Lo primero que hicieron Fabián y Río cuando la sensación opresiva en sus cuerpos causada por el portal terminó fue recostarse contra un árbol cercano, cerrar los ojos, y suspirar rogando no devolver lo poco que habían comido aquella mañana antes de viajar. El sudor cayó en forma de una pequeña gota por sus rostros, siendo llevada por la fresca brisa que traía consigo olores que jamás habían sentido.
El primero en recomponerse fue el pelirrojo, quien se levantó tranquilo fingiendo que nada le había afectado y que el mareo no persistía en su interior. Los sonidos de las aves junto al rugido de algunos animales no identificados llegaron hasta sus oídos, logrando que los cuerpos de todos se tensaran en una respuesta rápida ante una posible amenaza.
— No podemos quedarnos mucho tiempo aquí. Estoy seguro que mi presencia llamó la atención de algunos.
Fallon levantó con cuidado a su compañero que aún respiraba con dificultad y lo sujetó contra su cuerpo mientras comenzaba a liderar el camino a través del espeso bosque de hierbas altas.
El calor húmedo típico de un ambiente tropical pegaba la ropa a sus cuerpos, más de alguno consideró seriamente comenzar a desnudarse por el camino para evitar la incomodidad. Para su mala suerte, solo era una idea; la imaginación terrible les hacía pensar en quién sabe qué tipo de cosas venenosas que podrían entrar en contacto con ellos, y si el hada no se quejaba ellos no serían los primeros en hacerlo.
Río pensó seriamente en lo que se había metido, en la gran travesía que realizaría solo por ir detrás de un hombre. Es por eso que esperaba con toda su alma que un par de brazos abiertos se encontraran listos para recibirlo tan pronto regresara, porque de todas formas sabía que todo su esfuerzo valdría la pena solo por ver esa bonita sonrisa dirigida a él, y siguió su rumbo mientras apretaba entre sus dedos la piedra verde que había sacado a escondidas de la casa de Marie.
Las cosas no fueron sencillas, atravesaron el bosque durante días y noches, luchando contra insectos gigantes y animales que el pelirrojo jamás había visto en ninguno de sus dos mundos. El cansancio era notorio en los ojos de todos y la moral de Fabián disminuía cada día al sentirse inútil.
A lo largo del camino el dragón había roto una gruesa rama de árbol, y con una piedra filosa, como en los tiempos antiguos, por las noches se ponía a tallarla dándole la forma de un bastón, para luego sujetar una punta de lanza prehistórica con hierbas largas que se sentían tan duras como cuerdas. Su lanza no se veía tan bien como el arma al que se acostumbró, pero le serviría mucho para salir del apuro.
— Quiero un arco —espetó de pronto Fallon mirando al pelirrojo, quien enarcó una ceja e ignoró totalmente su petición.
— Que bien por ti.
— Tállame un arco.
— ¿Por qué demonios haría algo para ti? Tienes dos manos, haz tu trabajo.
Tal vez fue el cansancio. Tal vez fue que en realidad ellos dos no eran amigos, pero el leve intercambio de palabras, que ni siquiera parecía una discusión, tensó el ambiente de una manera increíble, tanto, que el menor creía que saltarían a atacarse el cuello en cualquier momento.
— ¡Yo lo haré! —gritó de improviso en medio de la noche.
Ambos mayores miraron a Fabián, soltando un suspiro resignado en sincronización y calmando sus ánimos al ver a su compañero a punto de llorar por la situación.
— ¿Sabes cómo hacerlo? —preguntó el dragón siendo contestado por un asentimiento de cabeza y un par de dedos tímidos que apretaban la ropa sucia que portaba.
— Solo necesito madera muy resistente y esas hierbas que recolectaste. No podré hacer algo muy avanzado debido a los materiales, pero servirá mientras tanto.
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DRAGONES (Borrador)
FantasíaRío trabajó durante casi toda su vida bajo las órdenes de la mafia creando así una personalidad un poco retorcida. El peor error que pudo cometer un día dejándose llevar por la avaricia fue robarle a su propio jefe, con quien saldó la deuda cuando l...
