Capítulo 51 - Dame la oportunidad

384 21 6
                                        

Lando Norris

Se había terminado.

Lo vi con mis propios ojos: Michelle, abrazada por Logan primero, por Oscar después... Ellos la cobijaban como si supieran que yo ya no podía hacerlo. Entraron a su casa, cerraron la puerta, y yo seguí ahí, de pie frente a la mía, aturdido, con las manos colgando a los lados y el pecho apretado, sin saber cómo reaccionar.

—Cariño... ¿qué fue todo eso? —la voz de mi madre rompió el silencio a mi lado. Ni siquiera me había dado cuenta de que había salido.

—Ellos terminaron —la voz que no quería escuchar nunca más me hizo girar. Nailea estaba detrás de nosotros, de brazos cruzados, como si aquello fuera una victoria.

Y en ese momento, sentí cómo la rabia me subía desde los pies. No pensé, no medí. Subí las escaleras de dos en dos, directo al cuarto de Sophie, donde ella se quedaba. Abrí la puerta con fuerza y comencé a empacar sus cosas como un loco, sin cuidado, sin pausa. No me importó si rompía algo. Solo quería que se fuera.

Bajé arrastrando su maleta. La casa temblaba con cada paso.

—¡¿Lando, qué haces?! ¡¡Esas son mis cosas!! —Nailea venía detrás de mí, alarmada, sin entender lo que acababa de desencadenar.

Abrí la puerta, salí al patio y lancé su maleta contra el césped. No me detuve.

—No te quiero en esta casa —mi voz salió rota por la furia—. Solo llegaste a arruinarlo todo. Tu vida está hecha un desastre, y viniste a joder también la mía. ¿Después de que te dejamos quedarte aquí? ¿Así pagas? ¿No tuviste ni la decencia de decirle que tú fuiste la que me besó a la fuerza?

Ella no respondió. Solo me miraba, con esa mezcla de incredulidad y miedo.

—Lando, amor... —mi madre intervino—. Ella no puede irse así. Es mi responsabilidad.

—¿Entonces se queda ella o me voy yo? —la frase me salió antes de pensarla, y el rostro de mi madre se descompuso—. Puedo irme con la abuela. Allá estaré lejos de ella.

—Vamos a hablar dentro. Llamaré al abogado. Veré qué se puede hacer —dijo finalmente mi madre, abatida.

Los vecinos ya se asomaban, alarmados por los gritos. Respiré hondo, tragándome la furia, y volví a entrar.

Pasaron tres días. Tres largos días sin saber nada de Michelle.

Ni una palabra. Ni un mensaje. Nada.

Y lo peor era que todo en casa se volvió aún más insoportable. Mi madre no logró desentenderse de Nailea, y yo tuve que quedarme también. Ni siquiera tenía fuerza para discutirlo. Estos días me los pasé en la ventana, viendo la vida pasar como si ya no me perteneciera. De lejos, veía a Michelle en su jardín, a veces con Logan, a veces con Oscar. Lo veía reír con ella. Y cada vez que eso pasaba, una parte de mí se rompía un poco más.

No podía dejar que esto se quedara así. Tenía que arreglarlo. Tenía que luchar por lo que arruiné.

Si no hacía algo pronto... la perdería para siempre.


Michelle

Tres días.

Tres días desde que todo se vino abajo. Desde que se cayó todo lo que habíamos construido.

Tres días sin Lando, sin respuestas, sin entender si de verdad se terminó o si esto era solo una pausa en una historia que merecía seguir.

Y aún con todo lo que pasó, no podía sacarlo de mi mente.

¿Cómo es que todo terminó tan de golpe? ¿Cómo puede romperse algo tan grande... tan rápido?

Desde aquella noche, he revivido nuestra historia mil veces. La primera vez que me habló por la app, la forma en que se reía conmigo, nuestras llamadas eternas, sus manos acariciándome el rostro. Y luego, el final. Crudo. Frío. Doloroso. Ese no era el Lando del que me enamoré.

O tal vez sí... y yo solo estuve enamorada de la idea de él.

Esa noche, durante la cena, no probé casi nada. Me limité a levantar el plato antes de que alguien me preguntara cómo estaba, subí las escaleras arrastrando los pies y entré en mi cuarto sin prender la luz. La oscuridad se sentía más amable que cualquier conversación.

Me dejé caer sobre la cama con el cuerpo cansado y el alma peor. Cerré los ojos... hasta que un ruido me hizo abrirlos de golpe.

La ventana.

Y entonces apareció.

Lando.

Parado frente a mí, más delgado, más roto. Sus ojeras hablaban de insomnio, de culpa, de dolor. Y aun así... verlo ahí me hizo algo en el pecho. Algo que dolía y al mismo tiempo traía alivio.

Mis brazos se movieron por reflejo, como si el cuerpo supiera antes que yo lo que quería hacer. Pero cuando vi su cara de sorpresa, bajé las manos con vergüenza. ¿Qué estoy haciendo? ¿Estoy loca?

—No deberías estar aquí —le dije, y mi voz sonó más fría de lo que sentía.

Pero él no respondió.

Solo se acercó y me abrazó.

Y me rompí.

Mi cuerpo se relajó, y el suyo también. Era tan fácil quedarse ahí... tan cómodo olvidar el daño por un momento. Me dejé estar unos segundos, hasta que el corazón me recordó que nada de esto estaba bien. Me separé.

—Lo siento tanto —susurró.

No esperaba escucharlo. No así. No con esa voz.

—Las cosas no pasaron como ella las dijo. Solo buscaba que me dejaras. Y lo logró.

—Un "lo siento" y un abrazo no van a arreglar esto, Lando —contesté, sin pensarlo.

—Lo sé. Pero voy a arreglarlo. Te lo prometo.

Su voz se quebró un poco.

—Me costó aceptar que estaba enamorado de ti. Pensé que tú no sentías lo mismo. Pero luché por hacerte sentir segura, ¿recuerdas? Voy a hacerlo de nuevo. Solo dame la oportunidad de ganarme tu confianza otra vez.

Quise decir que sí. Que claro que lo recordaba. Que todavía lo amaba.

Pero no pude.

—Debes irte —susurré. El dolor me cerraba la garganta.

Y entonces apareció ese pensamiento, sutil pero hiriente.

¿Estaba enamorada de él... o de lo que habíamos sido?

Él suspiró, vencido. Se inclinó y dejó un beso en mi frente.

Y se fue.

Me quedé sola, inmóvil, con el corazón latiendo tan fuerte que casi dolía.

Y aún así, en medio del caos, de la confusión y del miedo, lo supe con certeza:

Sí. Estaba enamorada de Lando Norris.

Y desde lo más profundo de mi ser... deseaba que pudiera arreglarlo.

Pero todavía no. No hoy.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺDonde viven las historias. Descúbrelo ahora