Tal vez era toda la adrenalina que recorría su cuerpo en esos instantes. Tal vez era solo que su cerebro estaba procesando todo más lento de lo normal, pero cada grito a su alrededor, cada corte, cada salpicadura de gotas de sangre, todo sonaba más bajo, como si estuviese quedando sordo.
Pero no era así, y su respiración resonaba fuerte en su cabeza, muy fuerte, como un estridente bajo que retumbaba en los antros, hasta que sintió el empujón a su lado y un corte superficial en su brazo rasgando la carne.
Uno de sus compañeros lo quitó del camino con brusquedad. Ni siquiera sabía en qué momento se había separado de Leon. Su cabeza giraba en todas direcciones, un poco desorientado pero a la vez consciente del lugar en el que se encontraba.
No pudo identificar a la persona que entre toda la bulla gritó su nombre, pero gracias a él pudo espabilar y volver a la carga para quitarse de encima a los persistentes sujetos que iban en su contra.
Pudo reconocer la cara del par de gemelos no muy lejos de él a unos cuantos metros luchando contra un sujeto fornido, su sola apariencia le gritaba a sus sentidos por todos lados que el sujeto era un delta, y uno muy peligroso al parecer. Sus movimientos eran agresivos y parecía que su resistencia fuera infinita, parecía que el par de alfas no eran rivales para él, como si estuviera jugando con un par de niños.
Los hombres de su lado parecían agotarse más rápido, el veneno aún no había abandonado por completo sus sistemas, pero nadie daba su brazo a torcer, Río se enorgullecía de esos muchachos, y a la vez lo embargaba una gran tristeza, porque todo esto estaba sucediendo por su culpa, o al menos algo así.
Dando cortes rápidos por aquí y por allá se abría paso buscando a Leon, Hasta que lo encontró acorralado por Louen y otros dos deltas que se veían muy jóvenes pero que al parecer se movían muy bien.
Alcanzó con velocidad a detener un corte dirigido al flanco del alfa justo cuando este se estaba defendiendo y lo habían tomado desprevenido, golpeando de manera certera el esternón de su oponente con el mango de su lanza exclamó enfadado.
— Tienen que recurrir a técnicas tan sucias porque no pueden solos contra él, ¿no? —las pupilas en sus ojos se habían rasgado debido al fuerte flujo de emociones que no podía controlar y su piel comenzó a brillar con un tenue rosa escarlata.
— ¿Cuándo las peleas han sido justas? —le contestó un muchacho de cabellos claros.
Molesto al saber que tenían razón no se atrevió a contestar en palabras, más su arma había sido la encargada de comenzar la réplica agresiva.
No tenía idea de si habían pasado horas, minutos, o tal vez un día y él no se había dado cuenta que el sol y la luna habían aparecido y desaparecido otra vez, pero el tiempo le parecía eterno. De tanto en tanto podía ver como soldados de ambos bandos iban cayendo y a nadie le preocupaba. No es que le importara si morían sus enemigos, pero no por eso iba a dejar que sus compañeros sufrieran aquel cruel destino, no otro más, no por su culpa.
Su lanza atravesó carne y músculo de uno de los muchachos, no pudiendo sentir pena porque era el joven que quería quitarle la vida a una de sus personas más preciadas.
Sus piernas tiritaban y el sudor corría por su cuerpo empapando todo a su paso. Leon a su lado no se encontraba mejor, el cansancio en su rostro era notable, al igual que los forzosos jadeos que soltaba al tratar de alcanzar más aire para sus pulmones.
En medio de todo el bullicio escuchó gritar con horror a Liam el nombre de su hermano, y luego como soltaba gruñidos furiosos contra quien fuera con el que siguiera combatiendo. El nombre de Theo se repetía y repetía en su cerebro con aquél tono desesperado, temiendo que lo peor hubiese sucedido y el seguía ahí sin poder correr al lado de sus mejores amigos.
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DRAGONES (Borrador)
FantasíaRío trabajó durante casi toda su vida bajo las órdenes de la mafia creando así una personalidad un poco retorcida. El peor error que pudo cometer un día dejándose llevar por la avaricia fue robarle a su propio jefe, con quien saldó la deuda cuando l...
