Capítulo 25 - Momento de caos

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Domingo. Me encontraba en la cama de Alex por segunda vez. La habitación estaba completamente oscura gracias a que cerré las ventanas y las cortinas; no soportaría ni un poco de claridad. No tenía muchos recuerdos de la noche anterior, ni siquiera sabía cómo había llegado hasta aquí o si mi carro estaba en buenas condiciones.

Decidí bajar para ver si alguien más estaba despierto. Encontré a Charles y Alex en la sala, ambos sonrieron al verme.

—Buenos días, bella durmiente —dijo Charles en tono burlón.

Lo miré mal, y él simplemente sonrió.

—Dejé café en la cocina. Nos ayudó a los dos —añadió.

Caminé hacia la cocina, tomé una taza y me serví un poco. El día estaba gris, probablemente se venía una gran tormenta.

—Anoche bebí demasiado vodka —confesé mientras me dejaba caer en el sillón sin ganas de existir.

—¿Todo en orden ahora con el café en tu sistema? —preguntó Charles.

—Ni siquiera sé si mis pensamientos están en orden. El dolor de cabeza no me deja pensar. Creo que iré a recostarme un poco.

Y eso hice. Dormí un par de horas más. Al abrir los ojos, vi a Franco parado en el marco de la puerta, con una mirada suave y tierna puesta en mí.

—¿Pasa algo? —pregunté, incorporándome.

—No, solo venía a decirte que deberías bajar a comer. Pedimos comida china —dijo con una sonrisa dulce.

Asentí y me levanté para ir al baño y lavarme la cara. Al bajar a la cocina, el olor de la comida me golpeó de lleno, en el buen sentido.

—Muero de hambre —dije, sentándome en una de las sillas.

A las cinco de la tarde, salí del baño tras darme una ducha con agua caliente. La necesitaba. En serio. Tenía una acumulación de estrés que no lograba entender del todo. Me puse una sudadera y un short, y por primera vez en el día revisé el celular. Lo primero fue un mensaje de Lando:

  ¿En dónde estás?

  En casa de Alex.

No tenía ánimos de hablar con él. Empecé a ver fotos y vídeos en Instagram, hasta que otra notificación suya apareció:

  Perdona, ¿estás molesta?

  ¿Qué quieres? Escribe de una vez.

Dejé el celular de mala gana sobre la cama y me cubrí la cara con las manos. Vibró de nuevo.

  Sí, sí estás molesta. Voy para allá, no tardo.

Puse una almohada en mi cara, desesperada. 

Un rato después, escuché el timbre de la casa y los pasos corriendo por las escaleras. La puerta, entreabierta, se abrió un poco más.

—Lando está aquí —avisó Alex, asomándose.

—Dile que pase —dije.

—¿Sabías que venía?

—Sí, me escribió.

—Estaré abajo —dijo con una ceja levantada, saliendo del cuarto.

Unos minutos después, Lando apareció en la puerta. Su cara estaba cansada.

—Te noté un poco molesta en los mensajes. Espero que no estés así en realidad.

—Solo estoy cansada. ¿Qué quieres?

—Bien. Tengo que decirte algo, pero no te vayas a molestar. Solo quiero tu opinión.

Asentí, esperando que hablara.

—Ya te lo había comentado... como sabes, le pediré a Maggie que salga conmigo. El problema es que no sé a dónde llevarla. No sé si ir a un parque, una heladería o el cine. Por eso quiero tu opinión.

En ese momento, el recuerdo de nuestra salida a la cafetería cruzó por mi mente como un relámpago.

—Entonces, ¿me dirás tu opinión? —insistió—. Bueno, como ya sabes, somos mejores amigos, y los mejores amigos cuentan el uno con el otro...

Y ahí estaba. Esa gota que derramó el vaso.

—¡Tú y yo no somos mejores amigos! ¡Kimi y yo sí! —exclamé. Lando me miró confundido.

—Eso es verdad, pero realmente necesito que me des una respuesta.

—No tengo ánimos para esto. Pregúntale a alguien más. Realmente me siento mal por la fiesta de ayer —dije con cansancio.

Unos pasos nos interrumpieron. Ambos volteamos hacia la puerta. Franco apareció con dos tazas y una bandeja con galletas. La expresión de Lando cambió al instante. Se tensó. Por un momento creí que iba a golpearlo.

—¿Qué se supone que haces aquí? —preguntó con voz amarga.

—Traje chocolate para que Mich y yo viéramos algo. Ha estado durmiendo todo el día —respondió Franco con naturalidad.

—¿Has estado aquí todo el día?

—Sí. Desde que volvimos de la fiesta.

—Eso es... maravilloso —dijo con una sonrisa amarga—. Te escribiré, Michelle. Espero que Franco te ayude a sentirte mejor. Trajo chocolate... y galletas —añadió, señalando la bandeja antes de salir de la habitación.

—¿Estás bien? —preguntó Franco, sentándose a mi lado.

—Sí, solo que no soporto su actitud.

—Suele ser un tanto desesperante, pero es un buen chico.

—Tú eres un buen chico.

—¿Estás coqueteando conmigo, Michelle? —dijo riendo—. Me siento sonrojado.

Ambos reímos. Pasamos la tarde viendo una película y tomando chocolate. Mi teléfono sonó justo al final, pero lo ignoré hasta que la película terminó.

—Debo irme. Mis padres ya me quieren en casa —dijo Franco, levantándose.

—Te veo mañana en la escuela entonces —respondí, levantándome también. Se acercó y dejó un beso en mi mejilla.

Esto. Esto era lo que necesitaba en mi vida: estabilidad y paz.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺDonde viven las historias. Descúbrelo ahora