Capítulo 60 - capítulo final, por fin.

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El día del cumpleaños de mi padre por fin había llegado. La casa estaba llena de movimiento: decoradores, bandejas con bocadillos que iban y venían, risas y pasos apurados por los pasillos. Todo era distinto esa mañana, como si el aire también llevara algo de celebración en sus partículas. Y yo... yo me sentía feliz. Completa.

Lando había salido temprano con su familia rumbo al aeropuerto para recoger a su padre, así que no lo vería hasta la fiesta. Pero esa ausencia momentánea no me pesaba, porque en el fondo sabía —como pocas veces en la vida se sabe algo con certeza— que él iba a volver. Y que esta vez, se quedaría.

En mis primeros años de adolescencia solía soñar con una vida como la de los libros de romance: con amores imposibles, peleas dramáticas, reconciliaciones épicas y amistades inquebrantables. "Cuidado con lo que deseas", me dijo una vez mi madre. Y tenía razón. Lo que no dicen esos libros es lo que se siente cuando te rompen de verdad... y lo que se siente cuando te reconstruyen con ternura. No te advierten sobre las decepciones silenciosas ni sobre las risas que se sienten como un refugio. No hablan de eso. Pero la vida sí.

El desayuno con mis papás y los chicos fue uno de esos momentos que quise guardar para siempre. Había risas sin esfuerzo, cariño sincero, charlas largas sobre nada y sobre todo. Nos sentíamos en casa. En un par de horas llegaría el resto de mis amigas, Madi y Sumer, y nos pondríamos a arreglarnos para la fiesta. Los chicos también estaban invitados, así que prometía ser una noche especial.

—¡Hemos llegado! El tonto vuelo se demoró horas —exclamó Madi entrando de golpe a la habitación, con Sumer justo detrás, lanzando su bolso sin piedad.

—Creo que en dos horas podemos hacer algo —dijo la voz de Alex desde la puerta, haciéndonos reír a todas.

Una hora y media después estábamos listas. Yo había elegido un vestido blanco corto, con los hombros descubiertos y tela ligera. Me sentía cómoda. Me sentía linda. Reía con mis amigas cuando vi la figura de Lando aparecer en la puerta. Su sonrisa fue como un ancla. Como si el día solo comenzara de verdad cuando él llegaba.

—¿Les puedo robar a mi novia un momento? —preguntó, provocando sonrisas cómplices entre las demás. Caminé hacia él y entrelacé mi mano con la suya, bajando juntos a la sala.

Ahí nos esperaba un hombre alto y delgado, con una sonrisa idéntica a la que tenía Lando. Nos miró acercarnos y su expresión se volvió aún más luminosa.

—Ahí están —dijo su padre, con una voz cálida, como si hubiera esperado mucho por ese instante.

—Pa, te presento a Michelle —dijo Lando con un tono que me hizo temblar—. Mi novia.

La palabra flotó en el aire, suave y firme. Como si de pronto todo lo demás dejara de importar.

—Es un placer conocerlo al fin. Lando me ha hablado mucho de usted —le dije, intentando mantener la compostura.

—El placer es mío —respondió—, pero dudo que te haya hablado tanto como él me ha hablado de ti. Tenía muchas ganas de conocer a la chica que se robó el corazón de mi único hijo.

Y así, con esa frase sencilla, comenzó la mejor noche de mi vida.

La fiesta tuvo lugar en el patio trasero, iluminado con luces colgantes diminutas que parecían estrellas suspendidas. Había mesas decoradas, copas tintineando, risas suaves y brindis entrañables. Mi padre y el de Lando parecían amigos de toda la vida, riendo juntos entre anécdotas y miradas cómplices. Todo era cálido. Todo era nuestro.

Yo estaba sentada en una mesa, entre las madres de ambos, la hermana de Lando, y algunos de nuestros amigos. Él sostenía mi mano con la suya, y solo ese gesto bastaba para que todo lo demás desapareciera.

Llegó el momento del baile. Una pista improvisada sobre el césped se llenó poco a poco mientras sonaba una balada lenta. Vi a mis padres caminar hacia el centro. Siempre habían sido mi modelo de amor. En medio de las crisis con Lando, me pregunté muchas veces si ellos también habrían pasado por algo parecido. Si también habrían tenido que romperse un poco para aprender a quedarse. Supongo que sí. Supongo que el amor de verdad también se entrena.

La mano de Lando extendida frente a mí me sacó de mis pensamientos.

Me levanté y lo seguí a la pista. Vi a Charles y Alex reír mientras bailaban, a George y Carmen susurrarse algo muy bajito, a Oscar y Logan bromeando entre empujones, a Kimi y Eli bailando como si no hubiera nadie más en el mundo. Y ahí estábamos nosotros.

Lando puso sus manos en mi cintura. Yo rodeé su cuello con los brazos y lo atraje hacia mí.

—¿Quién lo diría? —murmuró—. Estábamos destinados... incluso antes de habernos visto en persona.

—También me caías un poco mal en la app —le dije, sonriendo—. Solo que ahí sí podía disimularlo mejor.

Rió bajito, agachando la cabeza.

—Ha sido un año lleno de caos. Pero estoy tan feliz de que podamos estar aquí esta noche, bailando juntos.

—¿Te imaginas cómo habría sido si no nos hubiéramos reconciliado?

—Prefiero no imaginarlo —susurró, pegado a mis labios—. Prefiero concentrarme en esto.

—Sí... eso suena mucho mejor.

Lo besé. Y en ese beso se escondían todos nuestros capítulos favoritos: la biblioteca, el momento con la abeja, el día que me pidió que fuera su novia... y esa certeza muda de que me enamoré de él mucho antes de saber cómo se veía.

Éramos dos extraños que en realidad se conocían demasiado. Que al principio apenas y se soportaban. Y ahora... ahora éramos casa.

Quizá la teoría del hilo rojo no era tan ridícula después de todo.

Cuando los invitados se marcharon, quedamos solo nosotros: nuestras familias, nuestros amigos. Ahí comenzó la verdadera fiesta. Hubo competencias de tragos, momentos de karaoke inolvidables (o imposibles de olvidar, gracias a nuestros padres cantando Stuck with U de Justin Bieber y Ariana Grande como si estuvieran en The Voice).

Y ahí, entre risas, abrazos, promesas sin decirse y miradas que hablaban más que las palabras, entendí que todo al fin estaba en su lugar.

Oscar y yo habíamos reconstruido nuestra amistad. Tenía a mi familia. A mis amigos. A él.
Lando Norris. El chico que no soportaba al principio de esta historia... y al que ahora no podía imaginar fuera de ella.

Y todo por esa app anónima.
Esa que, sin saberlo, me llevó directo a donde siempre quise estar.

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Estoy un poco sentimental, después de mucho pude darle un final a esta que fue la primera historia que surgió en mi mente, tuve muchos problemas en el pasado como que me bloquearan la cuenta, que me mudé de ciudad, nuevo colegio, bloqueo de escritora y otras cosas así, por lo que después de tres años, estos últimos meses pude retomarla, reescribirla, y terminarla; para las incondicionales que estuvieron desde la primera publicación, antes que todo MUCHAS GRACIAS, en primer lugar, por haber apoyado esta historia incluso sin saber si tendría forma; y en segunda, por seguirla apoyando incluso cuando cambie a los personajes y dejó de ser Jaden Hossler para pasar a ser Lando Norris y demás pilotos de la F1 porque es algo que me gusta mucho actualmente. Voy a escribir otra historia que surgió de un sueño de fangirl obsesionada por si quieren darse una vuelta más adelante, un millón de gracias nuevamente.

Los quiere, Mont<3.

 𝑹𝒐𝒄𝒌𝒔𝒕𝒂𝒓.  ᴸᴬᴺᴰᴼ  ᴺHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora