Capítulo 26 - Cita grupal

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Mientras me ponía corrector debajo de los ojos, las imágenes de lo que había sucedido ayer con Lando regresaron a mi mente sin que las llamara. Después de llegar a mi casa, subí a mi cuarto y me deprimí por estar tan interesada en él, teniendo a un chico que sí se preocupaba por mí.

No recordaba hasta qué hora me quedé despierta pensando y sobrepensando. Solo sabía que me había quedado dormida hasta esta mañana y que la alarma fue lo único que me despertó. Si no fuera porque hoy tengo dos evaluaciones, habría faltado sin dudarlo.

No tenía ánimos para ir a clases, pero no tenía opción. Me terminé de maquillar y me puse una hoodie de Franco. La había olvidado ayer en casa de Alex y decidí traerla conmigo. Recogí mi cabello en una coleta desordenada y bajé a la cocina.

—Buenos días, cariño —dijo mi madre al verme.

—Buenos días —respondí con una sonrisa, sentándome a desayunar.

Después, mi padre y yo caminamos hacia el auto. El trayecto hacia la escuela fue silencioso, con mi papá lanzándome alguna que otra pregunta sobre mis clases.

Al llegar, caminé rápidamente hasta la entrada de la escuela y me dirigí a mi casillero para buscar mis cosas de la primera evaluación.

—Buenos días, chicos. Como ya saben, hoy será la evaluación de física. Estuve pensando y he decidido que la haremos en equipos de dos. Yo asignaré las parejas —anunció la profesora, causando que algunos se quejaran de inmediato.

—Bien, aquí voy. Norris y Russell van juntos —dijo, y ellos chocaron las manos entre risas.

Respiré hondo, aliviada de no haber sido emparejada con Lando.

—Corceiro y Saint-Mleux, ustedes dos —añadió, y mi mirada fue directamente hacia Alex, que tenía una cara de total incomodidad. Maggie, en cambio, sonreía como si acabara de ganar un premio.

—Antonelli y Leclerc. Lerea, vas con Franco —continuó la maestra.

Volteé buscando a Franco, hasta que noté que estaba justo detrás de mí. Lo saludé y él sonrió al notar que traía su hoodie. No supe por qué, pero ese gesto me hizo sentir un poco más ligera. Al pasar mi vista por el salón, vi a Lando girar la mirada y tensar la mandíbula.

La profesora comenzó a dar instrucciones hasta que todos estuvimos con nuestros compañeros. Franco se sentó a mi lado y revisó los apuntes del tema anterior.

—Bien, chicos. Aquí les pondré los ejercicios que deben realizar con estos objetos. Recuerden hacerlo con sumo cuidado —indicó la profesora.

—Linda hoodie —dijo Franco de repente.

—Sí... creo que me gusta.

—Te queda muy bien.

Parecíamos la típica pareja que empalaga a los demás, pero nuestras risas se detuvieron cuando escuchamos una voz detrás de nosotros.

—Estamos en una evaluación, ¿podrían tener su charla después? —dijo Lando con tono seco.

Franco y yo nos miramos, aguantando la risa. Claramente, no era la reacción que esperaba.

Después de la escuela, me encontraba sentada en el techo de mi casa. El pequeño balcón de mi habitación estaba conectado con el tejado, así que solía escaparme ahí con una taza de chocolate y algún antojo dulce. Hoy tenía un cupcake entre las manos. El cielo estaba gris, aunque aún no llovía.

La música que salía de mi celular bajó repentinamente de volumen. Revisé la pantalla y apareció un mensaje:

FRANCO
¿No tienes ganas como de salir por un café?

YO
¿Sería contigo?

FRANCO
Es la condición.

YO
Tendría que pensarlo.

FRANCO
Paso por ti en una hora.

Este chico había logrado alegrarme el día con solo tres mensajes.

Bajé del techo, me di una ducha rápida y me puse unos jeans con un top blanco. Me llevé su hoodie de nuevo, porque ahora se sentía como una especie de escudo. Al bajar, encontré a mi mamá en la sala con la computadora sobre las piernas.

—Saldré con Franco por un café —le dije.

Ella asintió con una sonrisa.

—¿Estarás aquí para la cena?

—Sí, no creo que tarde mucho.

—Bien. Con cuidado.

Justo en ese momento, llegó un mensaje de Franco: ya estaba afuera. Salí y lo vi bajar de su auto para abrirme la puerta con esa sonrisa tan suya que parecía sacada de una película. Condujo hasta una cafetería, y cuando llegamos, elegimos una mesa junto al ventanal.

Mientras miraba por la calle, algo me hizo tensarme.

—Amm... ¿Franco?

—Dime —respondió sin perder la sonrisa.

—¿Sabías que los chicos vendrían aquí?

—¿Los chicos? —Su expresión cambió a una de confusión. Y ahí supe que no tenía idea de lo que estaba por pasar.

—Sí... todos vienen para acá —dije con una sonrisa fingida, justo cuando veía a nuestro grupo aproximarse a la entrada del local.

Franco me imitó con una sonrisa cortés. Volteé a ver a Alex, quien me saludó con la mano y una sonrisa maliciosa. Qué oportuno todo.

Esta va a ser una tarde interesante.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺDonde viven las historias. Descúbrelo ahora