21. El diario de Observación del Dragón (2)

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Ese día tenía preparado algo especial.

Se despertó muy temprano en la mañana, se aseó, y se arregló con ropa cómoda pero que en él seguía viéndose formal debido a su extraña aura imponente; al menos lo suficiente para ir a una cita.

Le había dicho a Río que lo esperaría a las diez abajo en la puerta de entrada y éste fue muy puntual. Se veía muy hermoso, bueno, a sus ojos siempre se veía así, aunque llevara una bolsa por prenda de vestir, pero era algo que aún no estaba listo para decir.

Esta vez no irían a pasear a la ciudad, regar las plantas, o ninguna otra cosa que habían hecho con anterioridad. Leon le había pedido a su personal de cocina que prepararan cosas ligeras que pudiera transportar.

El menor pudo notar como el Nova llevaba en sus piernas la típica canasta de mimbre de color claro. No tenía que pensarlo más, lo llevaría a un día de picnic. Una extraña emoción infantil lo embargó al pensar en las tiernas intenciones del otro.

El carruaje anduvo por mucho tiempo hasta llegar a los inicios del bosque. Era un día soleado, pero al ya estar en otoño aun así calentaba poco. Qué bueno que la ropa que llevaban no era tan ligera. Ambos tenían de esos típicos pantalones de aventureros –como los había denominado Río– de color negro, camisetas de manga larga de color vino para el mayor y una de color mostaza para el pelirrojo, y por extraño que pareciera, zapatos similares a las deportivas de su mundo. Si le preguntaran a él diría que envidiaba un poco al delta. El hombre se veía increíble con cualquier cosa que se pusiera.

Caminaron un buen tiempo adentrándose cada vez más entre los árboles dado que el coche no tenía la posibilidad de pasar, y cuando el chico de ojos de oro le iba a preguntar cuánto faltaba Leon se detuvo frente a un gran lago.

Mariposas revoloteaban en las orillas sobre diminutas flores y la luz solar reflejada en el agua simulaba en su superficie pequeñas gemas brillantes.

El mayor no dejó que el joven hiciera nada. Esta sorpresa era de su parte, su amante solo debía esperar mientras él acomodaba todos los platillos sobre la gran tela que colocó en el suelo. No eran demasiado elaborados en realidad, pero estaba seguro que su acompañante amaba los sándwiches y el café.

Hablaron de todo un poco, de lo felices que estaban o de lo triste que se sentían al extrañar algunas cosas, como por ejemplo, el mundo del que provenía Río; de cómo le habían descubierto el diario a Lía, de cómo se hacían sentir el uno al otro desde hace ya un tiempo.

Perdieron la noción de las horas mientras se miraban o disfrutaban del entorno, a veces charlando o a veces en silencio, admirando todo con tranquilidad, dibujando figuras en las nubes. Los rayos del tímido sol otoñal realzaban el paisaje como si fuera algo mágico, Leon lo miró asombrado, como si el muchacho frente a él fuera algo etéreo que solo él tenía la oportunidad de contemplar por un período limitado de tiempo.

Las gotas de sudor comenzaron a caer por su barbilla al césped pese a que no había calor que pudiera producirlo.

¿Sudor? Leon entró en pánico al notarlo.

Eso era malo, muy malo. No se había dado cuenta, pero ya habían pasado seis meses desde que Río llegó con ellos y lo había pasado por alto en su totalidad. Jamás tuvo la necesidad de contar los meses de su ciclo, puesto que en realidad jamás había reaccionado con las feromonas de ningún omega.

Dando respiraciones profundas se comenzó a alejar de manera lenta de su acompañante, pero tal vez eso era peor. El olor del bosque potenciaba el aroma natural que Río emitía y eso le impedía pensar con claridad, porque le encantaba. Quería desgarrar su ropa, presionarlo contra un árbol y fundirse en él por horas aunque el otro no quisiera. Después podría hacer que se arrodillara, tomarlo sobre la hierba y que con cada movimiento fuerte que iba a dedicarle su esencia lo envolviera más hasta que perdieran la cordura. Luego seguiría el agua, a pesar de ser otoño el frío no era grave, lo empujaría a la laguna, apoyaría su espalda contra el borde, y mientras se hundía en su cuerpo lo besaría durante tanto tiempo que sus labios tendrían el tono de los frutos rojos que colgaban de algunos árboles rodeándolos.

DRAGONES (Borrador)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora