Ahí va otra vez.
Liam jamás se cansaba, ya era casi desesperante. Había perdido la cuenta de la cantidad de veces en las que era asaltado en el día o en el atardecer, durante todos los días, desde que había demostrado sus habilidades frente a todos los hombres que estaban bajo la tutela de los Nova como soldados de armas.
— Ahora sí te haré morder el polvo.
Río giró sus ojos con aburrimiento, recordando que esa misma frase había abandonado ese par de labios muchas veces antes de acabar con el trasero revolcado en el piso y su rostro lleno de arena oscura.
Trató de pasar por su lado ignorándolo, pero su no amigo le puso difícil la tarea. Tomándolo desde su antebrazo sin hacerle daño, lo arrastró sin miramientos por entre los pasillos hasta llegar a los campos de entrenamiento, ahí donde el resto de muchachos esperaba la llegada de ese par como a diario y en secreto realizaban apuestas por ver cuántas veces acababa Liam otra vez derrotado despotricando luego en un rincón.
El pelirrojo lo pensó unos instantes, tal vez si se dejaba vencer las cosas acabarían más rápido, de ser así, sus días podrían volver a ser pacíficos.
Mala idea. Con tan solo ver los ojos entrecerrados de su contrincante pudo observar que su idea había sido descubierta, eso significaba que no se libraría de esa tortura eterna por ningún medio.
Demonios.
Se situó en el medio de la arena, esperando con paciencia a que el morocho terminara de preparar lo que sea que fuera a utilizar, o tal vez solo estaba repasando el plan infructífero que tenía. Mientras hacía eso, podía escuchar con claridad al resto de soldados tras su espalda pululando.
— Estoy listo.
— Genial, ya te estabas tardando, unos segundos más y me marcharía.
Liam trató de intimidarlo, resaltando su gran tamaño mientras enderezaba su espalda, pero aquello no funcionaba mucho con Río, sobretodo porque su estatura ya no le parecía tan impresionante, sin darse cuenta su porte había aumentado en ese par de semanas. Recordaba como con anterioridad sus ojos llegaban solo hasta el pecho de Liam, pero extrañamente ahora alcanzaba casi su mentón.
— Esta es tu última oportunidad. Si no puedes vencerme esta vez entonces me haré cargo del entrenamiento de todos desde mañana, y no será nada bonito.
Pudo escuchar como ante esa declaración el silencio perduró durante unos segundos, y casi con ansiedad unos instantes después el voto colectivo de todos se tornó hacia el desafiante, exigiéndole que ganara.
Observó casi con burla como su enemigo dudaba dando un paso hacia atrás, pero recobrando la compostura, aparentando seguridad, se lanzó sin aviso a por el joven muchacho.
Río por supuesto, aplicó hábiles movimientos de autodefensa aprendidos hace algunos años, puesto que tenía claro que sería imposible vencerlo con fuerza bruta. Aun así, Liam terminó por morder el polvo una y otra vez en cada intento.
Es por eso que al siguiente día se encontraba ahí, corriendo junto a todos mientras daban vueltas en el campo calentando sus extremidades, mientras escuchaba con fuerza los reclamos de todos en contra de Liam.
— Todo es tu culpa.
— Sí, no sería tan vergonzoso si conocieras tus límites.
— No puedo creer que un omega nos vaya a entrenar.
— Maldición, las antiguas clases ya eran difíciles, ¿Cómo crees que serán estas si ni siquiera tú puedes hacer algo en contra de él?
— ¿Pueden correr en silencio? Están desperdiciando energía en discusiones inútiles —Río escuchó el gran "sí" colectivo después de regañarlos.
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DRAGONES (Borrador)
FantasyRío trabajó durante casi toda su vida bajo las órdenes de la mafia creando así una personalidad un poco retorcida. El peor error que pudo cometer un día dejándose llevar por la avaricia fue robarle a su propio jefe, con quien saldó la deuda cuando l...
