Extra: Dragón Enamorado

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Caliente.

Así es como lo nombraba Leon, y no hablaba específicamente del clima. Aún sentado bajo la sombrilla evitando al sol el calor quemaba su cuerpo.

Río los había arrastrado a todos a una playa como extrañamente llevaba pidiendo desde hace un par de meses, así que ahora ahí estaban, rodeados de kilómetros de arena, la brisa marina golpeando sus rostros con el fuerte olor a sal, alejados del mundo y la vista de los curiosos.

El pelirrojo estaba en la orilla del mar, jugando con su hermana y los soldados que lo acompañaban como perros guardianes a todos lados.

Era una imagen muy tierna, entonces, ¿Por qué verlo ahí, con gotas escurriendo por su cuerpo y esa mediana barriga donde se encontraba su hijo, lograba aumentar tanto su temperatura corporal? Se vio obligado a desviar la vista, cerrar los ojos y soltar un suspiro.

Aún lo recordaba, su familia le había presentado montones de omegas, betas e incluso mujeres alfas desde que entró en la adolescencia, sin embargo, nadie era capaz de llamar su atención. No es que el olor de las feromonas del resto no fuese atractivo, es solo que no despertaban nada en él. Algunos estudiosos habían denominado a su condición como "síndrome de escasa reactividad a las feromonas", entonces, Leon se había resignado a pensar que simplemente sería asexual de por vida, por esa razón, hasta los veintinueve años, se dedicó al trabajo y nada más, de todas formas, no conocía a nadie que se hubiera muerto por falta de sexo.

Exacto.

Él se consideraba muy asexual en esos tiempos, como una roca, entonces, ¿Por qué demonios ahora que tiene treinta y dos años no podía controlar lo que tenía entre las piernas? ¿Qué clase de animal era?

Atrás, impulsos pubertos.

— Deberías calmarte, Leon. Esta ya es la tercera vez en la semana, y van tres días de ella —le dijo relajado el padre mientras bebía de su vaso con tranquilidad, devolviendo el saludo que le daba su hija desde la distancia brillando con el mar.

— Lo sé —gruñó molesto devuelta.

Río se acercó corriendo muy contento, con la velocidad que le permitía su cuerpo, hasta donde se encontraban padre e hijo charlando, mostrando una gran felicidad y emoción no solo en su rostro, a través de sus feromonas también.

— Mira, mira. Siente esto —emocionado tomó la mano izquierda de su esposo y la colocó sobre su abultado vientre de seis meses pero que un omega masculino reflejaba un poco menos—. ¿Qué hago? No se había querido mover mucho hasta ahora, estaba muy asustado, pero ahora se mueve con locura. Es muy extraño. ¿Qué hago?

¿Qué haría él? Se preguntaba Leon.

Diablos, si hasta las nuevas cicatrices que surcaban el cuerpo de Río le parecían sensuales. Sabía que debería estar tan emocionado como su pareja por su pequeño hijo, y claro que lo estaba, mucho, pero en lo único que podía pensar en esos momentos era en el contacto de su mano con la piel desnuda de Río, y sin aguantar la tentación aprovechó el momento para ocupar la diestra y acariciar por todos lados, sintiendo además el movimiento infinito dentro de ese pequeño espacio.

Río, fingiendo ingenuidad, miraba con sus ojos afilados la resistencia inútil que intentaba aplicar su alfa. Por supuesto, no quería ser muy descarado frente a su suegro, por lo que riendo en su mente se volteó hacia el mayor ofreciendo la misma acción.

Mihail se había dado cuenta de todo, no es como si él hubiese nacido anciano, pero siguiendo al descarado muchacho fingió demencia ante la situación y acarició también la zona.

Los dedos de Leon picaron ante la falta de contacto. "Tranquilízate, está embarazado", se decía.

Malvadas hormonas. La adolescencia le llegó tardía. Muy tardía.

DRAGONES (Borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora