Leon no había planeado lastimar al menor con aquella acción. Su única intención era detener a sus empleados exaltados y evitar que dañaran lo que le pertenecía, pero no había recordado las notas del contrato que le había sido entregado pocas horas después de comprar al omega. Según había leído, todos los subastados eran marcados al momento de encontrarse en manos de los vendedores y cuando pasaban a ser propiedad del comprador la marca solo podía activarse bajo sus órdenes. Su dura voz había causado que reaccionara causando dolor, una forma cruel de manejar a un omega si se pensaba, y que produjo en él un poco de pánico al verlo quejarse y doblegarse.
Observó a Río, quien se encontraba en el suelo sujetando aún su dolorido cuello después de que el efecto de la voz pasara, en donde quedó grabada la marca de esclavitud igual a un collar tatuado. Al acercarse más pudo notar de manera correcta los detalles del dibujo, como si la cola de un dragón le estuviera rodeando, y eso causó una extraña satisfacción que no alcanzó a llegar a su rostro por estar frente a tanta audiencia.
Cuando comenzó a acercarse al pelirrojo pudo escuchar por lo bajo un "te lo mereces, imbécil" proveniente de uno de los alfas que aún continuaban inclinados, y si recordaba bien, era el alfa con el que su omega discutió cuando estaban combatiendo a las bestias.
Tomó al indefenso chico en brazos, quién dio un pequeño salto al experimentar cierto rechazo por aquella acción, y de manera muy tranquila se dio la vuelta y dirigió su vista al que soltó esa frase tan impertinente, ordenándole que besara el suelo donde había estado arrodillado su futuro consorte. Ese acto le causó una gran humillación a Liam y las risas de sus compañeros resonaron tan pronto como el amo pasó por las puertas de entrada llevándose consigo al joven.
—¿Estás bien? —preguntó suave sin querer volver a asustarlo.
—...
—Lo lamento —Río no se sentía molesto en realidad, tampoco estaba ya tan aterrado, sus emociones se calmaron un poco hace un momento atrás, cuando se fijó que la persona que estaba más en pánico no era él, y el que Nova le estuviese pidiendo disculpas significaba que no lo había dañado con intención, lo que lo tranquilizaba aún más. Sin embargo, se recordó a sí mismo que probablemente debería ser precavido toda su vida en ese lugar.
—Estoy bien —pudo sentir como el cuerpo que le sujetaba comenzó a relajarse y eso le causó gracia ¿Quién pensaría que un hombre como ese, que inspiraba miedo con su sola presencia, en realidad era tan blandito por dentro como un oso de peluche? Muy dentro de sí se sintió complacido al ser el receptor de tan amables emociones por parte de una persona con la que siempre discutía. Y luego se molestó un poco con el grupo de monos que se hacía pasar por soldados, si hubiese sido él quien los puso de rodillas lo más seguro es que le hubiese soltado una patada en la quijada al idiota que se había reído de él y a unos cuantos más por apoyarlo.
—¡Río, ¿estás bien?! —Lía apareció por uno de los pasillos de forma apresurada, casi tropezando con su vestido, hasta acercarse a ellos y comenzar a inspeccionar el cuerpo de su nuevo amigo con la mirada desesperada.
—Estoy bien, Lía —el joven mostró su sonrisa más amable para tranquilizar a la chica, como cuando lo hacía con Luna.
—¿Qué le pasó a tu cuello? —la pregunta afloró curiosa y sorprendida al observar la marca de color negro, y un pequeño silencio incómodo se formó entre ellos mientras retomaban el paso hacia la habitación del chico en lo que el mayor contestaba.
—Activé la marca de esclavo sin querer.
—¿Qué? Por dios ¿Fue doloroso verdad, Río? —el veinteañero iba a contestar que en realidad el dolor había durado poco gracias a la rápida reacción de su hermano que retiró su voz y calmó el efecto antes de que las cosas se pusieran peor, pero antes de que pudiera decir cualquier cosa la joven lo pasó por alto y exclamó— Entonces Leon te llevará a una cita como compensación.
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DRAGONES (Borrador)
FantasíaRío trabajó durante casi toda su vida bajo las órdenes de la mafia creando así una personalidad un poco retorcida. El peor error que pudo cometer un día dejándose llevar por la avaricia fue robarle a su propio jefe, con quien saldó la deuda cuando l...
