— ¿Sabías que te habíamos investigado? —preguntó la muchacha.
Lía mostraba una expresión de vergüenza y se disculpaba con su mirada. No es que desconfiara en realidad de Río, había sido muy bueno con ella todo el tiempo y jamás había hecho algo para dañarla, cosa que habría sido muy fácil con la habilidad que tenía, pero una curiosidad inmensa la carcomía desde que hablaron en aquella bañera y si él no tenía idea de quién era pues solo quedaba investigar por su cuenta.
— Por supuesto. Yo habría hecho lo mismo si fuera ustedes, es solo que aquí no tengo los medios para obtener información de ninguno —el pelirrojo había decidido ser totalmente honesto con estas personas, no les escondería nada, aunque en realidad no había nada que ocultar. Cruzó sus piernas y con una expresión muy amable que inspiraba confianza les dio el permiso para preguntar cualquier cosa.
— ¿Cuál es tu nombre? —el ahora pelirrojo comparó el inicio del interrogatorio con un trozo de su pasado, ese en donde el primer jefe que tuvo en su vida lo entrevistó de una manera ridículamente amable para el tipo de trabajo que hacían, y sentados en una habitación como en las películas de detectives comenzó con la misma pregunta.
— Río —Leon frunció su ceño en un gesto que le hacía ver un poco más adulto de lo que era y luego decidió abrir el informe que su padre tenía sobre la mesa esperando ser leído algún día por él. La información y la imagen que se mostraban ahí no cuadraban con la respuesta dada, pero quería mantener la compostura y esperar por una explicación que le satisficiera por parte del contrario.
— Eso no es lo que dice el informe, y no es lo que dicen las personas que te conocen.
— Eso es porque no estás haciendo la pregunta correcta, Leon —mencionó con voz amable.
Mientras su comprador y su familia trataban de encontrar algún acertijo oculto en esa frase, el cuarto integrante de aquél interrogatorio no podía esperar a hacer sus propias preguntas. Era similar a esos pequeños que saltaban en sus sillas al lado de un adulto esperando que terminaran con su curiosidad.
— ¿Cómo aprendiste a luchar así? —no podría importarle menos la procedencia de su amigo, nada importaba mientras fuera una buena persona, justo como venía demostrando todo este tiempo.
— ¿Cómo crees que alguien gana experiencia en combate, eh? Pues luchando. Claro que nunca lo hice con alguna bestia, debo admitir que me sorprendió mucho cuando las vi —el entrenamiento infernal y todas las golpizas que se llevó en su vida sin recibir ayuda alguna vez pasaron como un rayo por su mente. Fueron muchas, tantas que en algún punto su esquelético ser había dejado de sentir en algunos sectores para protegerse a sí mismo del dolor.
— ¿Cuánto tiempo te tomó para ser así de genial? Tu cuerpo era muy pequeño antes ¿Cómo lo hiciste? ¿Hay algún secreto? Si es así tienes que decírmelo, vamos, no puedes callar algo así.
Los pocos nervios que admitió para sí mismo que sentía se fueron volando ante tantas preguntas despreocupadas de su mejor amigo. Qué maravillosas personas se había topado en ese lugar.
Su rostro se giró hacia la chica cuando espetó una nueva duda.
— ¿Es verdad que no recuerdas nada? —Lía se veía extraña con su rostro ahora serio que antes siempre era risueño. Esa expresión no quedaba bien en ella, alguien debería decirle que sonriendo era mil veces más hermosa.
— No —dejó salir un suspiro mientras bajaba su cabeza y encorvaba los hombros apoyándose sobre la mesa—. Pero tampoco puedo decir que recuerdo algo. Para empezar, no tengo nada que recordar, al menos no aquí —. Poco a poco una pregunta en específico comenzó a rondar por la cabeza de Leon hasta que fue exteriorizada con incredulidad, burlándose de sí mismo al llegar a tal conclusión descabellada. Le había dado muchas vueltas desde que escuchó reiteradas veces a algunas personas murmurar sobre su omega y desde que nunca hizo algún intento por recuperar sus recuerdos, como si estos en realidad no importaran o no tuviera caso recuperarlos.
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DRAGONES (Borrador)
FantasíaRío trabajó durante casi toda su vida bajo las órdenes de la mafia creando así una personalidad un poco retorcida. El peor error que pudo cometer un día dejándose llevar por la avaricia fue robarle a su propio jefe, con quien saldó la deuda cuando l...
