Tuvo tiempo con Lía, el suficiente en todo ese mes –y más– como para decir que es una buena amiga, una excelente amiga.
Pasó tiempo con los muchachos entrenando y por qué no, jugando, bastante como para incluso nombrar algunos ahora como buenos amigos y compañeros de batalla, como Theo, Liam –quien al final aceptó la habilidad del chico– o Zack, el beta que era casi tan hábil como él. Simpático muchacho, que le demostró que toda esa basura de las habilidades clasistas y sexistas entre alfas, betas y omegas era pura tontería, o al menos entre alfas y betas. Todos se preguntaban cómo es que él siendo un omega podía ser tan diestro, que si no fuera por el olor que desprendía –aunque no fuera dulce como el resto de su género– perfectamente podría pasar por alfa.
Por increíble que suene también pasó tiempo con el patriarca de la familia Nova, algunas veces se sentaban ambos en la biblioteca mientras con toda la paciencia del mundo le enseñaba a leer los caracteres de esas tierras cuando le mintió al decirle que jamás le habían enseñado a leer, o le ayudaba con algunas palabras coloquiales que no podía reconocer en ese lugar y le contaba una que otra historia increíble de su juventud, esa en donde era mil veces más guapo que su hijo y cien mil veces más hábil por supuesto.
Con la única persona con la que no había pasado su rato después de su última salida era con Leon, al que de manera extraña veía pasar como un fantasma por aquí y por allá y encerrarse en una de sus habitaciones hasta la tarde. Eso no podía ser, después de todo iban a "casarse", y él no pensaba pasar su vida al lado de una persona que no conocía en realidad. Le había dicho a su padre que no tenía muchas ganas de verlo fuera del horario acostumbrado, o incluso en sus momentos de travesura, pero tal vez, solo tal vez, haya mentido un poco, en el fondo sí tenía un poco de curiosidad por saber del contrario. Con esa idea en mente, Río tomó una decisión agresiva: "acosar" al grandísimo señor Nova. Y con acosar quería decir específicamente no separarse de su lado en ningún momento, tal vez ni para ir al baño, pero eso lo pensaría después.
Una traviesa sonrisa se asomó por sus labios, jamás pensó que su verdadera personalidad podía ser tan despreocupada y desordenada, pero eso se debía a que en su vida pasada no tenía permitido serlo, ahora todo era distinto dado que estaba más relajado, y dando pasos ligeros que simulaban ser saltitos irrumpió en la habitación de Leon, sujeto que por cierto estaba terminando de vestirse.
—¿Dónde vas tan arreglado? —el jefe de la casa lo miró interrogante por la extraña confianza que se había atribuido hacia él en tan poco tiempo de un momento a otro pero sin reprocharle nada.
—Al pueblo. Debo hacer rondas.
—Perfecto. Iré contigo —y así como vino se marchó por las escaleras a esperarlo en la entrada, no fuera que el gran señor saliera sin decirle.
No podía decir que el silencio que les envolvía era incómodo mientras viajaban, pero su intención era conocer más del hombre con el que vivía, algo más que su personalidad callada cuando no se encontraban discutiendo, sin embargo no insistió en crearle conversación.
Se movieron a paso lento por las calles de la ciudad luego de que el carruaje los dejara en la entrada de esta y Río se tomó su tiempo para inspirar un poco del aire citadino.
Leon se acercaba con cuidado a los puestos de algunos feriantes a pesar de que estos le rehuían o trataba de hablar con alguien sin éxito porque le esquivaban con pánico o enojo tan pronto él trataba de tocar sus hombros para conversar. Las acciones del mayor le parecían muy intrigantes.
Con el paso de las horas Río fue entendiendo poco a poco que era lo que sucedía, se lo confirmó aquella acción inocente que hizo su acompañante. Caminando por entre el gentío vio rodar en los pies de las personas una linda pelota amarilla y así como en cualquier mundo, esta venía secundada por un niño que no se veía de más de 6 años. El objeto rodó hasta llegar a los pies de Leon -que ahora que se fijaba bien no inspiraba mucha confianza vestido totalmente de negro y su rostro concentrado-, quien recogió la pelota con sus dos manos y se agachó hasta la altura del pequeño que venía corriendo para evitar que su tan preciado juguete no llegase a parar más lejos, pero que comenzó a retroceder asustado al ver quién era su salvador. Río pudo observar como la expresión de su acompañante se entristecía y casi podía jurar ver un par de orejas de cachorro caídas en su cabeza por el desaire. Una sonrisa diminuta se formó en su rostro, porque comprendió algo muy importante en aquella persona con la que compartiría su vida en un futuro no muy lejano, él era muy bueno para este mundo, y demasiado torpe para expresarse.
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DRAGONES (Borrador)
FantasiaRío trabajó durante casi toda su vida bajo las órdenes de la mafia creando así una personalidad un poco retorcida. El peor error que pudo cometer un día dejándose llevar por la avaricia fue robarle a su propio jefe, con quien saldó la deuda cuando l...
