Cassandra se terminó quedando por tiempo indefinido, para incomodidad de todos. De manera constante aparecía unos minutos al día para observar el entrenamiento de sus alfas con el pequeño escuadrón de Nova y luego se retiraba a realizar lo que sea que hiciera en la mansión con su adorable rostro risueño y amable.
Desde que esa oración fue dicha delante de ella el horrible sentimiento que removía sus entrañas ya no aparecía, o al menos no tanto. El alfa había sido muy claro y ella lo aceptó de muy buena manera, era una chica demasiado agradable, casi le recordaba a su tierna Marie.
Cada vez que los veía juntos se repetía así mismo las palabras declaradas por Leon, y eso le hacía preguntarse si algo estaba mal con él, con los dos. El alfa era el sucesor de la casa Nova, protectores de la ciudad por orden del gobierno durante generaciones, y lo más seguro es que siguiera así durante los siglos venideros. Entonces ¿qué caso tenía que ellos se casaran? Como hombre no podría darle descendencia a diferencia de esa muchacha y lo más seguro es que le quitaran su cargo debido a eso, ya que tener descendientes era imperante en familias de tal prestigio. Río le dio mil vueltas al asunto, su cerebro trabajaba a una velocidad extrema mientras trataba de llegar a una respuesta, porque no podía pensar en un Leon que contrajera matrimonio con él para luego ir a buscar una omega que le diera un niño, eso no cuadraba con la imagen que se había formado de ese hombre durante el tiempo que llevaba ahí.
Con cada choque de espadas y lanzas que podía escuchar durante el entrenamiento y el jadeo cansado de los hombres que ahí se encontraban su humor iba empeorando y se irritaba cada vez más, hasta que alcanzó una conclusión.
— ¿Es eso? ¿Me está usando para que le quiten su puesto? —estaba tan furioso que no notó cuando en un último movimiento para derrotar a su adversario la punta de su lanza casi atraviesa la garganta de su contrincante si este no se hubiese movido hacia atrás unos milisegundos antes. El pobre beta tenía sus oscuros ojos abiertos en pánico y casi todos los presentes podían jurar que le escucharon tragar saliva de manera forzosa, ya que un diminuto punto rojo hizo su aparición en su manzana de adán comenzando a dejar un imperceptible camino escarlata.
Tan pronto como notó la reacción del público presente por sus incomprensibles acciones se obligó a calmarse para tratar de mantener la compostura mientras veía como siempre, desde ahora último, como sus buenos tres amigos se le acercaban con cautela tratando de no empeorar su ánimo. La verdad es que podía decir que el intento comenzaba a funcionar mientras que Liam pasaba uno de sus brazos en sus hombros y entre ellos comenzaban a contar algunas anécdotas graciosas en lo que el resto de hombres reposaban en el piso exhaustos, acalorados, sudorosos y aún peor, apestosos.
—Y entonces, cuando era pequeño y me estaba bañando en el río un pez mordió a mi amiguito —Liam gesticulaba su cuento con la mano sobrante y una falsa expresión de dolor al rememorar el supuesto pasado.
—Oh, Dios, que asco.
—Si fue profundo debe haber cicatriz. ¡Rápido, Río, ayúdame a quitarle los pantalones! —Zack se lanzó en un santiamén hacia la parte baja de su primer amigo mientras trataba de arrancarle los pantalones semi ajustados de entrenamiento y este luchaba porque su ropa interior no fuera bajada, pero sus amigos eran insistentes y de tanto jaloneo se podían apreciar ya la mitad de sus nalgas.
Estaban haciendo un gran alboroto causando que sus demás compañeros se rieran y algunos apostaban ridiculeces, como que toda la historia era falsa o que no se atrevía a mostrarles la cicatriz en realidad y por eso no liberaba su hombría. Se estaban divirtiendo mucho en su hora de descanso, sin embargo, Theo mostraba una expresión muy seria e incómoda y se debatía entre sacar el tema o no, pero como eran sus amigos y hermano prefería no guardar ningún secreto, sobre todo si pensaba que era algo que afectaba a uno de ellos, con mucha probabilidad, al omega. Había visto como un par de ojos lo seguían de manera extraña desde hace un tiempo. Pasando ambos brazos sobre sus compañeros los arrastró a un rincón donde su conversación no pudiera ser escuchada.
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DRAGONES (Borrador)
FantasíaRío trabajó durante casi toda su vida bajo las órdenes de la mafia creando así una personalidad un poco retorcida. El peor error que pudo cometer un día dejándose llevar por la avaricia fue robarle a su propio jefe, con quien saldó la deuda cuando l...
