5. ¿A esto le llamas cita?

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Lía se encargó de arreglarlo ese viernes. Aún se preguntaba cómo es que estaba sucediendo eso. Si era sincero, el chico esperaba cualquier cosa, menos que Leon se apareciera el día anterior en su puerta antes de ir a encerrarse a su oficina casi corriendo y le dijera "mañana iremos a una cita". Es decir ¿de verdad? ¿no es muy pronto? Bueno, de todas formas iban a "casarse" y él lo había molestado hace un tiempo atrás desafiándolo al decir que no respetaba las palabras de su padre, además, mientras más rápido se acostumbraran a la presencia del otro mejor sería, o al menos no sería tan incómodo en el futuro.

Lo único que no cuadraba en todo eso –porque claro, una cita repentina con un sujeto que lo había comprado era muy común– era la imagen que observaba frente al gran espejo de cuerpo completo y le enseñaba la extraña ropa que llevaba encima.

—¿Lía? —preguntó dubitativo a la chica que se encontraba detrás de él dándole el último visto bueno a su elección.

—¿Si?

—¿Por qué me veo como si fuera un aventurero que se marchará en busca de monstruos? —y no era para menos. Esos pantalones holgados de color verde olivo con múltiples bolsillos en sus costados, la blusa blanca y muy cómoda junto a aquél bolso café que colgaba a un lado de su cadera, eran el típico conjunto de esos protagonistas de dibujos animados que se envalentonaban y se marchaban de casa en busca de aventuras excitantes sin fin, esos que veía en la televisión de algunas tiendas de su mundo cuando quería perder el tiempo en su infancia.

—Bueno, no es algo que yo pueda explicarte. Lo lamento.

Por supuesto, Río no quedó tranquilo con la respuesta, pero no es como si fuera a obligar a esa delicada niña a que le contara más allá los raros planes que tenía su hermano, de todas formas gracias a esto podría hacerse una idea de qué era lo que sucedería en su salida.

Bajó las escaleras a paso lento, no importándole si el hombre que esperaba por él se molestaba un poco por hacerlo permanecer ahí más tiempo de lo debido para partir. Lía iba a su lado con su siempre agradable sonrisa para despedirse de su nuevo amigo en la puerta y ver si ocurría alguna otra discusión divertida que le alegrara ese día.

Leon aguardaba por él en el jardín de la casa conversando con dos personas más, suponía que eran parte de los muchos sirvientes que le seguían cuando llegaron, pero nunca los había visto dando vueltas por la casa, o eso creía, en realidad nunca se había tomado el tiempo de memorizar los rostros de alguien más que no fueran los de la familia principal.

—Se nos encomendó una misión en la Ciudad de Bestias —el mayor lo miró un instante aprobando en silencio la selección de ropa y luego sin dirigirle alguna frase más cordial caminó hasta el transporte. Río no permitió escapar ante sus ojos que el Nova de todas formas no dejó de ser caballeroso, y sujetando su mano de manera delicada lo ayudó a subir de los primeros al carruaje, bajo la mirada indignada de los otros dos.

—¿Ciudad de Bestias? —su curiosidad juvenil y sedienta de aventuras que siempre tuvo oculta le picó un poco y la pregunta salió de sus labios un tanto emocionada sin querer.

—Es la ciudad donde envían a los desterrados. Principalmente alfas y omegas que han perdido su humanidad y ceden a su parte animal atacando civiles pero que luego vuelven a sus sentidos, aunque claro, también hay personas normales que viven ahí retirados de manera voluntaria ya sea por motivos económicos o para acompañar a algún familiar que no pudo retomar su forma.

—¿Es esta tu idea de una cita?

—¿No es eso llevar a una persona por ahí y ya?

—Supongo que sí. Será interesante —le restó importancia al asunto, aunque estaba seguro que Marie le había hablado alguna vez en su vida de eso, y una voz diminuta y molesta en su cabeza le decía que una cita no tenía nada que ver con algo así. Pero como no tenía experiencia en absolutamente nada de eso, Río eliminó la voz imaginando en su mente que la aplastaba igual que a una mosca molesta.

DRAGONES (Borrador)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora