijo rápidamente, bajando las escaleras con prisa.
Me apuré a terminar de arreglarme, bajé lo más rápido que pude y, desde los últimos escalones, me asomé. Ahí estaba: Lando de pie en la sala... y mi papá interrogándolo como si fuera el FBI.
Lando Norris
Faltaban diez minutos para las cinco y ya estaba estacionado frente a la casa de Michelle. Por alguna razón, me sentía algo nervioso. Me miré en el retrovisor, acomodé mi cabello y tomé aire antes de bajar del auto. Caminé hasta la puerta, toqué el timbre y esperé.
Segundos después, la puerta se abrió y la madre de Michelle apareció con una enorme sonrisa.
—Buenas tardes, señora Lerea.
—Buenas tardes, Lando. Pasa —dijo, haciéndose a un lado para dejarme entrar.
—Llamaré a Mich —anunció, y acto seguido gritó—: ¡MICHELLE, LANDO ESTÁ AQUÍ!
Mientras subía el volumen de su voz, yo sonreí sin saber por qué. Aunque esa sonrisa se me borró en cuanto apareció su papá, bajando las escaleras.
—Buenas tardes, señor Lerea.
—Buenas tardes... —dijo con el ceño fruncido.
—Norris. Lando Norris, mucho gusto —añadí, sintiéndome de pronto como si estuviera en una entrevista de trabajo.
—El gusto es mío, muchacho. ¿A dónde van?
—¡Cariño! —lo interrumpió su esposa desde la cocina.
—Solo quiero saber —respondió él, serio.
—Hay una cafetería nueva en la plaza. Pensé que sería buena idea llevar a su hija, sé cuánto le gusta el café.
—¿La de la nueva plaza? Escuché que es buena.
—Eso mismo me dijeron, por eso quería ir.
—Está bien. Solo no la regreses tarde —advirtió.
Y justo en ese momento, Michelle bajó las escaleras. Tenía que admitirlo: se veía increíble.
—Hola —dijo, con una sonrisa que me dejó sin aire por un segundo.
—Hola.
—¿Nos vamos?
—Sí, vamos.
—Nos vemos más tarde, los quiero —dijo, despidiéndose de sus padres con dulzura.
—Hasta luego, señor y señora Lerea.
—Recuerda lo que hablamos, muchacho —añadió su padre, mirándome fijo.
—La traeré temprano. No se preocupe —prometí.
Ya en el auto, le abrí la puerta a Michelle. Ella sonrió, y yo di la vuelta para entrar por el otro lado.
—Espero que mi papá no te haya incomodado con su rol de padre sobreprotector.
—Para nada. En realidad, creo que le caí bien. Tenía razón.
—¿Razón en qué?
—En aquella videollamada. Cuando los chicos dijeron que solo me faltaba ganarme a tu papá, y yo respondí que me amaría.
—Eres un odioso.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro, dime.
—¿Por qué Charles te besó hoy?
—Lando... fue un beso en la mejilla. Tú también lo hiciste hace un rato. Y ayer también —respondió con naturalidad, pero eso no evitó que me sintiera un poco molesto.
—Tienes razón, lo sé. Solo que... él nunca lo había hecho. Y justo hoy que Alex no vino...
—Mira —dijo, girándose hacia mí—. A Charles le gusta Alex. Me preguntó si ella sentía algo por él, pero no era mi lugar responderle. Solo le di ánimos para que lo intentara, y por eso me dio un beso. Fin de la historia.
Michelle
—¿Entonces no te gusta ni nada por el estilo? —me preguntó, y yo negué con la cabeza sin decir nada. Estaba celoso. Sí, claro que sí.
Llegamos a la cafetería y ambos nos quedamos mirando el lugar. Era realmente bonito. Al entrar, el sonido de una pequeña campana anunció nuestra llegada. El ambiente era acogedor, espacioso, con luz cálida y ventanales enormes.
Elegimos una mesa junto a la ventana.
—Es muy lindo, ¿cierto? —dijo Lando. Asentí.
Una chica se acercó con una sonrisa amplia.
—Bienvenidos a The Coffee's. Aquí están los menús —dijo, entregándonos dos cartas. Noté cómo sus ojos se iluminaron al ver a Lando.
—Pide lo que quieras. Yo invito —me dijo.
—Gracias, pero no quiero abusar.
—Por Dios, Mich. Somos amigos. Y si queremos una verdadera amistad, tenemos que abusar de la confianza del otro —bromeó, haciéndome soltar una risita. —¿Ya te decidiste?
—Sí. Quiero una tarta de chocolate y este batido de café —respondí, señalando en el menú. La chica asintió, tomando nota en su pequeña libreta.
—Bien, yo... esto de aquí —dijo Lando, algo confundido.
—Son trufas —le aclaró la mesera.
—Perfecto. Tráenos cuarenta —respondió con una sonrisa traviesa—. Y un frappé de chocolate.
—¿Te vas a comer todo eso? —pregunté, con los ojos como platos.
—Ambos lo haremos.
Mientras esperábamos, revisamos nuestros celulares. La chica no tardó en volver con una bandeja cargada: mi tarta, el batido, el frappé de Lando y las trufas.
—Gracias —dijimos al unísono, y luego comenzamos a comer.
—Hey, Mich... ¿qué pensarías si yo invitara a una chica a salir?
—Pues hazlo.
—Sí. Quiero invitar a Maggie a salir pero ¿Crees que ella acepte?
—Creo que le gustas. Así que sí.
Después de eso, cambiamos de tema. Hablamos de mil cosas más menos de Maggie.
Cuando me dejó en casa, se despidió con un beso en la mejilla y me dijo que la había pasado muy bien. Yo intenté responderle lo mismo sin sonar demasiado mentirosa.
Al entrar, la casa estaba en silencio. Subí las escaleras, toqué la puerta del cuarto de mis padres y al abrir vi que estaban acostados. Mamá tenía su computadora en las piernas; papá leía unos papeles. Les conté que ya había llegado y que me divertí mucho. Ambos asintieron con una sonrisa, y me fui a mi cuarto.
Me cambié por un pantalón cómodo y una camiseta de Kimi, me lavé los dientes, y luego me dejé caer en mi cama. Cómoda. Tranquila.
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𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓. ᴸᴬᴺᴰᴼ ᴺ
Teen FictionMichelle nunca imaginó que un simple chat en una app anónima haría que se encariñara de rockstar sin siquiera conocer su rostro. Mientras su corazón latía por el chico detrás de la pantalla, Lando Norris aparecía en su vida, un chico que al principi...
